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México, un cambio histórico

Esteban Valenti

10.07.2018

Se terminó el tiempo del eterno gobierno del PRI que ocupó la presidencia durante 77 años de los últimos 89 y de las dos sustituciones bastante inocuas del PAN que duraron 12 años.

Con una mayoría abrumadora de más del 53% de los votantes triunfó Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a nivel de la elección presidencial y posiblemente su movimiento el MORENA, tengan mayoría en el parlamento. Además, Claudia Sheinbaum, también del MORENA,  gobernará  la mayor urbe del planeta, Ciudad de México.  Cuando escribo esta nota todavía no se conocen los resultados por las gobernaciones de los estados.

A nivel de las presidenciales, López Obrador triunfó en 31 de los 32 estados de México, solo perdió en Guanajato, la diferencia con el candidato del PAN y el PRD, Ricardo Anaya supera los 30 puntos (22.5%)

México es una realidad nacional que influye en una amplia región del continente, pero además este resultado marca un cambio de tendencia de avance de las fuerzas conservadoras y de derecha en el mundo y en América Latina.

AMLO logró posicionarse como la única alternativa al desgobierno, a la corrupción creciente, a las debilidades frente al gobierno de Donald Trump y su triunfo superó todas las expectativas. El PRI, que hoy gobierna el país con Enrique Peña Nieto sufrió la mayor derrota de su historia con el 16.4% de los votos.

La importancia de este cambio se puede y se debe medir por el discurso, las propuestas y la situación actual de México.

El MORENA y sus aliados entre los que se encuentra un movimiento social de base evangélica el PES, lo que marca un cambio importante en este tipo de colectividades que generalmente apoyan a la derecha, son los que ganaron las elecciones con una muy fuerte impronta personal de AMLO. En un país de fuertes partidos, históricos o recientes, un rasgo central de esta campaña fue la personalización en López Obrador.

Por otro lado las alianzas fueron realmente insólitas en estas elecciones, el PRD (la izquierda tradicional y en franca decadencia) se unió electoralmente al Partido de Acción Nacional (PAN) la derecha y con la centro derecha del Movimiento Ciudadano.

AMLO no es en absoluto alguien externo al sistema, fue dirigente del PRI, presidente y candidato del PRD y además Jefe de Gobierno del Distrito Federal del 2000 al 2005. El balance ciudadano de su gobierno en la capital fue notoriamente muy positivo. La gente también lo conoce como hombre de gobierno. Esta es además su tercera candidatura presidencial.

AMLO tuvo que formar su propio movimiento, porque la izquierda tradicional, que gobernó varios estados de México e incluso la capital, está en franca decadencia y fue absorbido por el propio sistema de los partidos tradicionales.

Su discurso, sus propuestas y posiciones, se definieron en torno a una política económica y social de cambios responsables y su acento principal fue su batalla contra la corrupción y contra las castas políticas tradicionales, responsables según López Obrador de la crisis y los problemas estructurales de México. El era la alternativa ante los dos partidos que ya habían gobernado (PRI y PAN) y, el PRD que no tenía ninguna posibilidad.

Tuvo no solo que hacer la campaña electoral sino organizar desde abajo un movimiento capaz de disputar las elecciones y la presencia política en todo el territorio nacional. Fue realmente una enorme batalla muy bien resuelta.

Sus posiciones, siendo claramente de alternativa, fueron pragmáticas y de tono nacional y de búsqueda de un amplio espectro político, social, cultural para sacar el país adelante.

Otro de los temas centrales, unido a la lucha contra corrupción imperante a todos los niveles, incluso en la propia presidencia de Enrique Peña Nieto y su entorno político y familiar es su batalla contra la violencia. En el año 2017 hubo en México 27.000 asesinatos, un nivel nunca antes alcanzado y donde los carteles de la droga parecen no detenerse ante nada, asesinando a políticos, candidatos, jueces, periodistas y todo lo que se les oponga. Ambas batallas, contra la corrupción y la violencia, serán muy difíciles y marcarán el éxito o el fracaso del nuevo gobierno.

AMLO tuvo una ayuda inesperada, el gobierno de Donald Trump, ante los silencios o las medias palabras del actual presidente, no solo tomó posiciones muy claras y firmes de defensa de los mexicanos, sino que además recorrió diversas ciudades y zonas de los Estados Unidos golpeando duro las posiciones racistas y xenófobas del presidente Trump. Y este es un tema, naturalmente muy sentido en México.

Pero el factor principal es sin duda es una sociedad harta de la situación económica y social, de los fraudes, de la corruptela, de la violencia, de la genuflexión ante los EE.UU. Y esto hay que tenerlo muy en cuenta para el futuro sexenio que comenzará en el mes de diciembre cuando asuma AMLO y las tensiones serán muy altas.

Sin una reconstrucción muy profunda de la dirigencia política, social, sindical, empresarial e incluso de los medios de comunicación desde el punto de vista democrático, será imposible cumplir con los objetivos propuestos.

Se han dado las mejores condiciones políticas, con este resultado abrumador que no solo cambiará el titular de la residencia presidencial de Los Pinos, sino el congreso y varias gobernaciones y México D.F. lo que demuestra el estado de la opinión pública mexicana.

Claro que ya se ha levantado la campaña en algunos medios y sobre todo en las redes para sembrar la duda o la certeza de que López Obrador se encaminará por la senda de Maduro, o de Ortega. Nada lo hace presagiar, ni en sus definiciones ideológicas ni en su trayectoria política, ni en su campaña electoral. Al contrario, sus definiciones son profundamente democráticas.

En su primer discurso como presidente electo y asumiendo plenamente su papel de primer mandatario su mensaje ha sido muy claro en ese sentido: "Es un día histórico y una noche memorable", afirmó AMLO. "Una mayoría ha decidido iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México", y hizo un llamado a la reconciliación nacional rumbo a su Gobierno, que se inicia el 1 de diciembre.

Con gesto adusto y serio, sin ningún triunfalismo, llamó "a todos los mexicanos a poner por encima los intereses personales por legítimos que sean. Hay que poner por encima el interés superior".

 "No apostamos a construir una dictadura, ni abierta ni encubierta", explicó en referencia a quienes lo han tildado de ser un político populista de vena autoritaria. En cambio, anunció cambios profundos "con apego al orden legal". "Habrá libertad empresarial, de expresión, de asociación y de creencias", dijo entre aplausos de sus seguidores. No obstante, dejó muy claras sus prioridades: "Escucharemos a todos, atenderemos a todos, respetaremos a todos, pero daremos preferencia a los más humildes y olvidados, en especial, a los pueblos indígenas".

El candidato vencedor no dejó fuera de su primer discurso el tema que lo ha obsesionado a lo largo de los doce años en que ha sido aspirante: la corrupción. López Obrador aseguró que su Administración revisará los contratos que se han firmado en la reforma energética promulgada por el actual Gobierno para prevenir ilegalidades. "Si encontramos anomalías que afecten el interés nacional se acudirá al Congreso y a tribunales nacionales e internacionales. Siempre nos conduciremos por la vía legal".

"La transformación que llevaremos a cabo consistirá en desterrar la corrupción de este país", explicó. López Obrador dijo que no tolerará malas prácticas de nadie. "Bajo ninguna circunstancia, el próximo presidente permitirá la corrupción ni la impunidad", agregó antes de lanzar una advertencia. "Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares".

Un mensaje fundamental para todas las democracias de América Latina, y para las izquierdas, incluyendo la nuestra. Podría ser un cambio histórico no solo para México.



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

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