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¿Qué es eso de la posverdad?

Daniel Vidart

22.02.2018

Las palabras son como las hojas de los  árboles  del lenguaje. Y digo asi, en plural, pues hay dos tipos de follajes arbóreos: el caduco y el perenne. Los primeros, obedientes al dictado  de las estaciones, pierden y recuperan sus follajes. Los segundos desafían el invierno  sin deshacerse de su capa botánica, de la que caen algunas hilachas prontamente repuestas.

Con las palabras pasa lo mismo. Unas son hijas de la coyuntura, navegan por un tiempo, largo o corto, en el rio de la historia social y luego se pierden  en el mar del olvido. Sobreviven en la memoria de los viejos y cuando estos desaparecen, mueren con ellos. Por ejemplo, la voz "pelandrún", que florecía en el habla popular a principios y una buena parte del siglo XX, ya no se utiliza. Y atención: no es una voz del lenguaje  que se considera como jerga del delito o lunfardo. Es un genovesismo trasplantado.  Lo mismo sucede con la voz "bacán", que en genovés asi se le decía al adinerado patrón de un barco.

Otras voces, hablando en términos lingüísticos, conservan el designatum pero han cambiado de denotatum. Un ejemplo aclarativo: rivalis eran las gentes que, en  la antigua Roma, vivían enfrentadas en una y otra orilla de un rio, rivus en latín. A partir del siglo XVI  los grupos o sujetos enfrentados por razones sociales, políticas, religiosas, etc.  se denominaron rivales.

Las palabras y la moda.

Moda es lo que pasa de moda, sentenció Coco Chanel. Tal es lo que ha sucedido con las expresiones Países Centrales y Periféricos, Planificación, Tercer Mundo, Rearme moral, Foco Revolucionario, Aldea Global -transformada hoy en Globalización, hasta su  inevitable deceso-, Posmodernidad ( que ante su agonía Lipovetsky ha procurado sustituir por la voz Hipermodernidad ) y una larga cola de espera.

Algunas de estas etiquetas fueron utilizadas sin conocer el origen y significado inicial  del nombre. Eso sucedió con el término Tercer Mundo. Pocos deben recordar que no fue un político sino un geógrafo francés  quien lo puso en circulación. En un número de L´Observateur, periódico parisino  publicado en el año 1952,   Alfred Sauvy  acuñó esta mención clasificatoria. Lo hizo  remitiéndose a los Tres Estados (Nobleza, Clero y  Tiers Etat ) de la Asamblea Nacional reunida al comienzo de la Revolución Francesa.  Los incluidos en el Tiers Etat - no todos los asambleístas sino los refugiados en el sótano de  la organización socioeconómica  estamentaria feudal-  eran los integrantes de la burguesía, los comerciantes, los artesanos, los campesinos o siervos de la gleba , la gente llana y la plebe de las ciudades. Asi como en  el siglo XVIII francés el Tercer Estado, el más numeroso del país, era el  que proporcionaba la riqueza con su trabajo,  pese a ser el más desamparado en cuanto a los derechos, superados largamente por las obligaciones, en el mundo contemporáneo, según Sauvy, se reproducía la misma situación. El Tercer Mundo estaba representado, a su juicio, por los más pobres países de la tierra, por los ejércitos del hambre, por los pueblos sumidos en   la ignorancia, por los campesinos y proletarios explotados inicuamente,  huérfanos de la libertad y  prisioneros de la injusticia.  Debo agregar que, para completar el terceto, Sauvy colocaba en el Primer Mundo a los países capitalistas y en el  Segundo a los Socialistas (no escribo comunistas pues lo que significaba para Marx esta condición, o sea el gobierno del proletariado, aún no se ha dado  ni política ni económicamente.)

Hoy  comienza a hablarse del Cuarto Mundo. Por un lado, el interno, califica a  la miseria humana que medra  en los entresijos de las naciones poderosas,  quienes  tratan de barrer debajo de la alfombra la mención de su existencia.  Por el otro lado,  el externo, o mejor, mundial, se despliega la lista de aquellos países que están por debajo de la línea de flotación humanitaria, sumidos en el albañal de la miseria, estado desesperante  que los diferencia de los llamados, a veces edulcoradamente,"en curso de desarrollo" o "emergentes".

