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De Mafalda y otros entuertos

Juan Pedro Ciganda

06.04.2018

I

A veces nos confundimos.

Otras, conscientemente o no, preferimos hacer como Mafalda a la que una vez  el Guille le preguntó qué era el campo, y contestó que "es una cosa verde que queda lejos".

Pasa que el entuerto del que a veces nos hablan nos resulta tan inabarcable, que elegimos asentir con la cabeza, hacer la seña del cinco del truco, y continuar con  nuestras legítimas preocupaciones sobre el quehacer diario, las tareas familiares o,aún, las inquietudes  sociales que atañen  a los avatares de nuestra Banda Oriental, de lo que consideramos avances democráticos en la sociedad en la que vivimos, la que sentimos como "nuestra" y de los escollos  para elaborar el presente y el futuro, reafirmando avances, corrigiendo errores, proyectando mañana.

Es muy loable  la tarea de todo uruguayo al  cavilar, dudar, criticar y  actuar - desde el ámbito que le toque o elija - en la crítica de "lo que tenemos" y en la prospectiva "de lo que queremos".   Supone contar con una capacidad de mirada que exceda la distancia que va desde nuestros ojos hasta el ombligo.

Lo cual no implica que no nos gusten Piazzolla, Troilo, el seleccionado de Tabarez u otras especies más afines con los muchachos y muchachas de veinte años. O polemizar sobre la mejor forma de lograr que las colitas de cuadril se sellen y no pierdan el líquido, tarea en que algunos de mis amigos son maestros.

Mas el problema es que, el mundo...sigue andando, parafraseando a un uruguayo y un brasileño que escribieron algunos de los tangos argentinosmás destacados (Alfredo Le Pera y Carlos Gardel), como le escuché decir con picardía y buen humor a Malena Muyala "chicaneando" con un estupendo músico porteño que la acompañaba  en la instancia.

II

Cuando los latinoamericanos,  especialmente los conosureños Chile, Uruguay y Argentina, padecían el terrorismo de Estado en los  setenta y ochenta, se polemizaba en la academia, en la política, entre periodistas  de América y del mundo (allí donde se podía discutir, no en las páginas de El País, El Mercurio o Clarín)  sobre la pertinencia de llamar "fascistas" a los autoritarismos que nos arrasaron.

Regímenes que tuvieron como objetivo "desaparecer" todo proyecto democrático progresista en estos lares y usar la zona para hacer práctica de laboratorio con las enseñanzas de Milton Friedman,terminandopara siempre con los "estados de compromiso", de bienestar, "intervencionistas" que ponían frenos y trabas al liberalismo económico.

Muchos autores, con respetables argumentos, prefirieron referirse a "estados militares", "dictaduras de la seguridad nacional", "estados burocráticos autoritarios", "dictaduras mundiales de la seguridad nacional", entre otras denominaciones, con fundamentaciones no ligeras.

Los que aplicaban la nota de "fascistas" a las dictaduras, recordaban las definiciones que había parido Dimitrov en 1935 y veían un continuo esencial entre experiencias históricas, más allá de las formas, los métodos y los disfraces.

Los chilenos fusilaban, los argentinos "desaparecían", los uruguayos torturaban, asesinaban y buscaban enloquecer a los prisioneros, aunque  - en forma indubitable a esta altura - trabajaban en equipo bajo las alas del Plan Cóndor.  Esto es prueba probada, como afirmaba hace  décadas un prestigioso procesalista.  La documentación habla por sí sola. Apenas horrorosas variantes de estilo, coadyuvantes y jamás contradictorias.

La otra cara, la civilizada, técnica, "promisoria", le puso la alfombra roja de la pasarela a los cuantiosos dólares que irrumpieron enla región, no desarrollaron  cosa alguna, salvo el endeudamiento inatajable de estos países con dineros que arribaron, especularon y ante el "accidente" de la moratoria mexicana, huyeron. Los Estados,sus gentes, pagarían la cuenta. Marginal es afirmar que no todo fueron desgracias, en ese marco, sino que hubo quienes se enriquecieron, a expensas de la reducción del salario a la mitad y la destrucción del aparato productivo.

El querido amigo y brillante académico Gonzalo Pereira dijo alguna vez que solamente luego de una guerra se podía llegar al resultado de un saqueo salarial de ese orden.

Los dictadores locales y especialmente sus guías espirituales en economía, inventaron - entre otras originalidades - algo singular que se llamó "compra de carteras".  El Estado le compraba a los bancos privados multinacionales las deudas que evidentemente no cobrarían a sus acreedores y todo quedaba en paz.  El mecanismo, con variantes de música, funcionó en todo el Cono Sur.  Matices de papeleo, pero identidad de función.

La crisis de las burbujas del año 2008, aunque el traje sea de otro color, se solucionó de igual modo, aunque en el caso la escenografía no estaría en  la Ciudad Vieja montevideana, en la linda calle Corrientes ni en el Santiago de Víctor Jara. Igualito, pero en el mundo desarrollado, occidental y  hasta cristiano. Y con respaldo parlamentario, medalla, aplauso y beso.

