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Tarda, pero (finalmente) llega...

Fernando Gil Díaz

12.07.2018

Al igual que la Justicia -a la que siempre se le tilda ese defecto dilatorio- se aplica la máxima a otro ente inmaterial que nos congrega y organiza como sociedad: el Estado

Esa demora en hacer sentir su presencia se equipara a un tiempo demasiado largo en que un barrio entero de la capital uruguaya debió esperar para que junto con aquella llegara don Estado a derramar una multiplicidad de servicios que fueron dejando en absoluta indefensión y rezago a los vecinos que eligieron ese lugar para vivir. Aquello de la teoría de las ventanas rotas se cumplió sin excepciones en Los Palomares, nombre con el que se conoce a la Unidad Misiones de Casavalle. Un día se rompió un foco de luz y no se repuso, otro día se construyó una extensión de una vivienda del complejo de forma irregular y nadie la observó, y otro día dejó de pasar el recolector domiciliario de residuos y así, poco a poco se fue tugurizando el lugar. Hoy empieza una nueva etapa, donde el Estado retoma el lugar que nunca debió ceder y los vecinos lo celebran. Un proceso de deterioro que excede en décadas a este Gobierno, algo que también es cierto. Tardó, ... pero al final llegó el Estado y será para quedarse.

De Chacarita a Los Palomares

El 7 de abril de 2011 se realizó en el barrio Chacarita de los Padres sobre Cno. Maldonado, un despliegue policial que llamó la atención de los vecinos y fue noticia de todos los medios de prensa. Era la primera vez en la novel administración que se tomaban acciones policiales de esta envergadura para dar respuesta a la creciente inseguridad que pasó a ser la principal preocupación de los uruguayos.
Montevideo era -y sigue siendo- la principal jurisdicción donde ocurre el mayor porcentaje de delitos y ya entonces se imponía la respuesta para poner freno a ese crecimiento. Pero no era una simple incursión policial ya que aquellos operativos se inspiraron en una acción más amplia donde otros organismos del Estado acompañarían la intervención para generar ese derrame de ciudadanía que pulsara por un cambio radical en la zona. Así, se había planteado la realización de campañas de vacunación y la llegada de otros servicios públicos que provocaran un impacto en una zona que carecía de los mismos y sufría el avance de la delincuencia cual si se trataran de zonas liberadas del dominio estatal.

Lamentablemente aquellos operativos -que se sucedieron por otras zonas de Montevideo y Canelones, fundamentalmente- no lograron el acompañamiento del resto de los organismos del Estado ni de otras carteras ministeriales, quedando como meras acciones policiales que ya se adelantaban (por el propio Ministerio del Interior) como insuficientes para dar solución verdadera a los problemas de inseguridad.
Ya entonces -año 2011- el extinto director de la Policía Nacional - Julio Guarteche- refería a la necesaria existencia de una "percepción compartida de la amenaza" para enfrentar con éxito a la delincuencia. Un concepto que entonces no prendió en el resto de los protagonistas invitados a entenderlo y aplicarlo para dar efectivas soluciones a los problemas de seguridad. Máxime entendiendo a esta con la integralidad que ostenta por cuanto no es un tema que atañe exclusivamente a la Policía sino que atraviesa a toda la sociedad y -por lógica conclusión- a otros actores públicos.

Aquella lucha en solitario para enfrentar un problema que se presentaba en todos los niveles sin excepciones, no lograría resultados permanentes sino efímeras soluciones que pronto se reproducirían con más fuerza. 
Nunca se trató de eludir responsabilidades sino de aplicar soluciones efectivas y duraderas. Acciones conjuntas del Estado que tuvieran como efecto multiplicador la mejora de la convivencia y el disfrute de una ciudadanía de calidad que redundara en bajar los niveles de conflicto.

Quizás lo más significativo de aquel período fue el Plan 7 Zonas, que comulgó aquellos conceptos y plasmó en siete territorios de Montevideo y Canelones, acciones concretas de mejora de espacios y servicios públicos para generar un impacto que en gran medida se logró. Sin embargo faltó darle continuidad a esa medida y fallamos todos.

Otros vientos...

En este período de gobierno la seguridad siguió siendo un tema preocupante y aquellos diagnósticos evolucionaron a estas enfermedades que había que atender con urgencia. Y el caso de Los Palomares fue una gota enorme que provocó un desborde impostergable. La delincuencia actuó con total impunidad desalojando vecinos y haciendo de la zona un lugar de miedo que se manifestaba en un silencio de omertá, que nadie se atrevía a romper.

A pocos días de finalizar 2017 se impuso -nuevamente- una importante acción policial, donde se atacó quirúrgicamente el foco de una banda que asolaba la zona y atemorizaba a los vecinos habiendo desalojado a más de un centenar de sus viviendas de la Unidad Misiones. El Estado debía responder con autoridad pero, esta vez, no iría solo la pata policial. Una importante coordinación interinstitucional derivó, luego de la desarticulación necesaria de la banda de "Los Chingas", (cuyos principales dirigentes cumplen prisión),  en un censo completo de todo el complejo habitacional y la demolición de edificaciones irregulares o en riesgo edilicio inminente.

El Estado empezaba así a tomar partido en una zona crítica en la que viven muchos trabajadores y  jubilados, escolares y estudiantes, ciudadanos todos que merecen un cambio radical donde las instituciones públicas digan presente acercando los servicios e inundando de ciudadanía a la zona. 
Hoy se devolvió circulación vial con la apertura de la calle Volpe, se restituyeron las luminarias y se procedió a un verdadero shock de limpieza que desapareció los endémicos basurales. Los bomberos no acudieron a apagar ningún incendio sino a limpiar con sus mangueras a presión, las ennegrecidas veredas que hoy recuperaron su color inicial.

Tardó, es cierto, pero finalmente llegó. Que esa demora fue mucha, lo sabemos todos, pero lejos de hacer foco en la demora pongamos todos los esfuerzos en la permanencia y profundización de las medidas. Lo reclama la inmensa mayoría de la población de esa zona, y de otras que esperan por acciones similares.
Es posible, los hechos lo están demostrando. Los Palomares empieza a mostrar su mejor cara, y solo bastó que todos compartieran aquella percepción de la que hablaba Guarteche.





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