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“VOLEMOS A TRAVÉS DE LA NIEBLA Y DEL AIRE CORROMPIDO”

Ismael Blanco

07.05.2018

Cada palabra escrita por insignificante o intrascendente que parezca siempre tiene el valor que al quedar estampada en un papel asume a exponerse a la polémica, a la crítica y eventualmente en ocasiones al escarnio. ¿Pero acaso las ideas si merecen calificarse como tales no deberían tener ese valor y estar dispuestas a arriesgarse y aventurarse a la querella y si es necesario llegar al extremo de la pelotera y la revuelta?

Cada palabra, cada pensamiento no tiene que tratarse de una sentencia y mucho menos de un pronunciamiento santificado, simplemente debe tener la dignidad de expresar a través de ella lo que uno piensa, sin temor, sin prudencia y mucho menos sin alcahuetería más aún cuando se trata de los problemas que nos andan, que van a cuestas de los hombres, de cualquiera de las actuales circunstancias y sobre todo cuando se trata de dar opinión sobre los “altri tempo” y hacerlo sin esconderse, sin avergonzarse y sin humillación.

La palabra escrita que no busca la comodidad del cálido aplauso, del bonito elogio, la que se rebela, la no se vuelve genuflexa ni por necesidad ante el burócrata o el numerario, la que no se torna conversa aunque la doblen a palos a causa de la rigurosa realidad y asume un riesgo: el de quedar desguarnecida y sola y hasta perdida.

Pero si así fuera, siempre vale la existencia al menos de una sola palabra que se plante gallarda, y que aborrezca al poderoso, que abomine al converso, al oportunista y al cobarde para salvar nuestra dignidad.

Generalmente el que escribe, así se trate de garabatos lo hace por alguna razón, por algún impulso que le surge de su espíritu, por algún dolor que le viene del alma, y muchas veces por la bronca cuando se ve cercado por la impotencia de advertir tanta hipocresía, falacia y doblez en el tiempo que nos toca vivir.

Las palabras que dicen; aquellas que alzan su voz, siempre tienen un buen fundamento para volverse insubordinadas, no surgen por imprevisión o por levantarse alunado por una mala siesta; o por una disputa conyugal o riña callejera. Y a veces, cuando salen las palabras con forma de improperios –cosa que me ha pasado- sus buenas razones tienen.

Todo esto viene a cuento, porque en los últimos tiempos se me viene agudizando, tal vez por razón de vejez, los límites de la paciencia y la tolerancia para con el llorón, el olvidadizo y el ingrato. Ni que hablar que de peor manera soporto al individualista o aquel calculista eficaz que siempre piensa “donde voy a caer o que me va a tocar”, esos insuperables artistas que practican el oficio del equilibrista sobre el grueso colchón a sólo unos centímetros de altura.

Generalmente estos individuos que abundan más de lo que pensamos, son los pesimistas, los consternados, los fruncidos, los afligidos, que a la epopeya la conocen por cuentos y al adversario y mucho más al enemigo les llega por los diarios o lo descifran por internet. Ahora bien, me juego la ropa que nunca, siquiera de casualidad o por eventual contingencia, conocieron una fábrica, a la producción; y jamás tuvieron que pedir la palabra en una febril asamblea tanto obrera como estudiantil, de esas de rompe y raja. Son los que nunca soportaron ni una huelga, así sea mediana ni compartieron una olla popular.

Estos sujetos que trajinan por los pasillos de la vida y por los corredores de la política, son los que derrochan desanimo y descreimiento en el gobierno ante la menor dificultad, son los mismos que desarrollaron una especie de “oído perfecto”, pues hablan y hacen a través de el; lo que en la música es un don pero en la política se trata de una inmensa vergüenza.

Cada día descubro que los más necesitados, los que tienen poco, lo que viven sin berretines, los que son auténticos, los que se muestran como son, esos que generalmente no ocupan “sillas ni sillones”, ni su voz muchas veces es escuchada, son los más comprometidos con el cambio y el proceso que se va llevando adelante por la izquierda y el progresismo en nuestro país.

Advierto que hay muchos que a la épica sólo la admiran cuando la leen en un libro, pero presumen de ella. Solo saben de la épica cuando se las cuentan como una historia, como un asunto que les tocó a terceros pero se invisten con ella como el ladrón que les roba la ropa a un muerto o a un indefenso. Dan asco, porque toda la epopeya y la heroicidad la pierden en una milésima de segundo cuando se les toca un céntimo de su bolsillo, y flaquean cuando se atragantan de ver tanta porquería por televisión y menguan leyendo los chismes y las patrañas de medios como “Búsqueda” –o se preocupan por una provocación de “El País” o de “El observador” y dándole crédito y se deprimen y se embuchan de manijeros que hablan por las radios.

Me pregunto, casi como un iluso que pasaría si en vez de perder ese tiempo tan sagrado prestando oídos a la derecha, habláramos de nosotros, de los compañeros. Si nos preocupáramos y nos proporcionáramos abrigo con los nuestros, con los muchos, que son nuestra gente, nuestro pueblo.

