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Casavalle y la izquierda

Milton A. Ramírez

13.07.2018

Los Chingas se pasaron de rosca. No contentos con las ganancias del narcotráfico y otros negocios anexos, se les dio por echar a familias enteras, y por decenas, de su casas en “los palomares” de Casavalle.

Como no se puede estirar tanto la piola generaron una situación tipo bumerang que les cayó en la cabeza y los metió a todos presos en unas cárceles espantosas como lo son el Comcar o Libertad.

Ahora, caterpilas y bulldozer en mano, y liderados total y absolutamente por el Ministerio del Interior, "los palomares" empezaron a ser demolidos rigurosamente y demolidos con precisión quirúrgica.

El laberinto de calles, con la Gustavo Volpe terminando en una inefable escalera- mezcla de vallado y trinchera de la primera guerra mundial-, fue aplastado, alisado y hoy va rumbo a la pavimentación y la instalación de múltiples focos de alumbrado público.

"Los palomares" eran un territorio comanche, Perez Reverte dixit. Entre 2005 y 2010 el Ministerio del Interior debió desarrollar operativos de saturación con cientos de efectivos y decenas de equipamiento pesado para poder parar el desmadre de los delincuentes.

Eso no bastó. No podía bastar. Luego se desató una guerra entre grupos narcos de Casavalle por una lado y del Borro por otro y también del 40 Semanas. Guerra que no es más que una competencia, muy capitalista, por el dominio del mercado, en este caso por el mercado de la droga y algunas otras cosillas adicionales.

También liderado por el Ministerio del Interior y el Ministerio de Defensa, el Gobierno lanzó el Plan por la Convivencia y definió las obras de las Plazas de la Convivencia, dónde Casavalle tuvo la primera de ellas.

El barrio cambió mucho. Muchísimo. Pero con eso no iba a alcanzar. Faltaba Estado. Faltaban obras urbanas, inserción de todos las instituciones del Estado para consolidar un entramado de empoderamiento del propio Estado y darle un tiro letal en la línea de flotación a las bandas narcos del barrio.

Eso no pasó en la cantidad y calidad que había que realizar y fue el Director Nacional de Policía quien reveló que era lo que faltaba, quienes eran los que no hacían sus deberes y quienes eran los que actuaban más como un palo en la rueda que como una solución a los graves y duros problemas.

Recordemos que ninguna institución estatal se animó a realizar un censo en "los palomares". Que ninguna institución estatal o municipal se animó a rediseñar la trama urbana de "los palomares". Que ninguna institución estatal, hasta que el Ministerio de Interior se metió con todo dentro de "los palomares", una vez más, no sabía que la tuberculosis campeaba.

Entonces hay que decir que los partidos blanco y colorado no entendieron nada a la hora de pedir renuncias. Apuntaron contra el Ministro del Interior, porque no entendieron lo que pasaba. Si tenían que pedir renuncias esas debieron ser en la titularidad del MIDES (que como dijo el periodista Gabriel Pereyra tiene la increíble habilidad de volar debajo de los radares de los medios de comunicación), del Ministerio de Vivienda Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente (dicho se de paso las viviendas eran un caos, el ordenamiento un caos y el medioambiente otro caos), de la Intendencia de Montevideo (basura, alumbrado, políticas sociales, urbanismo y espacios públicos), del Ministerio de Salud (tuberculosis había, repito ¡tuberculosis! no pediculosis, atenti).

Blancos y colorados son contumaces en no entender los problemas sociales de las gente pobre. Por eso sus soluciones son, o bien aumentar la penas, o bien militarizar los barrios, o bien pedirle la renuncia al Ministro del Interior que llevó a la policía, a la Guardia Republicana, que infiltró a las bandas, que las capturó, las mandó presas y las tiene guardadas en el Comcar.

No todo son flores para el Ministerio del Interior, por cierto. Pero la izquierda tiene graves problemas y dejaron a sus compañeros de gobierno en offside. En tanto blancos y colorados están en otra sintonía, casi en otro planeta, cuando abordan estos temas.

Prefiero a una izquierda subida a las caterpilas y bulldozer contra la delincuencia, los criminales y el lumpenaje, que una izquierda pusilánime y dubitativa, que la deja dormir en los escritorios, con el aire acondicionado prendido,  mientras el tiempo pasa y los pobres se hunden en su exclusión.Ya no se les entiende ni en lo que hablan dijo Layera, "parece que hablaran en chino".

Porque si hay delincuencia es porque hay canteras de donde surgen. Y esas canteras de exclusión social no son un tema de las políticas públicas que deba desarrollar el Ministerio del Interior. Son de las políticas públicas de las que una parte de la izquierda tiene ideas erradas, gestiones erradas, actitudes erradas y sensibilidades muy muy erradas.





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