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Nunca más

Ana Jerozolimski

11.04.2018

Mientras escribo estas líneas en Jerusalem, en Montevideo se preparan muchos uruguayos -seguramente la mayoría judíos, pero no todos- para participar en el acto central recordatorio del Día del Holoausto, en la sede de la Comunidad Israelita del Uruguay. En hebreo se lo conoce con una palabra especial, Iom HaShoa.

Para los allí presentes, lo que se diga, proyecte sobre la pantalla gigante y lea desde el micrófono central, serán párrafos tocantes sobre el capítulo más negro en la historia de la Humanidad. Para muchos judíos, será una historia personal. De lo que ellos mismos pasaron cuando vivieron el infierno. Sobre lo que oyeron siempre en casa, lo que intuyeron aunque sus padres o abuelos no lograban contar, lo que sintieron en carne propia. Es que los seis millones de judíos asesinados por los nazis, tenían vida y nombre antes de la hecatombe.

El pueblo judío recuerda hoy a los seis millones de sus hermanos asesinados por los nazis y sus colaboradores. En las cámaras de gas. En las fosas de la muerte. Los muertos en los trenes en camino al exterminio. Los muertos de hambre y enfermedades por las condiciones en las que estaban sumidos. Entre todos ellos, un millón y  medio de niños y bebés.

Uno de los puntos más emotivos del acto al que hacíamos referencia-nos animamos a vaticinarlo ya antes de su realización- será el encendido de las velas recordatorias a cargo de sobrevivientes del Holocausto. Los acompañarán seguramente, como siempre, dirigentes de la comunidad judía, quizás también autoridades nacionales. Pero con las disculpas debidas a unos y otros, nos permitimos señalar que lo más importante, es que los acompañarán sus nietos.

 

En ellos está el mensaje a los asesinos.

En la supervivencia y continuidad de aquellos a los que no pudieron matar. Y en el hecho que no dedicaron sus vidas al odio y la venganza, sino a empezar de nuevo, a formar familias tras haber quedado solos en aquella Europa oscura de la Shoá.

Evidentemente, nos resulta especialmente inspirador y simbólico pensar en aquellos sobrevivientes del Holocausto que optaron por llegar a la tierra de Israel, aportando a la lucha por la independencia y desarrollo del Estado judío. Empezaron de nuevo, formaron familias, tuvieron hijos y nietos y los vieron vistiendo el uniforme de las Fuerzas de Defensa de Israel. No existe moneda con la que se pueda compensar por lo perdido y sufrido. Pero la dignidad de poder defenderse y de garantizar la continuidad del pueblo judío en su tierra ancestral, fue sin duda para todos ellos una singular forma de responder a los asesinos.

También quienes hicieron su vida en otros lares, como los sobrevivientes que llegaron a nuestro país y aquí vivieron-y siguen viviendo-con dignidad y en libertad, son una respuesta a aquellos que pretendieron convertir al pueblo de Israel en cenizas.

Lamentablemente, hoy en día hay en diferentes partes del mundo, quienes se lamentan de que Hitler no haya llevado a todos los judíos a los hornos. Eso no es sólo un comentario de cobardes sin identidad en las redes sociales. Para algunos, sería un buen plan de acción.

Cuando Israel fue creado y el mundo árabe se lanzó a una guerra para intentar impedirlo, algunos de sus representantes hablaron explícitamente de una guerra "de exterminio". La memoria estaba demasiado fresca como para que el naciente Estado judío pudiera hacer caso omiso de la nueva promesa de horror.

Y también hoy, un país miembro de las Naciones Unidas, la República Islámica de Irán, llama al exterminio de Israel. Y niega o minimiza el Holocausto.

Años atrás, cuando el Museo Recordatorio de la Shoá en  Jerusalem inauguró el canal de Youtube en persa, a la ceremonia fue invitada la sobreviviente Rita Weiss. Eran los tiempos en los que el Presidente de Irán era Mahmud Ahmadinejad, quien se pasaba negando el Holocausto. Dado que también hoy, aunque el actual Presidente Rouhani sonríe mucho más que Ahmadinejad, Irán niega o minimiza el Holocausto, es oportuno recordar aquella entrevista que nos concedió la Sra. Weiss.

"Quisiera decirles algo a Ahmadinejad y todos los que desmienten el Holocausto: Si la Shoá nunca ocurrió ¿dónde está toda la familia que perdí? ¿Por qué me quedé sola? ¿Dónde desapareció mi familia, mi papá, mi mamá, mis ocho hermanos y hermanas con sus hijos....29 personas en total? Y eso, sin contar a todos mis tíos,tías, primas...con ellos éramos más de cien..¿Dónde desaparecieron? El 6 de junio de 1944  llegaron en tren a Auschwitz y nunca más los vi. Nadie se salvó. Fueron directo del vagón, a los crematorios", nos contó.

Y justo ahora, en días solemnes para el pueblo judío, esté donde esté, hay en Israel una gran expectativa respecto a lo que pueda ocurrir en su frontera norte, en Siria. Allí está el recordatorio diario de lo que es capaz de hacer el ser humano.

Hace tan solo unos días llegaron las terribles noticias sobre lo que los rescatistas sostienen fue un ataque químico lanzado por Assad sobre la aldea Duma en Al-Ghouta. No fue el primero. Hubo más de 80 ataques con armas químicas contra civiles en Siria desde el 2013, cuando el supuesto desarme total del arsenal químico de Assad. El es un asesino, pero así como los nazis no habrían logrado cometer tantos crímenes sin la complacencia e indiferencia de muchos y la colaboración de otros, Assad tampoco podría cometer todas sus barbaridades sin cómplices que le protegen, que impiden su caída, Rusia e Irán.

Basta con mirar alrededor para entender por qué Israel no puede bajar la guardia.

Lo recordamos justo ahora...en Iom HaShoa.



Ana Jerozolimski



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