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El premio Nobel a la OTAN

Luis C. Turiansky

27.05.2018

El presidente colombiano saliente, Juan Manuel Santos, Premio Nobel de la Paz 2016, acaba de anunciar su viaje a Bruselas con el fin de firmar con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) el ingreso de Colombia como cooperante mundial (o "socio global" según la jerga de la Organización).

Quien esto escribe felicitó al mandatario colombiano por su coraje al perseverar en el diálogo con las FARC hasta lograr el Acuerdo de Paz que le valió el Premio Nobel de 2016, aunque no concedido también a la otra parte, las FARC (uy.press, 14.12.2016). Fui sincero y no lo lamento. Pero los hombres somos imperfectos y me creo obligado hoy a decir que la decisión del laureado de llevar al primer país latinoamericano a las filas de un bloque militar de triste fama como es la OTAN da por tierra con todos sus méritos pacifistas anteriores.

La OTAN no es cualquier organismo de cooperación militar. Es un resabio de la guerra fría que debió disolverse junto con el Tratado de Varsovia aquella vez, cuando en Malta los presidentes de Estados Unidos y la URSS proclamaron solemnemente el fin de la confrontación. El bloque soviético se disolvió solo, al empuje de los cambios que derribaron a los gobiernos socialistas de Europa central y oriental, pero la OTAN siguió en su lugar tercamente. ¿Para qué? Para seguir cumpliendo su papel de instrumento armado de la política exterior de Estados Unidos.

Porque ha de saberse que, de hecho, toda la estructura del Tratado del Atlántico Norte está supeditada a los designios y la voluntad del Gobierno de Estados Unidos. Aun teniendo su sede en Bruselas, Bélgica, de hecho se rige por el  Derecho Norteamericano. Así por ejemplo, por el artículo 10 del Tratado es posible, con el acuerdo unánime de las partes, invitar a otro país europeo a adherir al mismo, pero su protocolo de adhesión debe comunicarse, no al Gobierno de Bélgica sino al de Estados Unidos, de modo que debe pasar primero por el "filtro" de Washington, y es el gobierno norteamericano el que informará seguidamente a las restantes partes.

Tras la disolución de la Unión Soviética, la maquinaria bélica de la OTAN ha sido instrumental en la invasión a Irak en 1991, la intervención en Afganistán, los bombardeos de Yugoslavia y Libia, y de hecho es la fuerza principal de la "Coalición Internacional contra el Estado Islámico" dirigida por Estados Unidos en Siria e Irak, con el apoyo simbólico de una treintena de países dóciles. Gran parte de estas acciones tuvieron o tienen lugar sin el consentimiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, es decir, en contravención del Derecho Internacional.

La OTAN reúne en su seno, además, a tres potencias nucleares, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, además de otro "socio global", Pakistán, también poseedor del arma atómica, con lo cual el ingreso de Colombia significa una flagrante violación del Tratado de Tlatelolco sobre la Zona sin Armas Atómicas de América Latina y el Caribe, del cual Colombia es signataria y que el año próximo cumplirá 50 años. Este acto artero tiene lugar en vísperas de las elecciones presidenciales que tienen lugar hoy, domingo 27 de mayo, en las que el señor Santos no es candidato. Dejará a su sucesor este legado ignominioso.

Debería quitarse de la solapa la palomita blanca que siempre luce como combatiente por la paz. No se la merece.     

Luis C. Turiansky



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