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Te equivocaste, Gonzalo Mujica

José W. Legaspi

24.04.2018

Recuerdo que fuiste un militante y cuadro comunista, que estuvo dispuesto, y arriesgó la vida, en defensa de la libertad y la democracia, atropelladas por el fascismo. Diste prueba de ello, y eso nos consta a todos los que te conocimos.

Saliste de la cárcel honrando ese compromiso, sumándote a la militancia en el Sector Universitario de la UJC, donde te conocí y compartimos la lucha por el cambio, contra las políticas imperantes en la época.

Un día nos dijeron que "te habías alejado" por problemas personales. Eufemismo utilizado para esconder las discrepancias con la forma y contenidos de nuestra organización, la juventud comunista.

Siempre te respeté. Desde que nos volvimos a encontrar, allá por el 2004, en la campaña que posibilitaba, finalmente, el cambio, por el que tanto luchaste y luchamos. Los encuentros eran como deben ser, entre viejos camaradas, con el apretado abrazo, y con el respeto, siempre.

La vida nos volvió a reunir, esta vez, en la crítica de una herramienta acabada, al menos, para los cambios. "La herramienta" se había convertido en "una forma de permanencia" de funcionales funcionarios, carentes de autocrítica y de alma, para renovarla y profundizar esos cambios.

Tuviste muchas actitudes que ennoblecieron, de algún modo, el derrotero político que iniciaste desde tu condición de joven comunista y preso de la dictadura, y los diferentes destinos posteriores, diría "desde la buena fe", en búsqueda de un lugar, de una posición desde la cual,  no me cabe ninguna duda, tratar de hacer lo mejor para tu pueblo.

Alzaste tu voz contra prácticas, que consideraste, alejaban al Frente Amplio de su posición histórica contra el acomodo y una gestión pública ajena al clientelismo.

Dudaste, por lo mismo, de los fondos que habían posibilitado tu elección, como diputado del MPP, en las elecciones del 2014, y eso te llevó a prometer la entrega de la banca, gesto digno si los hay, desde el momento que abandonabas la coalición que gobierna el país, a sabiendas que ponías "en peligro" tu futuro político inmediato.

Te arriesgabas "a desaparecer" de la escena política, pero con la conciencia tranquila de no tener nada que perder.

Y antes, durante y después, de tal acto, prometiste que te disponías a trabajar incansablemente por un programa común que uniera al mayor abanico posible de la oposición para lograr un cambio de gobierno.

Coincidimos. Y la vida nos volvió a juntar tras ese objetivo.

Mucho discutimos sobre cuál era la mejor forma de llevarlo adelante. Acordamos que tu renuncia a la banca, "ese gesto raro" en el sistema político uruguayo, abría las puertas al duro trabajo de alcanzar las coincidencias necesarias. Trabajamos en pos de ello.

Recuerdo el hincapié que hacías sobre que "no harías ningún acuerdo político electoral", antes de concretar el acuerdo programático, básico, de seis o siete puntos. Y que una vez firmado dicho acuerdo, públicamente, por los partidos de la oposición que se sumaran a él, optarías por decidir qué hacer de tu futuro político.

Hace unos días "te sumaste" al sector Todos, del Partido Nacional, afirmando que Luis Lacalle Pou "era el que más había entendido tu propuesta". Es decir, te subordinaste al acuerdo electoral, y te olvidaste del programático.

Desde el respeto que te tengo y siempre te tendré, a tu historia de resistencia, y a tus decisiones políticas antes de abandonar el Frente,  debo hacer algunas consideraciones.

Primera. En realidad, quienes entendieron la propuesta, la Iniciativa Programática, como la llamaste, fueron Larrañaga, Gandini y el resto de los blancos "no herreristas". Quienes, además, comprendieron que, "si pretendías que los desencantados" frenteamplistas te votaran, eso no podía suceder "dentro" del Partido Nacional, sino, afuera y al lado, en una alianza. Siempre con el programa firmado antes.

Segunda. No sólo no se firmó, "públicamente" un acuerdo mínimo programático, por distintos actores de la oposición, sino que seguís enumerando "los cinco o seis" puntos de acuerdo, que todavía no han tenido un desarrollo suficiente que comprometa dicho apoyo y firma.

Tercera. Por el contrario, "olvidando" la importancia en ese acuerdo programático, te apuras "a concretar" lo único posible y lo más fácil, tu "apresurada" incorporación, al que "supuestamente" ganará la interna del Partido Nacional. Y esto no es ni de principios, ni programático.

Ahora te veo recorriendo el país con el candidato, y me pregunto: ¿cómo piensas lograr el apoyo de los demás actores de la oposición? ¿Te creerán ahora, los votantes colorados, batllistas, socialdemócratas, e independientes? ¿Te creerá el resto de los blancos, los wilsonistas? Seguramente habrá dirigentes que sí. Pero tengo serias dudas de que lo haga el electorado.

Es más, me atrevo a afirmar que acabas de hacerle un gran favor al partido de gobierno, al "apurar" tu ingreso al herrerismo, borrando tanto derroche de dignidad y honestidad de un plumazo.      

Esto no es más que "buscar y encontrar" el lugar para seguir en el parlamento, o, en el mejor de los casos, integrando un futuro gobierno.

Querido amigo, Gonzalo Mujica, ahora que "volviste" a tus orígenes blancos, más precisamente herreristas, grábate esta fecha, 6 de mayo de 1897 (van a cumplirse 121 años), Aparicio Saravia le mandaba una carta a su hermano Basilicio.

En la misma, escrita desde el dolor por la actitud de su hermano, son rescatables, necesarios, los párrafos finales, que hago absolutamente imprescindibles en este momento, ante la posición que adoptaste:

"La patria es algo más de lo que tú supones; la patria es el poder que se hace respetar por el prestigio de sus honradeces y por la religión de las instituciones no mancilladas; la patria es el conjunto de todos los partidos en el amplio y pleno uso de sus derechos; La patria es la dignidad arriba y el regocijo abajo.

Por eso cuando miro mi poncho color negro, medito que no debo profanar el luto de mi alma, claudicando ó cediendo, y sigo mi camino, respondiendo a los que salen a mortejarme, lo que Esquilo respondía a los que, por blasfemo, le apedreaban; está bien; ¡al tiempo por venir! Antes de terminar estas líneas debo advertirte de la conducta ilógica por ti observada en este doloroso drama.

Yo te preferiría soldado de la nación, del derecho, de la libertad, de la honradez administrativa, lo que no obsta para que bien te quiera quien no olvidará nunca los vínculos sagrados que a ti le unen. Es tuyo siempre: Aparicio Saravia".





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