La segunda familia de palabras se orienta hacia los nuevos significados que adquieren las viejas voces manejadas por todos los hablantes de una lengua cuando se transforma el medio cultural, o se metaforizan los términos. Pensemos en la tan llevada y traída voz "izquierda", ayer enarbolada como una bandera de esperanza  y hoy empantanada en tembladerales que han frenado, y aún tergiversado, su misión libertaria y liberadora. Asi sucede actualmente con   regímenes que desmienten con turbias, cuando no mafiosas maniobras,  la  esperanzas populares despertadas por sus promesas iniciales  de transparencia política  y  salud  financiera, autoproclamadas a los cuatro vientos por los mass media a su servicio.

¿Por qué izquierda?

Y ahora la pregunta que sin duda estaba flotando en la curiosidad de algunos  lectores, esos que no se preocupan   por los frutos  sino por las raíces: ¿por qué izquierda? La voz nombra una orientación, una cualidad, una forma de ser o estar: el camino dobla hacia la izquierda, se hirió en la mano izquierda, etc. Pues bien, la historia de este término aplicado a la política es topográfica , o práctica, según los modelos - el falso o el verdadero- que se escojan . Para comprender por qué se utiliza en política la voz izquierda hay que remontarse a un imprescindible antecedente, cual es la Asamblea de los Tres Estados o Estamentos del año de 1789. No era una novedad, como ya expliqué  esta pirámide  estamentaria originada en el Medioevo.

He sentido decir que la izquierda estaba representada por quienes se sentaban  en el lado gauche   y la derecha ( droite) por los sentados en el lado contrario del salón donde se reunían los representantes de los tres Estados. No es asi.

Según la "geografía"(Mirabeau) de la ubicación de los integrantes de la Asamblea ,  en la parte alta se ubicaban las gradas donde de sentaban los representantes radicales de La Montaigne (la montaña) quienes,  al igual que  Marat, Danton y Robespierre, procuraban sustituir la Monarquía por una República y disminuían al mínimo el poder de los vetos reales a los artículos de  la Constitución a redactar . En los lugares intermedios se ubicaba los miembros de  Le Marais (el pantano) sitio escogido por  los espíritus tibios, partidarios de transar en cuanto al alcance de  los vetos del Monarca. En la parte baja  se extendía La Plaine ( la llanura) , donde clero, nobleza y fuerzas conservadoras votarían por la concesión de un  gran peso al veto del Rey Luis XVI a los artículos  de la futura Constitución,  

La izquierda, en consecuencia, no aparece como caracterizando a uno de los tres grupos nombrados por la posición respectiva en el lado gauche o en el droite de los escaños.  

En la realidad de las cosas es otra la verdadera explicación. Cuando se trató el grave tema del veto real a uno o mas artículos de la futura Constitución   el presidente de la Asamblea quiso ordenar el conteo de los votos  y en una reunión  celebrada en Versailles ubico en el lado derecho de la sala a quienes  le otorgaban grande  o mesurado peso al veto del monarca  y en el izquierdo a los revolucionarios que lo  restringían al máximo.

La verdad ¿una, muchas, ninguna?

Pocas voces han sido tan gastadas como ésta. Por sus resonancias morales, por su desafío al entendimiento, por sus forcejeos con la realidad, por sus usos en la  política. En bocas populares o mentes filosóficas la verdad aparece como una entidad absoluta o relativa, como un camaleón engendrado por distintas culturas en el espacio y en el tiempo, como el abanderado  de un ejército que  batalla contra la mentira y el error. Y mucho, mucho más en lo que tiene que ver con la milenaria disputa entre  logos, la razón, y  doxa, la opinión.

En el terreno de la filosofía el tema ha constituido, desde siempre,  una perpetua plataforma de lanzamiento, cuando no un trampolín. Pero antes de siquiera abrir una  ventana hacia los paisajes del rigor conceptual, hay que darle  paso a los filosofemas que a continuación transcribo.

"Verdad de este lado de los Pirineos, mentira del otro", escribió Pascal. Esto en cuanto al espacio. Pero si apelamos al tiempo, Montesquieu nos ofrece su respuesta. En las Cartas Persas dice que  "La verdad de un tiempo, es error en otro". Mucho antes el romano Aulo Gelio había expresado en sus Noches Áticas  que "la verdad es hija del tiempo." Y si procuramos espigar en las frases de pensadores eminentes o sensatos ciudadanos a lo largo de la historia escrita (grafohistoria), que  no es lo mismo que la historia acontecimiento  ( praxohistoria), nos encontraremos con todos los colores del arcoíris. Van algunos ejemplos, para la (¿des?) orientación de los lectores.

