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TLC: Un ejemplo de los dilemas frenteamplistas que hacen dudar de la viabilidad de un cuarto gobierno

Alejandro Domostoj

04.05.2018

El Frente Amplio discutirá este fin de semana en un Plenario Nacional los lineamientos de la política exterior del Uruguay, con el ojo puesto fundamentalmente en el Tratado de Libre Comercio Uruguay – Chile firmado hace 17 meses por el Poder Ejecutivo y aún pendiente de ratificación por parte del Parlamento.

 

El tratado, en el que trabajaron 10 ministerios del actual gobierno, no contraviene en nada las bases programáticas del Frente Amplio para el período 2015 - 2020 aprobados por su Congreso y mediante las cuales se presentó a las elecciones nacionales de 2014, obteniendo un tercer período de gobierno consecutivo con mayorías parlamentarias propias.

Puede resultar llamativo entonces, por qué una acción del gobierno del Frente Amplio llevada adelante en el marco de las bases programáticas resueltas por el propio Frente Amplio y legitimadas por el voto de la ciudadanía lleva 17 meses de espera y está sujeta a la discusión y resolución de un órgano interno del Frente Amplio, que además es de inferior representación y jerarquía que el Congreso que resolvió el programa, y ni que hablar si se lo compara con la expresión soberana. Es este caso un nítido ejemplo de los dilemas frenteamplistas.

LAS MUTACIONES PROGRAMÁTICAS EN LOS CONTENIDOS Y EN LAS FORMAS

El Frente Amplio como coalición de sectores, partidos y movimientos, de izquierda, progresistas y de centro, necesitó siempre de una base común unificadora, que sorteara las posturas ideológicas de difícil unificación. Esa base común fue desde siempre su programa.

Un programa que obviamente no se mantuvo inalterado a lo largo del tiempo, sino que, por el contrario, fue sufriendo sustantivas modificaciones tanto en sus contenidos como en sus formas. En 1971 el Frente Amplio incluía 30 medidas concretas que entre otras cosas establecían a texto expreso la reforma agraria, la nacionalización de la banca, del comercio exterior y de la industria frigorífica. Lo cierto es que el acuerdo base fue mutando en sus contenidos influido por los cambios de contextos y por la estrategia de crecimiento del Frente Amplio posicionándose más al centro -vale recordar la creación del Encuentro Progresista primero y la Nueva Mayoría después-  pero también fue cambiando significativamente en sus formas.

A los programas con contenidos más o menos claros y detallados sobre cuáles serían las líneas de acción del Frente en el gobierno, le sobrevinieron programas cada vez más generales y con menos detalles. Un hito en este proceso fue sin dudas el alto costo pagado en las elecciones de 1999 cuando Jorge Batlle basó su campaña electoral no en el programa de su partido, sino en el programa de su principal oponente: el Frente Amplio. Es que el Frente Amplio había incluido en el mismo la reforma tributaria, detallando de manera poco clara la instrumentación del impuesto a la renta y con contradicciones surgidas del mismo documento.

"El Otro Programa" fue un dolor de cabeza, al que se le sumó algún asesor económico bastante errático que cocinó electoralmente al Frente Amplio en su propio caldo. Para 2004, lección aprendida, la cosa ya fue nítidamente diferente: "Grandes Lineamientos Programáticos 2005 - 2009" se presentaba con orientaciones generales, que fueron completadas por el candidato lanzando cada uno de los 4 grandes ejes temáticos en distintos puntos del país, con propuestas aparecidas para la ocasión y con fuertes respaldos técnicos desde lo comunicacional, aunque escaso soporte escrito. En materia económica se alejó aquel fantasma de 1999 con un anuncio que se convertiría hasta hoy en el eje central de la política y conducción económica: Danilo Astori sería el Ministro de Economía y quien tendría la palabra en cada ocasión que la materia estuviera en debate. Después, la historia es conocida, el éxito acompañó electoralmente al Frente Amplio en forma ininterrumpida durante tres elecciones, le pese a quien le pese.

Pero luego del primer gobierno vino el segundo y ahora el tercero. Y ya disipado el temor del fracaso electoral, lejos de volver a repensar el programa desde una perspectiva de formas y contenidos diferentes, la estrategia se profundizó: documentos laxos y lavados se presentaron para las elecciones de 2009 y 2014 respectivamente.

