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La impotencia de Zubia a pesar de su pistolita calibre 22

Dr. Guillermo Chiribao

27.07.2018

De un tiempo a esta parte, ha ido ganando terreno la sensación en el país de que los uruguayos no tenemos capacidad para resolver nuestros conflictos en forma ordenada y pacífica.

 

Lo que inicialmente veíamos como la impotencia de fanáticos en tribunas y calles, expresando sus frustraciones deportivas de la peor manera, con consecuencias patéticas, de amenazas, violencia y muerte, se trasladó a  la sociedad toda.

Y ejemplos de ello abundan en la educación,  en el tránsito, en la vida política y en casi todos los aspectos de nuestra vida en comunidad.

Agresiones de padres a maestros escolares, peleas de adolescentes y rencillas entre autoridades de la educación mal resueltas, como por ejemplo los ceses de importantes jerarcas del Ministerio de Educación o del Codicen. Todo resuelto de formas "poco ortodoxas", que en nada contribuyeron a mejorar las cosas, sino que, por el contrario, generaron rencores y odios.

En el tránsito diario, no solo en la capital, en arterias transitadas, sino en cualquier calle del país, llegar a la esquina antes o después que el de la derecha o el de la izquierda, simplemente es un elemento disparador de miradas, insultos y amenazas varias, cuando no determinante de escenas de pugilatos varias.

Y en la vida política basta mirar muros o redes sociales para conocer las cualidades de "los y las ancestras" de cada actor político.

Pero no solo en redes sociales, en los propios recintos en los que se debaten las soluciones para nosotros los uruguayos, nuestros representantes cada tanto nos homenajean con demostraciones de intolerancia atroz.

Y por último lo conocido por casi todos: Ayyy de quien emita una opinión que se considere política, deportiva o socialmente incorrecta! Las iras se desatan en forma automática y los debates dejan de reflejar opiniones objetivas sobre tal o cual tema, sino que inevitablemente van dirigidas a las cualidades éticas, personales, morales o sexuales del titular de la opinión.

En esa lógica en cada charla, discusión o simple intercambio de ideas o de opiniones, el eje vira hacia la persona que ocasionalmente emite su parecer. Y las redes abonan esos fundamentalismos.

Y si, todo está en las redes. "Todos" estamos en las redes.

En este estado de cosas, queda claro que los uruguayos hemos perdido la capacidad de procesar diferencias y conflictos de una forma mas o menos civilizada.

Es por eso, que algunas actitudes de actores sociales, por su posición en la sociedad, su formación y su ubicación, llaman, por lo pronto, la atención. 

Hay determinados actores sociales que por su formación, ubicación  y  visibilidad pública contribuyen a generar y formar opinión. 

Y bien, en medio de esta situación preocupante, aparece en las últimas horas un protagonista con intenciones de ser legislador, ministro o gobernante inmerso en una adelantada campaña política, a enviar mensajes simbólicos que, desgraciadamente, ilustran lo que venimos describiendo.

Debo confesar que no conozco al periodista Alejandro Camino y que tampoco tengo claro que tipo de inclinaciones políticas tiene. La vez mas cercana que estuve del periodista, además de verlo en la televisión, fue en un tablado en el que oficia de presentador. O sea, mi mayor proximidad a él han sido mas o menos 50 metros, sin que  se percatara de mi presencia o existencia. 

Por tanto no oficiaré ni de su amigo, ni de su abogado.

Dicho esto, vayamos al punto concreto referido a lo ocurrido en su programa de radio, cuyo video ha sido divulgado hasta el cansancio, referido a la entrevista que mantuvo con el ex fiscal, Dr. Zubía.

Desconozco el grado de afinidad o de complicidad que existe entre ellos. Poco importa llegado el caso. En las ultimas horas ambos al parecer han quitado trascendencia a lo ocurrido. 

Pero ocurre que el mensaje brindado por ambos actores ha sido público y notorio. Y ocurre además, que una gran mayoría de personas se han ocupado del tema.

