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La guerra fría sigue viva en el PCU y otros sectores del FA

Héctor Musto

05.03.2018

En lo que sigue, por razones de espacio, voy a simplificar algunos conceptos, pero que creo no invalidan la línea argumental que quiero desarrollar. Teóricamente, la guerra fría finalizó cuando cayó el patético e inhumano muro de Berlín.

Hasta ese momento, para prácticamente toda la izquierda, simplificando, la disyuntiva era clara: más allá de errores y discrepancias, la cosa estaba entre la URSS y sus países aliados (Europa del Este, Cuba, China y algún otro país como Viet Nam, Corea del Norte y alguno de Africa) y EEUU y sus seguidores (Europa Occidental, Israel, Arabia Saudita, etc.).

Y era fácil: en ese mundo bipolar, o se estaba con uno, o con el otro. O sea, o se estaba con el proceso vanguardizado por la URSS o se estaba con el imperialismo yanqui. Quizás, o sin quizás, los comunistas italianos, con su terza via, fueron los primeros en ver las contradicciones inherentes al "comunismo a la soviética". Pero excepto en Francia y España esa crítica no prendió. Y aún para los comunistas italianos, franceses y españoles, la "contradicción fundamental" entre socialismo y capitalismo fue dominante... y puestos a elegir, se quedaban con la URSS. El mundo era bipolar y, o se estaba de un lado de la línea divisoria, o del otro. Y entonces, nada más lógico (y humano) que pensar que todo lo que se oponía a EEUU y su política imperial era justo, estaba bien, y había que defenderlo. Y así lo hicimos.

Pero la vida, o la historia, como más les plazca a los que leen estas líneas, se encargó de demostrar que la URSS y su sistema (incluyendo a los países que seguían su modelo) eran una gran mentira. No hizo falta (por suerte) una guerra, una invasión, un misil... simplemente, un día la URSS y su sistema, y el de todos los países que lo seguían se cayó. Y de su caída, algunos aprendimos bastante. Que no era el paraíso de los trabajadores, que eran Estados burocráticos, que en lo interno no había libertad ni democracia, que eran Estados policiales, que los integrantes del aparato del Partido y del Estado (que eran lo mismo) tenían privilegios respecto al resto de los ciudadanos, que no todos los opositores eran "agentes de la CIA", que la economía era un desastre ilevanteble desde las reglas del "socialismo real"... y lo más grave, que los supuestos beneficiarios del sistema, no lo querían. Gran sorpresa... y dolor.

Quizás, o sin quizás, el terror a una tercera guerra mundial, que más que probablemente fuese termonuclear (con todo el horror que eso significa) colaboró a "simplificar" las opciones: por un lado una fuerza de paz (la URSS) y por otro una agresiva (EEUU). Y ese lógico terror, que nos tocaba a todos los amantes de la paz, nos llevó a no ser críticos (o peor aún, a ser complacientes o aún más doloroso, a no saber ver qué pasaba de "verdad" en la URSS. Y lo digo con conocimiento de causa, yo mismo, como comunista hasta poco después de la caída del muro, fuí cómplice de eso. Lo reconozco. No tuve la visión, o la entereza para indagar a fondo qué era la URSS. La vida me dio un lindo trompazo en la cara, que debo reconocer me dolió mucho. Tantos sueños que se me esfumaron cuando vi lo que había defendido.

Pero intenté aprender. A pensar con mi cabeza. Y aprendí varias cosas. No solamente que la URSS (y sus países satélites) no eran un paraíso, sino que el mundo es infinitamente más complejo de lo que me parecía. Y entre las cosas que aprendí subrayo tres, por considerarlas trascendentes para lo que quiero expresar en esta columna. Primero (y antes que nada): la democracia y la libertad son valores en sí mismos y valen más que cualquier otra cosa (me ayudó, lógicamente, la dictadura que sufrimos acá). NO HAY DICTADURAS BUENAS Y DICTADURAS MALAS. Todas son malas. Todas reprimen, todas persiguen, todas tienden al "pensamiento único", todas matan la dialéctica (motor de la vida y la historia). Incluyendo a la "sacrosanta" dictadura del proletariado.

Segundo, el socialismo tradicional (el sacado del modelo soviético), guste o no, fracasó. No necesito fundamentarlo: si los propios beneficiarios no lo defendieron hasta las últimas consecuencias en la URSS, Polonia, RDA, Hungría, etc... significa, sencillamente, que fue un fracaso enorme. Y hasta China hoy, es quizás hoy el modelo capitalista más exitoso del mundo, a pesar de ser dirigida por un Partido Comunista... hasta generaron una burguesía con todos los vicios de la occidental y cristiana... Es patético y lamentable. Pero es así. Y reto a cualquiera a que me demuestre lo contrario. El fracaso de lo que defendimos es obvio en sí mismo, y se cae por su propio peso. Como se cayó en todos lados... o hace agua por todos los costados.