No sé si los Martínez de Hoz de la época y sus pares chilenos y uruguayos habrán cobrado derechos de autor. Los tenían bien ganados. Auténticos adelantados, precursores, visionarios. Ni que hablar de sus mentores.

III

Los siniestros protagonistas de la época,  algunosnotorios, terminaron sus días en forma poco honorable. En particular, los uniformados. Enjuiciados por la justicia competente y por la sociedad.

Dicho esto con dos observaciones. La impunidad ha paseado por América Latina y ganó la cuereada en general, pese a excepciones ejemplares y a una lucha que no ha culminado ni terminará , por la historia, la memoria, la verdad, y la justicia, que en modo alguno importa "ojos en la nuca", sino miradaresponsablehacia el futuro de nuestros hijos y nietos.

Si afirmo  que los autores intelectuales - y beneficiarios - del saqueo económico están invictos. Hay que saludar la labor de los investigadores que bregan y sudan con el temaen la región, haciendo una mención al  esfuerzo reciente del Prof. Carlos Demasi y otros cientistas que ya han producido resultados, publicaciones,  que - cabe consignarlo - no he notado que convoquen la atención amplia de los lectores amateurs y de otros que tendrían una cierta obligación intelectual de hacerlo. No tan amateurs.

Luego de la caída del Muro de Berlín, de la desaparición de la URSS, del fin de la historia de Fukuyama, otra vez...el mundo siguió andando.No llegó la paz para instalarse en el living a tomar el té de las five o' clock. En todo caso llegó Irak, capítulo uno y Kosovo.

El terrible enemigo de los valores de Occidente, la antípoda del "ser nacional", de los valores cristianos, se murió.  No hay más oso ruso. Aunque, bueno...eso es relativo si oteamos los comicios que bendicen al Sr. Putin, aunque no es oso, hace jueguito con la pelota y gana con el setenta y pico de los votos. Mas el antiguo, el funesto agresor de nuestras "más caras tradiciones", no juega con notoriedad en las grandes ligas.

Por lo que entró en escena el nuevo villano.El que hacía falta.  Se incorporó a la cancha el terrorismo, tiró las Torres y ha dado lugar  a uno de los mayores espectáculos bélicos de la historia, sin Naciones Unidas que convaliden la actuación de los buenos de la película. Invasiones, drones, guerras a distancia, guerras en televisión, films que explican por qué hay que torturar a los malos para hacerlos hablar.  Con pop y coca cola las podemos ver en casa o en las salas chicas más confortables que los queridos  cines barriales del Montevideo de antaño.

IV

Estimo que revisitar las polémicas mencionadasacerca del carácter de las dictaduras - y sus patrocinadores - sería buena cosa. No por simple rigor o curiosidad académica. Pues me temo, que más allá de rótulos, algunos con sustancia y otros con novelería, estamos viviendo el fascismo del siglo XXI o, acaso, una suerte de dictadura mundial de la seguridad nacional, como supieron definir Franz Hinkelhammert y Yamandú Acosta.

No nos toca por ahora, en especial si sentimos lejos a Irán,Siria. Irak, Gaza y algunos otros territorios un poco ignotos para los del Océano Atlántico esquina Rio de la Plata.

Las esvásticas - aun utilizadas por  europeos nostalgiosos - no son el problema medular.Son símbolos, aunque desgraciadamente no tan desacreditados,pues logran bancas nada menos que en el Parlamento alemán.Mas lo bélico está ahí, hasta por la simple razón de mercado que la industria de armamento - más o menos sofisticado - incide en el  PBI de importantes naciones y en sostener una tasa de rentabilidad en descenso globalmente. Contrariamente a los teóricos que aseveran enfáticamente que los estados nacionales se terminaron y el mercado mundializado es quien gobierna. No es tan así, pero eso lo dejo para otro día.

Las formas violentas del dominio no son asunto verosímil, en principio, para estas regiones de la nación abierta en cruz, como decía la Negra Mercedes Sosa, hablando de  América Latina.

Acaso, y entre otras razones, porque no es esencialmente imprescindible, para imponerse, que haya grupos fascistas con palos, ricinos o cámaras de gas.

Incluso los funcionarios  derrotados por los pueblos en América Latina en los ochenta ya están veteranos o se murieron. Pueden ser reemplazados por otros. Jóvenes, nuevos, vigorosos. Hasta lindos. Y, por las dudas... no hablo particularmente de chicos uniformados.

Para algunos procesos que van contra las necesidades de los pueblos, de su libertad y su derecho a la dignidad, contra la democracia,  es factible que no sean imprescindibles "militantes" de ultra derecha.  A veces puede bastar con la inconsciente  "aquiescencia de la víctima", el apego a Tinelli, a los libros de autoayuda, a la novísima versión del celular,  a la verdad posmoderna, que es una suerte de mentira de toda la vida, como decía un humorista español.

Porque en algún sentido común, muy común, "... por suerte aquéllo ya pasó...es parte de la historia"

La barbarie, las guerras, los asesinatos masivos de civiles, son algo negro...que queda lejos, volviendo  a Mafalda. ¿Queda lejos?

 ¿No será la paz un tema a incorporar al orden del día de los preocupados y  los ocupados?

 

Juan Pedro Ciganda



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