Lope de Vega  versificaba:

"Dijeron que antiguamente

se fue la verdad al cielo;

tal la pusieron los hombres

que desde entonces no ha vuelto".

 Dejemos al poeta y vayamos ahora al post socrático  Demócrito, igualmente escéptico, o desencantado: "De la verdad nada sabemos; la verdad yace en un pozo". No era original el pensador materialista de Abdera, pues siglos atrás se le había adelantado  Jenófanes de Colofón; "A la verdad pura no la ha visto ni la verá ningún hombre". Más cerca de nuestro tiempo aparece una variante que separa a las verdades del sentimiento  de las verdades del entendimiento Son las verdades de la razón y las del corazón, señaladas por Pascal. En las distintas etapas de la  humana existencia  puede suceder lo que opina Madame de Lambert en su Tratado sobre la vejez :  "Sólo hay dos épocas en la vida en la que la verdad se nos muestra y nos ayuda: en la juventud para instruirnos y en la vejez para consolarnos. Durante el tiempo de las pasiones la verdad nos abandona".

Otros no la desconocen pero la abordan lúdicamente, entre la realidad y la paradoja, tal cual lo hiciera Lord Byron: " Es extraño, pero es verdad, porque la verdad es siempre una cosa extraña, más extraña que una ficción".

Para despedirnos de este opinar asistemático van dos dichos finales. Tienen algo que ver con la posverdad. Son, puede decirse,  sus abuelos. Vamos a ellos.  Rousseau,  en su Emilio, asi reflexionaba: "No hay uno solo que habiendo descubierto la verdad y la falsedad, no prefiera la mentira por él descubierta a la verdad encontrada por otros". Taine, por su parte, al tratar sobre Los orígenes de la Francia contemporánea, le toma el pulso a la política: " No nos agrada un sistema porque lo juzgamos verdadero, sino que lo juzgamos verdadero porque nos gusta". Pragmático el hombre ¿verdad?

 

Qué dicen los filósofos

No es este el lugar para entrar en las complicaciones teóricas de las definiciones filosóficas. Los que no dispongan de los diccionarios de Abbagnano, Ferrater Mora o Lanson, que pidan ayuda al Google. Es, a veces, un buen mayordomo de la información. O recurran  a una biblioteca virtual, de las tantas que ahorran espacio en los cubiles  mínimos que son hoy  los  apartamentos.  Pero me ha tentado, antes de cruzar el río,  cargar al hombro  la Wahrheit  según  la concebía Heidegger: "la esencia de la verdad es la libertad". También en  el  Evangelio  de Juan se dice  que Cristo expresó a sus seguidores  que "la verdad os hará libres". Desnudada de alusiones  religiosas esta frase nos lleva de la mano a la convicción de que saliendo de las dudas, de los titubeos que manean la razón y trancan la acción, los  seres humanos se sentirán mas dueños de si mismos y sabrán dónde están parados si entran en el remoto cuarto donde se esconde  la Verdad.

En los terrenos  de la teoría del conocimiento, la ontología, la ética, la teología, la etnología y la lingüística  se han multiplicado las concepciones y acepciones del término. No podemos entrar en ese campo minado. Pero si es posible levantar un mirador  y desde ahí contemplar algunos aspectos de lo que los griegos llamaban aletheia, la en-cubierta, la que, para hacerse    realidad en la mente, debe ser des-cubierta luego de sencillos o complejos procesos intelectuales. Para llegar a la verdad hay que desvestirla prenda por prenda de las ropas tejidas por el "creo", el "me parece", el "quién sabe", el "yo no sé" , o el error duro y puro.