EL AGOTAMIENTO DE LA BASE DE ACUERDO

Toda esta historia, que ya se hizo larga, viene a explicar un poco lo del título. El programa es hoy uno de los principales dilemas para el Frente Amplio. Es que tras 15 años de gobierno la base de acuerdo común entre la izquierda, el progresismo y el centro, empieza a agotarse. El país ya logró sanearse de la crisis que ayudó al ascenso del Frente Amplio y ahora debe comenzar un proceso de profundización para lo cual se hace imprescindible optar por uno de los por lo menos dos grandes caminos que se presentan (sin con esto dejar de reconocer los múltiples matices y vertientes)

Groso modo, se puede mantener los objetivos iniciales y profundizar el modelo a través de una visión "progresista, de centro izquierda" basada en la diversificación económica y productiva abierta e integrada, donde la inversión pública juega su rol pero también la privada, donde se abre el país al comercio internacional, priorizando la integración regional pero sin desconocer el comercio mundial, profundizando los derechos y la libertades, creciendo y distribuyendo pero sin descuidar la macroeconomía que nos posiciona en el concierto internacional como país atractivo para la inversión extranjera lo que genera crecimiento interno y sostiene la calidad de vida alcanzada sin aumentar las cargas tributarias hasta tanto no se haya alcanzado una eficiencia en los actuales niveles de gasto e inversión pública; o bien se puede ensayar un modelo de profundización de corte "giro a la izquierda" con una mayor intervención del Estado en la economía aunque esto implique el crecimiento del déficit fiscal, aumentando los niveles del gasto para mejorar los servicios, aumentando las cargas impositivas en las clases medias y altas, tratar de reconstruir la debilitada integración regional postergando la apertura comercial y rechazando los acuerdos e instrumentos en función de concepciones más ideológicas que pragmáticas sobre los mismos, generando industrias nacionales estatales testigos (cárnica, pesquera) y estableciendo mayores controles y gravámenes a la inversión privada, a la inversión extranjera e importación. Está claro que lo que viene de decirse es una grotesca caricatura de brocha gorda a dos concepciones visiblemente en pugna en la interna frenteamplista.

El tratamiento del TLC con Chile es un ejemplo de ésto. ¿Contradice el programa? No. ¿El FA tiene las mayorías para votarlo? Si. ¿Por qué a 17 meses de su firma será considerado por un plenario? Porque no hay acuerdo en su interna para votarlo, porque en el fondo emergen las dos visiones en pugna, que como el programa laxo no fue capaz de resolverlas, reabre la discusión política ante cada acción de gobierno donde la contradicción emerge con más o menos fuerza dependiendo de las sensibilidades, contextos y necesidad de perfilarse.

4to GOBIERNO: POSIBLE, PERO ¿VIABLE?

Esto tiene un serio problema y es que los períodos de gobierno son de duración limitada, 5 años. Si el Frente Amplio sigue postergando las discusiones de fondo a la hora de elaborar y votar su programa (para lo que dispone de largos períodos de tiempo y de una amplia discusión como ninguna otra organización política nacional), para luego revisarlas en instancias internas cuando el gobierno debe actuar, se corre el riesgo de insumir un tercio del tiempo de gobernar en procesar acuerdos internos, como en este caso, que es tan solo un gráfico ejemplo.

Desde la presidencia del Frente Amplio se achaca públicamente una y otra vez sobre la construcción programática, jactándose del proceso. Y está bien que lo haga, porque es un proceso digno de jactancia.

El problema vendrá con el producto de dicho proceso, porque si nuevamente la vaguedad gana al documento programático del Frente Amplio, el cuarto gobierno frenteamplista que aparece hoy como muy posible tiene pocas chances de ser efectivamente viable.

Entonces si tenemos un gobierno con la base común prácticamente agotada,  sin definiciones sobre cuál camino seguir para profundizar el proceso al que le sumamos la hipotética ausencia de mayorías parlamentarias, la inviabilidad aparece como una consecuencia inevitable, porque a la necesidad de gobernar aguardando las definiciones del Plenario, se le sumarán después las negociaciones con otros partidos para alcanzar las mayorías, lo que seguramente implicará renunciamientos sobre lo acordado en un Plenario y vuelta a su seno y un círculo vicioso que se consumirá todo el tiempo útil sin avanzar para uno u otro lado, simplemente manteniendo inerte lo conquistado, que es mucho, pero para una sociedad que quiere avanzar siempre será insuficiente.

Simbólicamente, todo esto está en juego el sábado en el Plenario del Frente Amplio. El TLC, al fin y al cabo, no es más que una anécdota. 

 





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