Mérito de ambos, llegado el caso, dado que han puesto uno su programa y otro su figura en los primeros lugares de las conversaciones de los uruguayos.

Pero, y acá está el tema de fondo, ¿qué mensaje nos han dejado?

Repasemos lo ocurrido: Minuto 36 de la entrevista, el periodista le consulta el ex fiscal sobre si "en la actualidad cuenta o no con custodia policial", ante lo que el entrevistado, en un tono entre jocoso y desafiante, y tal como lo dicen las crónicas policiales, extrajo de entre sus ropas un arma de fuego y le responde: "este es mi ángel de la guarda". Ante ello el periodista, sin modificar el estilo coloquial y cordial de la charla, le responde, "no me gustan las armas", a lo que, en un tono ya mas desafiante, el entrevistado le dice: "¡Ah, otro frutillita mas!". 

Charla que derivó en la súplica del periodista para que el ex fiscal le concediera el derecho a estar en contra de las armas y a preferir una sociedad sin armas, a lo que, increíblemente, el entrevistado le niega ese derecho con un rotundo: "No te lo concedo".

A raíz de ello en las redes sociales surgieron defensores a ultranza del ex fiscal y su derecho a alardear del uso de armas hasta los que cuestionaron la actitud considerando una innecesaria bravuconada, que tenía como fin intimidar a ese periodista o a otros que por ahí en el futuro lo entrevistaran.

Es evidente que ante el ruido que ello generó, el entrevistado intentó bajar revoluciones al tema y defenderse sosteniendo que en ningún momento realizó una apología del uso de las armas, etc, etc.

Pero en la medida en que el hecho se tornó público dado que se desarrolló en un medio de prensa oral que además replicó el video de la entrevista y tomó un estado público de una forma inusual, corresponde plantearse algunas interrogantes:

1.- ¿en tiempos en que la sociedad está desbordada por la violencia cotidiana, con rapiñas, homicidios, violencia domestica, hurtos y demás, es buena cosa que formadores de opinión hagan gala de su capacidad de fuego o de su actitud violenta para prevenir o repeler supuestas agresiones personales?

2.-¿El mensaje que trasmite un candidato político "extrayendo de entre sus ropas ante cámaras de la prensa" un arma de fuego para exhibirla a un periodista, no podría considerarse como una forma de intimidación, en el inicio de una campaña política?

3.- ¿Qué imagen quiere brindar ese político, cuando nos explica con gestos claros, que está a favor de la justicia por mano propia? ¿Acaso prefiere que el estado de derecho se rija por la ley implantada por las víctimas y no por las normas aplicadas por jueces imparciales e independientes?

4.- ¿Acaso ese derecho a intimidar, y ese alardeo innecesario sobre el uso de armas de fuego, le dará derecho, de ahora en mas, a todos los candidatos políticos a actuar de la misma forma?

5.- ¿Esa es la forma en que se le trasmitirá a los niños y jóvenes como la más efectiva para la solución de futuros conflictos interpersonales?

6.- ¿Cómo será mirada la clase universitaria, y en especial los egresados de la facultad de derecho (como el ex fiscal) cuando se nos da semejante  mensaje, indicando que la convivencia en sociedad, se resolverá  con un arma de fuego de por medio?

7.- ¿Será un buen camino, que la clase política en su conjunto se aventure a recorrer una senda de intolerancia y falta de fraternidad, como el insinuado por el nuevo candidato? 

Esas y otras preguntas -seguramente- tendrán una respuesta, en el fuero intimo de cada uno de nosotros.

Llegado el caso, me temo que el panorama futuro, a corto plazo y con el inicio de una campaña política que promete no ser fraterna, nos deparará hechos sumamente difíciles de digerir, porque el mensaje simbólico que ha dado este candidato nos pone ante una situación que va mucho mas allá, del riesgo personal que ese personaje pueda correr.

Ojalá como sociedad sepamos interpretar estos hechos y repudiarlos como se merece, en forma independiente a la aceptación o no que el periodista le haya dado al tema.

Estamos a tiempo de bajar la pelota y "de enfundar la pistola".

 





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