Digamos en primer lugar que la voz verdad se usa en la vida cotidiana para comprobar  que existe una real coincidencia entre los hechos y lo que se afirma sobre ellos. Por ejemplo:  la tapa de este libro es de color verde.  En cuanto a lo que tiene que ver con lo ideativo la verdad surge cuando afirmo que "Juan es, políticamente hablando, un hombre de izquierda."  En temas de mayor trascendencia, se discute si la Verdad es revelada o si es posible llegar a ella mediante la experiencia , la razón y el entendimiento. Deben tenerse en cuenta , además, otros aspectos : si  es relativa o absoluta, si es objetiva o subjetiva, si existen  criterios seguros para ubicarla, describirla o definirla. Pueden cargar con la maleta de la verdad los hechos y las cosas, los credos de cualquier tipo, las preposiciones y cierto tipo de oraciones denominadas "caso", pero acá debo detenerme.

El actual nacimiento de la posverdad

Ha quedado mucho que decir sobre un tema que nos desvela y acosa. El de la verdad ha  acompañado  a la humanidad en todas sus etapas de búsqueda consciente del ser y deber ser de las cosas y  de los actos . Pero ahora, achicando la cancha, vamos a inquirir y meditar juntos acerca del nacimiento, sentido y auge contemporáneo del término posverdad.

Digo de entrada  que  nuevos términos o neologismos surgen en todo tiempo. Ya lo comprobamos anteriormente con el origen y deceso del tan llevado y traído Tercer Mundo. Modismos y palabras reflejan, como las aguas de un lago, las apetencias, necesidades (o necedades) y calificaciones que se utilizan en  el decir cotidiano de un pueblo que habita  la ecúmene, o sea la parte de la Tierra en la que es posible la vida humana. Tal es lo que sucede con la fea voz "empoderamiento", que se ha abierto paso en nuestro medio, aunque no se si en toda el área del  habla hispana. Cuando retorné luego de un exilio de trece años al Uruguay me sorprendió sentir por la calle voces como estas: "¿Como te va, valor?". "Este domingo nos encontramos en el estadio, valor." "Choque esos cinco, valor". Me recordó el "vale"  que los amigos venezolanos  utilizan en sus conversaciones: "Vale, mañana nos esperan con un bonche en el Petare."

Desembarco en el  muelle de la posverdad.

La posverdad, en su esencia , es una mentira, ya que ante determinado hecho o grupo de hechos tuerce su ecceidad, su realidad, para otorgarles otro sentido. Y ¿cuál es su propósito? De acuerdo con intereses personales, gubernamentales o periodísticos se procura manipular  la opinión pública " e influir en las actitudes sociales, en las que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales"((Antoni Bassas, 2016).

¿Cuándo nace el término y quién lo inventó? De acuerdo con las informaciones que he consultado fue un escritor de obras teatrales, Steve Tesich, quien en el periódico estadounidense The Nation  , allá por el año 1992, echó a rodar la palabra.  Esta es la frase que ofició como madre del borrego:"Nosotros, como pueblo libre, hemos decidido libremente de vivir en un mundo de posverdad". Se trataba de una frase irónica, de un garrotazo crítico. Citaba como antecedentes la Garganta Profunda que reveló las sucias maniobras del Watergate y la justificación  de la infame Guerra del Golfo, entre otras barbaridades que celebraron el paso  del gótico Abad de la Sinrazón, montado en su asno.

El termino, en un principio, navegó con la lentitud de un tempano a la deriva. Un escritor, Ralph Keyes, le dio un buen empujón cuando, en el 2004,  escribió un libro titulado "The Post-truth Era: dishonesty and deception in contemporary life". Estamos en "la era de la posverdad", se lamentó el hombre. La voz  tuvo una inmediata recepción. Sin salir del año, pocos meses después Eric Alterman, un periodista  de los EE.UU. , se  refirió al "ambiente político de la posverdad" al tiempo que denominaba "Presidencia de la Posverdad" al comentar los dichos mentirosos pero expresados con tremendismo  y enfática grandilocuencia por George W. Bush a raíz de los atentados terroristas del 11 de de setiembre del 2001. Comenzaba el proceso de carioquinesis de la célula madre. En efecto, Colin Crouch en su libro "Post-democracy", también editado en el 2004, se refiere, desdeñosamente, a un tipo de política en la que "las elecciones ciertamente existen y pueden hacer cambiar a los gobiernos" si bien "el debate electoral  público es un espectáculo estrechamente controlado, gestionado por equipos enemigos de profesionales expertos en técnicas de persuasión" Ciertos sucesos se deformaban y se daban paso a otros, seleccionados por la "industria publicitaria".

