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Cuando se afirman las aspiraciones...

Jorge Balseiro

03.07.2018

Una inversión minera o forestal no la hacen capitales golondrinas. Lo realizan por décadas y se evalúan los riesgos asociados.

Uruguay no es una excepción en el mundo. Que los costos suban en Uruguay, es más que esperable, sobre todo cuando viene un crecimiento económico luego de la peor crisis de la historia que hundió los ingresos de trabajadores y empresas.


Si analizamos fríamente nuestra situación, es aceptable pensar que es difícil encontrar dónde sacar provechos redituables, ergo no extraña inversiones o ventas en rubros como soja, carne o pasta celulósica en forma competitiva que no sea el Mercosur.


Tampoco olvidemos que los chinos e hindúes y el resto de las economías emergentes siguen incorporando millones de pobladores rurales al año a niveles de consumo básicos.

Y si alguno de los inversores, luego de concienzudos estudios, ve la inviabilidad de un proyecto, junta las cacharpas, saluda cortesmente y se va.  Minería y petroleo son ejemplos.

Una vez que se dan las maduras para Uruguay es que aparecen los desconfiados y contras que hacen filosofía de boliche.


Y que ven fantasmas hasta en el baño o debajo de la cama.
Ese mismo negativismo que se reía del tren, que nunca terminó de enterarse de las dura batalla del bloqueo de un puente internacional. Allá ellos.

Miremos lo positivo. Las inversiones que buscan un lugar tranquilo en el Uruguay. Una estabilidad que no encuentran en otras latitudes.


El resultado de una dura batalla en pro de esas inversiones pasteras y mineras. De nuevos puertos para dar salida a la producción del Mercosur. Un tren que sirva de conexión. Barcazas que complementen y ahorren combustibles y caminerías.


En fin. Una enorme etapa donde el futuro va adquiriendo nuevas formas.
Abandonamos el tren casi desde que nos lo vendieron los ingleses... Cuando hay una posibilidad y es factible, a trabajar pues.

Un amigo decía hace muy poco que un país que tuviera un río como una banda presidencial en su territorio, seguramente lo utilizaría para transportar por barcazas la producción agropecuaria, industrial y minera hacia su sistema portuario. Uruguay tiene el río Negro. No hay esclusas en sus represas ni barcazas en su curso de agua. Es una gran asignatura pendiente desde el punto de vista ambiental y económico.

Uruguay es la llave del sistema fluvial platense.
Aquella creación por 1828 pergeñada por Lord Ponsomby, el mismo que luego participara de la gestación de Bélgica por 1830.


Ese Estado Oriental del Uruguay, desgajado de las provincias platenses sin que aún fuera nación, es tutelado por sus creadores, no sin conflictos como el conducente a la Guerra Grande. Pero desde el fin de la Guerra de la Triple Alianza (1870) contra Paraguay, Inglaterra lo tutela hasta que la búsqueda de hegemonía en la región de USA se lo disputa y quita en el siglo XX.

El pasaje de Uruguay de la condición de “estado tapón” a la de articulador del bloque sudamericano cuesta mucho e incomoda a mucha gente.


Y esos dolores de parto pasan por la búsqueda de la consolidación de una definitiva y total independencia en la elección de su
futuro. De los tutelajes pero también de las serpientes de Hércules que lo rodean. Porque no es una planta de celulosa. Es mucho más que ello.

Es el futuro de un país donde una compra malparida a los ingleses nos aisló medio país al este que hasta hay quienes opinan de vendérselo a Brasil... desde donde las forestales nos miran con ojos libidinosos...
Y capaz alquilar las  costas del rio Uruguay si los entrerrianos pagan un buen canon...

Un cirujano uruguayo repite algo que mucho importa: la oportunidad es una diosa de pelo corto y pies ligeros. Gran verdad.

Y en esto hay mucho en juego para ese nuevo Uruguay.

El resto… el resto es silencio.

 

Jorge Balseiro



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