Vivian Trías y Checoslovaquia: ¿qué sabemos hasta ahora?).

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No es lo mismo venderse que colaborar

Luis C. Turiansky

06.05.2018

En La Diaria, con fecha 17.3.2018, aparece por fin un análisis objetivo y serio sobre los pormenores de la posible colaboración de Vivian Trías con el servicio secreto checoslovaco (Aldo Marchesi y Michal Zourek, "Vivian Trías y Checoslovaquia: ¿qué sabemos hasta ahora?).

Siendo uno de los que intervinimos en la polémica y de manera comprometida, me inclino ante el trabajo de los autores mencionados y reconozco su calidad periodística. De su investigación publicada se desprende: 1º- Que es posible, aunque no seguro, que V. Trías proveyó conscientemente de informaciones al servicio secreto checoslovaco StB ("Seguridad del Estado"), 2º- Que el motivo no sería fundamentalmente económico ni de traición a los intereses nacionales, sino la coincidencia política en una serie de cuestiones, como la solidaridad con Cuba, el enfrentamiento a Estados Unidos y el acercamiento a las posiciones del bloque de países socialistas en la guerra fría. 3º- Que esporádicamente el servicio le hizo entrega de ciertas sumas de dinero (nada exageradas, por cierto) para hacer frente a sus necesidades, agravadas al perder el PS el apoyo económico de la Internacional Socialista, de la que se retiró, y para financiar algunas publicaciones suyas, así como para ayudar a algunos exiliados (brasileños, entre otros). 4º- Que los jefes en Praga eran conscientes de que estaban tratando con un socialista, no un comunista, y que si bien podían coincidir en varios temas, el uruguayo no escondía sus discrepancias con ciertos aspectos de la realidad de los países del bloque soviético. 5º- Que, sin embargo, la jefatura nunca trató de intervenir en el contenido de las publicaciones a las que ayudaba financieramente. 6º- En ningún momento surge de esta relación una actitud de entrega de informaciones confidenciales sobre el movimiento de izquierda uruguayo o la identidad y paradero de compañeros en la clandestinidad, y cuestiones por el estilo.

Vistas así las cosas, cabe preguntarse: bueno, entonces, ¿dónde está el mal? Porque,  evidentemente, si un servicio secreto de otro país está interesado, por equis motivos, ya sea políticos o estratégicos en el marco del interés hegemónico de la Unión Soviética, en ayudar a la izquierda de otro país, bienvenida sea. Probablemente sea esto lo que pensó Trías pragmáticamente, si es verdad que colaboró conscientemente. No era la CIA.

Los autores incluso comparan la transparencia total que existe en el Archivo de los Servicios de Seguridad de la República Checa con situaciones similares, por ejemplo en Estados Unidos. En alguna intervención mía no fui tan lejos, tan solo cité el caso del Archivo de la Stasi en Alemania, que se rige por reglas más estrictas a la hora de entregar información a los que la piden, y no lo hice para elogiar a los checos sino para señalar que la apertura de puertas ilimitada puede servir a intereses espurios de difamación de políticos de izquierda, tal como se ha visto en los casos de Trías y Corbyn.

En el fondo, el origen de la dudas está en el país que encaró su apoyo y también porque lo hizo por canales inapropiados, de naturaleza secreta. ¿Debía entonces rechazarse? ¿Y cuál sería la reacción de los medios si, en lugar de la Checoslovaquia alineada en el Pacto de Varsovia, la ayuda hubiera venido de Suecia o de Bélgica (me consta que sí existió)?

Los autores prometen proseguir la investigación y está bien. En todo caso, gracias por haber aclarado el panorama. Al menos sabemos que no hubo mala intención, como se ha insinuado.

Luis C. Turiansky



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