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Hacen falta poetas

Daniel Feldman

26.07.2018

No pretendo hacer una historia de la “poiesis” o sus derivados, ni mucho menos.

No pretendo hacer una historia de la "poiesis" o sus derivados, ni mucho menos.

Nada más alejado de mis intenciones que adentrarme en los recónditos caminos de la creación poética, sea en verso, prosa o en la versión que se quiera. No soy más que un simple, común y mortal lector, y más allá de algunos versos adolescentes y juveniles -e incluso alguno infantil- mi relación con la poesía es la de un extasiado admirador.

Admirador de la poesía y los poetas, que no es decir de aquellos textos que algunos titulan como poemas y menos de los pretendidos autores que se autodenominan  poetas. Pero reitero, no es objetivo de esta nota la literatura.

Cuenta la historia que existieron los Siete Sabios de Grecia, que a decir del escritor Javier Negrete debían ser muchos más, ya que había numerosas listas de siete compuestas por diferentes personas. Pero en todas -o casi todas- aparece Solón.

No es en vano hacer una breve digresión y recordar un relato de Diógenes Laercio sobre los Siete Sabios. Dice que unos pescadores de la isla de Cos -ínsula griega del Mar Egeo, ubicada a solo cuatro quilómetros de la costa turca- encontraron entre sus redes el trípode de Helena de Troya, que esta había arrojado a las aguas al emprender su viaje de retorno de Troya a Esparta. Los pescadores  habían vendido por anticipado el contenido de sus redes a unos viajeros de Mileto, pero al encontrar el trípode se negaron a dárselo. Ello originó una guerra entre Cos y Mileto - ¿otra vez Helena?, y después nos asombramos de las guerras de hoy-. Como el conflicto parecía no tener fin, los combatientes acudieron al Oráculo de Delfos para decidir qué hacer con el trípode. El oráculo dictaminó que fuese entregado al hombre más sabio, razón por la que se le dio a Tales de Mileto. Sin embargo, este modestamente rechazó el trípode y la distinción, y se lo envió a Bías de Priene, que también lo rechazó y envió a otro miembro del grupo, y así sucesivamente. Al final, el trípode fue dedicado a Apolo. Parece obvia la moraleja.

Volvamos pues a Solón. Dicen que vivió aproximadamente entre los años 638 a 558 a.C.

Aparentemente sus años mozos estuvieron dedicados al comercio, ya que su familia había caído en la pobreza, y a la poesía, aunque esta no tenía para él, por entonces, otro fin que el entretenimiento.  Según Plutarco, sus emprendimientos comerciales correspondieron más a un espíritu aventurero que a afanes de lucro, llevando una vida bastante austera, demostración de lo cual son unos versos en los que no hacía diferencia entre

"el que posee gran copia de oro y plata,

campos extensos de abundantes mieses,

y mulas y caballos, y el que solo

tiene un pasar honesto que le baste

a comer y vestir cómodamente;

y si en mujer a hijos a esto acreces

belleza y juventud, la dicha es llena"

Siendo aún joven el poeta, finalizó la guerra entre Atenas y Megara por la posesión de Salamina. Cuenta Plutarco que Solón se dirigió a la plaza y recitó un poema elegíaco denominado Salamina, incitando -y convenciendo- a los atenienses a no rendirse. Se reinició el conflicto -ahora con Solón a la cabeza- y Salamina fue recuperada.

Ello elevó su prestigio, a lo que se agregaba su fama de moderado, en una época signada por el agudo conflicto entre la aristocracia y la clase popular, al punto que se lo nombró arconte, con el apoyo de los dos bandos en pugna, otorgándosele un poder especial para legislar e introducir modificaciones en la forma de gobierno.

Propició una serie de cambios y elaboró lo que se conoce como "Decálogo de Solón", que según muchos autores sentaría las bases de la futura democracia ateniense, que llegaría a su esplendor en época de Pericles.

Las diez máximas o principios son:

  • Ten por más fiel la probidad que el juramento.
  • No mientas.
  • Piensa en acciones ilustres (acá las traducciones difieren: en francés se dice aplícate a cosas útiles -appliquez-vous à des choses utiles- en tanto que en inglés la versión sería persigue objetivos dignos -pursue worthy aims-).
  • No hagas amigos de presto, ni dejes los que ya hubieres hecho.
  • Manda cuando hubieres ya aprendido a obedecer.
  • No aconsejes lo más agradable sino lo mejor.
  • Toma por guía la razón.
  • No te familiarices con los malos.
  • Venera a los dioses.
  • Honra a los padres.

En las traducciones estos dos últimos puntos aparecen separados, pero en la versión griega son uno solo.

Los precedentes no son leyes, sino consejos. Solón gobernó en una época en que los destinos eran regidos por los "eupátridas", los bien nacidos, la antigua nobleza terrateniente, y lo hizo a satisfacción de los ricos -por ser hombre acomodado- y de los pobres -por la opinión sobre su probidad-.

La isonomía -igualdad ante la ley-, la isopoliteia -la igualdad de derechos de los ciudadanos de las diferentes polis- y la isegoría -el derecho de todos los ciudadanos a participar en el ágora- fueron jalonando el difícil camino hacia la democracia, que los atenienses hicieron a lomos de la palabra, hablada en este caso.

Solón, el poeta devenido en gobernante, marcó el camino hacia la democracia convertido en nomoteta, un redactor de leyes, y de esta manera incorporó la palabra, ya escrita, desestimando la actuación precedente de los aristócratas, que hacían una interpretación interesada de los preceptos consuetudinarios.

Nos remontamos más de 2.600 años en la historia, y sin embargo parecería que hoy nuevamente el mundo, de alguna manera, está -o sigue- dividido básicamente en dos bandos, sin encontrar caminos de entendimiento ni de colaboración.

Capaz que estamos en hora de evocar a Solón, y pedir por algún o alguna poeta; pero poeta en serio, no versero, que nos sacuda un poco el polvo de los tecnócratas de oficina y los filósofos de boliche.

 

 



Daniel Feldman | Periodista


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