Me pregunto, porqué no nos referimos más las centenares de acciones diarias que dan felicidad a los que menos tienen? ¿Será acaso que desde la distancia a veces las cosas se ven más claras y por eso nos reconocen más los pueblos del mundo que nosotros mismos, ellos ven y valoran que el Frente Amplio, la izquierda uruguaya con sus marchas, contramarchas, con sus rengueras y macanas es un modelo a seguir que alumbra la esperanza de muchos pueblos no sólo de nuestra América si no de la Europa derechizada y hasta fascistizada.

Es alarmante advertir que hay compañeros que compran todo o gran parte del verso que pretende imponer la derecha con aquello de la “década perdida”. No lo entiendo, y muchas veces me represento esta actitud y la asemejo con la incapacidad del boxeador que sólo sabe pelear contra el contrincante que le hace de sparring pero que es incapaz de recibir golpes de un contrincante profesional. ¿Es acaso tan difícil asumir con decoro que también nos equivocamos y bien que erramos? ¿o acaso debemos creer que ser de izquierda o progresista trae consigo la chapa de la infalibilidad?

Necesitamos no olvidarnos, que lo que siempre nos distinguió desde Seregni en adelante fue nuestra capacidad de asumir los errores y salvarlos a tiempo, aún con el dolor más profundo. De la otra parte del pueblo honrado - blanco o colorado, independiente o sin partido - lo que nos distingue no es que seamos mejores si no de que lado con consciencia nos paramos en la historia y en las circunstancias. Desde la izquierda no aceptamos hacer la vista gorda, y lo que decimos lo hacemos aunque esto que nos distingue no lo reconozca la reacción y la derecha.

A pesar de los hombres, y de los errores, no podemos perder de vista que es a nuestros ideales y propósitos que le dedicamos nuestros mejores esfuerzos y es al ciudadano y al más débil al que defendemos, y no con palabras si no con acciones que se pueden ver y tocar.

Y ahí esta el Mides y sus planes; y ahí está el Plan Ceibal y sus niños y jóvenes; y ahí también encontramos que no perdimos si no que ganamos en una década, los que vivimos de nuestro trabajo, más de un 62% del salario real; y ahí a la vista de todos tenemos a los hospitales públicos que están a la misma altura o más a los servicios privados; y más allá encontramos una nueva matriz energética algo impensable en tan poco tiempo –ciencia ficción si me lo hubieran dicho en el año 2005-; por eso más allá de lo que se dice y de lo que se dirá, aumentó la matrícula estudiantil incorporando a miles de jóvenes excluidos de ella, y existe aunque a regañadientes lo tengan que informar por verse en la obligación legal, un sistema de cuidados que emula a las sociedades más avanzadas y protege a quienes los más lo necesitan y a la vez genera trabajo, que va lento, sí es cierto, pero que va!- y podría seguir, ya que tenemos a la cultura con sus fondos y al arte que compite con puestas en escena con niveles de excelencia gracias a los artistas y también a los recursos que nunca antes se destinaron y por si acaso fuera necesario aclarar, no discuto que todavía falta y cuando se alcance a ese “falta” aún seguirá faltando.

Ahora bien por estos logros yo me quedo con lo actuado y con mis palabras y con mis vocablos y evito las otras palabras y los vocablos llenos de odio y de rencor, de oscuridad, de balas, de muertos, de policiales y de necrología.

Por las razones expresadas es que nunca me gusto eso de autodefinirme como “izquierdista pragmático” como si uno más que un político que hace política por ideas fuera más bien una especie de "experto" en administrar coyunturas, No!, nada de eso!, esa autodefinición no es de izquierda y me sabe más a lenguaje empresarial que a de luchador social. Y por esa razón prefiero ser un izquierdista o un progresista para ser más amplio, y definirme como un militante realista que asume nuestras virtudes y defectos y que se empeña en potenciar las virtudes y de arrancarse así sea a patadas en el culo los defectos y las debilidades humanas que todos sin excepción tenemos.

Ya es de madrugada. Voy finalizando. Una idea me repica y es la necesidad de confiar en nosotros mismos y en nuestra fuerza de cambio y por eso a mis amigos les digo una y otra vez que debemos vencer el pesimismo, ese mal hábito de “la masticación”, del mal seño, del fruncimiento y del "todo esta mal" ante las dificultades que emergen como si este rinconcito del mundo que es nuestra patria fuera parte de otro planeta.

En poco más de un año se juega una vez más la suerte de lo hecho y para nuestra fortuna en las urnas; de manera democrática y con plenas libertades y eso es puro mérito de nuestro pueblo que caro lo pago para que así fuera y ahora “los otros”, lo que todo lo critican, la derecha con toda su prensa y sus partidos, la del Herrerismo, con su De Posadas, con sus “Conrados”, con sus “Juan Pedros”, con su Etchegoyen y Aparicio Mendez que nada hicieron para que eso sea así, vendrán a presentarse con los globos de colores, y traerán palabrerío de transparencia y pulcritud por el simple hecho que no suelen cotidianamente mirarse en el espejo y mucho menos en su historia.

Esto trae a mi la primera escena del Acto IV de “La tragedia de Macbeth” cuando llegan las tres brujas y digo, dejemos que los malos augures hagan conjuros, cocinen pócimas y brebajes con ponzoña y venenos! y como ellas dicen “volemos a través de la niebla y el aire corrompido!”

 



Dr. Ismael Blanco



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