No obstante,   en la posverdad se apunta al fraile y se le pega al sacristán, callando lo que se debe decir acerca de  los hechos matrices, deformando otros,  sesgando  el  significado de los procesos sociales, metiendo corazón donde debe haber cabeza, apelando al "anima" del sentimiento  y no al "animus" de la inteligencia.

La voz posverdad resonó fuertemente durante los episodios acontecidos en Gran Bretaña concernientes  al referéndum acerca de su permanencia o alejamiento (Brexit) de la Unión   Europea. Lo mismo se repitió en la campaña presidencial que culminó con la elección de Trump,  merced al manejo engañoso de la propaganda. Tanto resonó en el mundo que fue distinguida por el Oxford Dictionary  como la palabra de moda  en el año 2016 ya que, cotejada con su utilización en el 2015, había experimentado un crecimiento del 2.000 %.

Y para terminar, digamos que tanto se ha escrito sobre la posverdad que, en honor a la brevedad que ya me está haciendo señas, voy a transcribir dos  definiciones. Comienzo con la publicada en  The Economist. En los artículos que remaban contra la corriente durante la campaña electoral ya se  palpitaba  el cambio de mano en las elecciones que postergaron los anhelos de Hillary Clinton y sacaron adelante la teñida pelambre de Donald Trump y su parafernalia metapolítica, si este  suntuoso término cabe para calificar un pensamiento gerencial. política. El sorprendente triunfo de la posverdad fue obtenido  merced al predominio  de la emoción sobre la razón, a la victoria del relámpago  del sentimiento en desmedro de   la serena luz del entendimiento. El método utilizado fue la  sorprendente zancadilla publicitaria  de los mass media y  la tormenta  virtual desencadenada en  la web . Aquellos  palos en la rueda y estos  soplos ciclónicos  afectaron la tranquilizadora  verosimilitud de lo posible   y convocaron, en su lugar,  a los fantasmas de  los fuegos fatuos. Que también, aunque con  tenues resplandores, iluminan los escenarios de las sociedades y sus culturas.

La segunda definición pertenece a David Roberts quien  dijo que la voz posverdad debe  aplicarse a "una cultura política en la que la opinión pública y la narrativa en los medios de comunicación  se han convertido en  totalmente desconectadas de la política pública, o sea  en la sustancia de lo que se legisla". Se trata de la vieja deformación que la propaganda desparrama en el espíritu de quienes la escuchan y asimilan. Se deforma, se esconde o se fabrica un espectro de la verdad. Con otras palabras ya lo había expresado el nazi Joseph Goebbels en el Tercer Reich: "Una mentira repetida mil veces se transforma en verdad". Tanto repitieron sus engañosas consignas  Hitler y  secuaces, apelando a la palabra encendida y al ademán teatral, que Alemania, armada hasta los dientes y autoproclamada representante de la pura , valerosa y creativa  raza "aria",  que el "Völk", el pueblo, se tragó esta paparrucha. Creyeron  que el imperio mundial del "Deutschland über alles" (Alemania por encima de todo) iba a durar mil años. Los capitostes  desataron entonces la "blitzkrieg", o sea la guerra relámpago,  asesinaron  judíos,  gitanos, discapacitados, enemigos políticos y  homosexuales  en  un terrible Holocausto , que en griego significa "todo quemado", y desde 1939 al 1945 masacraron millones de niños y ancianos, mujeres y hombres, soldados y civiles   en Europa y Africa del Norte. Al final de la trágica fiesta de odio, soberbia y sangre ellos fueron también masacrados.

La historia universal de la infamia cuenta estos ejercicios  genocidas del poder para que, abriendo la cabeza de los gobernantes y sus voceros, la verdad someta a la mentira y al encontrar al calamar en la profunda  madriguera de la propaganda flechada y lo pro-voque. Provocar significa  "llamar  ante si". Dicha provocación servirá  para disipar  las  tintas que ocultan  los beneficios de la ayuda mutua y la convivencia pacífica, hijas de la certidumbre  racional, esa "aletheia" que nos libra  de la tergiversación emotiva, que es también  interesada,  del Ser y el Deber Ser  de las criaturas humanas.



Daniel Vidart. Antropólogo, docente, investigador, ensayista y poeta.

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