Tercero. Y muy importante. No todo enemigo de mi enemigo es mi amigo. Naturalmente, sigo considerando a EEUU como un país imperialista... no me voy a extender sobre esta obviedad. Es imperialista, agresivo, armamentista, intervencionista... lo cual lo condena. Pero eso no vuelve a quienes se le oponen como "mis aliados". Recuerdo la revolución en Irán. Estábamos todos contentos... y apoyábamos el proceso. Basta ver lo que es hoy: una república Islámica (con todo el respeto que me merecen los que profesan esa religión) pero agresiva, que viola los derechos humanos (sobre todo los de las mujeres, homosexuales)... una simple y terrible dictadura. O Corea del Norte, dictadura con "monarquía hereditaria" donde la vida de cada persona depende del "rey" de turno. O Cuba. Donde se prohíbe la oposición. Donde hubo fusilamientos por discrepar. Donde Fidel afirmó que el "pluripartidismo es la pluriporquería", y donde se vive gracias al apoyo que se tuvo de la URSS y hoy de Venezuela, que le "regala" el petróleo. O Venezuela.

Venezuela. País querido. Que hoy va camino a ser una dictadura. No me extiendo en escribir sobre la situación en este país porque otros columnistas en esta agencia (ver lo escrito por José Legaspi y por Alejandro Domostoj) lo han hecho y muy bien. Pero para algunos, porque está "contra EEUU", hay que defender.

Y quiero ser claro. Me refiero en particular al Partido Comunista. Parecería ser para los actuales comunistas uruguayos que hay que defender a Venezuela y su proceso. Marcelo Abdala, integrante de la dirección del Partido Comunista y del PIT-CNT, por ejemplo, dándose a sí mismo una representatividad que no tiene, dijo, palabra más, palabra menos, que la central sindical y el pueblo uruguayo apoyan al gobierno venezolano. ¿De dónde sacó eso? ¿Hubo alguna vez una discusión democrática, que abarcase a todo el movimiento sindical uruguayo sobre la situación en Venezuela? No me refiero a dirigentes, sino a TODOS LOS QUE PERTENECEMOS AL MOVIMIENTO SINDICAL? No, nunca la hubo... Y peor, mencionar al "pueblo uruguayo". El pueblo somos todos, frenteamplistas, blancos, colorados, del Partido Independiente... ¿está seguro de que "todos" apoyamos al gobierno venezolano? ¿En qué país vive? O, por poner otro ejemplo, Juan Castillo, actual Secretario General del PCU, cuando, refiriéndose al voto de Uruguay reclamando elecciones libres en Venezuela, dijo: "decirnos que nadie que se precie de izquierda, a nosotros los comunistas, no. A nosotros los comunistas, que nos vengan a dar lecciones de antiimperialismo, no". Declaraciones insólitas. No solamente se larga contra el Poder Ejecutivo (cosa grave de por sí) sino que olvida el apoyo y los aplausos del Partido del que hoy es Secretario General, a la invasión por parte de la ex URSS a Hungría en 1956, a Checoslovaquia en 1968 (la frustrada primavera de Praga) o a Afganistán en 1979. Por no mencionar otras "presiones". El PCU aplaudió (aplaudimos)... pero eso, ¿no fue imperialista? ¿No fue intervenir en los asuntos internos de otro país? Caramba con las contradicciones.

Quizás, o sin quizás, el mundo bipolar y simplista era cómodo para los dirigentes del PCU (los de antes y los de ahora). Quizás no se dieron cuenta de que el mundo, la vida, la historia, les caminaron por arriba, y desde ese simplismo anacrónico, ponen en jaque y atacan a su propio gobierno. Patético y lamentable. Triste. No se dieron cuenta que la política real, la de hoy, es más compeja que los viejos textos. Y lo peor es que atacan a su propio gobierno... Antes era fácil. Se complicó. Piensen antes de hacer declaraciones... Y lo que digo del PCU lo digo del MPP, de Casa Grande, del PVP. Tomé como ejemplo al PCU quizás porque me duele más que otros, o quizás porque algunos de sus dirigentes dicen cosas más claras que otros. Pero repito. La vida es más compleja que los viejos textos.

Y finalizo. Sigo creyendo en que un día habrá un mundo socialista. Pero reconozcamos que no sabemos cómo construírlo y que se necesita una enorme labor teórica. Pero largar esquemas cuando en Venezuela muere gente, faltan alimentos, la democracia renguea por todos lados, los ciudadanos emigran... es que algo falla. Les cuento: la guerra fría terminó. Y, por ahora, perdimos.

Héctor Musto



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