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GRIEZMANN, Y EL PARTIDO DE LA ÉTICA

Iván Solarich

28.07.2018

LA PREVIA Todos quedamos encantados con él. Diría, enamorados. Jugó un gran Mundial. Lindo, entrador, y hasta un mar de melancolía reveló su mirada. O sea, casi uruguayo nos pareció, salvo que es francés.

Pero después de verlo en la conferencia de la final colgándose nuestra bandera con tanta espontaneidad, y decir "Uruguay nomá", lo "adoptamos" definitivamente. Y fundadas razones tenemos para hacerlo, incluidas las potentes amistades que mantiene con varios de los nuestros: Godín, Josema, Carlitos Bueno, Martín Lasarte.

Pero me permito atravesar la cancha de la vida e ir un poquito más allá del punto penal.

PRIMER TIEMPO

Antoine Griezmann le hizo el segundo gol a Muslera, y no lo gritó. Es más, su expresivo rostro mostró más pesar que alegría, y no solo que él no ocultó su contradictoria sensación, sino, que sus compañeros lo abrazaron como debían, y a nadie se le ocurrió reprocharle su falta de festejo. Su evidente falta de festejo.

Cuando en el mismo partido el técnico francés Didier Deschamps lo saca antes de finalizar, y lo abraza, y se abrazan, no existe ninguna palabra ni expresión fuera de... "tarea cumplida".

Pero aún antes, Deschamps no dudo un segundo en incluirlo titular contra Uruguay. Apostó por Griezmann, sabedor a ultranza del amor de Griezmann por Uruguay y su gente. No hizo el cansador ejercicio de desconfiar de su integridad.

Se puede ser francés y amar a Uruguay. Se puede poner el talento al servicio de ganarle al contrario, y por un lazo real y sentido, no festejar el triunfo. Y por sobre todas las cosas, se puede ser compañero de alguien que vibra distinto a vos, y no solo respetarlo en su sentir, sino, además ni siquiera desconfiar de su proceder. Eso hicieron los compañeros de Griezmann.

Deschamps, Griezmann y sus diez compañeros, nos demostraron entender algo esencial: la integridad y la confianza son posibles de ser practicadas más allá de camisetas, banderas y festejos.

Porque es posible festejar con melancolía. Posible sentir lo ajeno instalado en lo propio. Y viceversa. Y sobre todo, es posible amar al que siente algo, que por alguna razón no te roza.

SEGUNDO TIEMPO

Dos confesiones muy disímiles, que por obra de mi VAR interior (vivencias en reiteración real), me vienen rápidamente a la memoria.

La primera. Jorge Larrañaga al perder la interna de su partido con Lacalle Pou en 2014, realiza una conferencia de prensa, donde expresa al borde del llanto que se va a su chacra a orillas del Rio Negro a reflexionar sobre la derrota. Nunca vi a un político en mi vida confesarse así, íntegramente destrozado por lo que consideraba un mazazo y compartiendo públicamente la necesidad de revisar todo, todo, incluido el alejamiento de la actividad política.

Tuve ganas de agarrar el auto y acompañarlo a compartir en silencio su reflexión. Acompañar al ser humano, abatido en su derrota. Y no soy blanco.

No lo hice, porque pese a que era mi sentimiento real, primo "el qué dirán", "donde queda la coherencia política". O sea, me censuré.

La segunda. Me eduqué en una familia atea, filosóficamente situada en el materialismo dialéctico. Pero la vida me llevo a la Parroquia Los Vascos durante la dictadura, donde pude hacer mi escuela de teatro ICTUS al amparo de la Iglesia. Ahí conocí al gran sacerdote Adolfo Chapper, que además nos enseñaba Historia del Arte. Después leí a Pablo Bonavía (sacerdote en la Cruz de Carrasco), conocí al Padre Mateo Méndez en Las Piedras, y en los últimos años la vida me regalo largas tardes de charla con el Maestro José Luis Cogorno, en su encantada casa de Lezica. Todos ellos profundamente cristianos, católicos. Yo no lo soy. Pero la creencia profunda en sus palabras, en ellos como seres materiales y espirituales, me ha situado sin retorno en el territorio de la fe, aunque casi nunca encuentre biblioteca adecuada que la explique.

ALARGUE

¿Se puede ser Jaime Pérez, diputado, senador, principal dirigente comunista, y frente a la caída del Muro de Berlín y la implosión del Socialismo Real, renegar de toda forma de dictadura, incluida la del Proletariado, poniendo como nunca en primerísimo plano -para la cultura comunista-, la Democracia y la Libertad?

¿Se puede ser de izquierda y decir con voz fuerte y firme que bajo ningún concepto voy a defender ni justificar las masacres de Daniel Ortega (¿sandinista?) en la Nicaragua de hoy?

¿Se puede ser de derecha, centro o conservador, votante de los actuales partidos de la oposición, y reconocerles a los tres gobiernos frenteamplistas, sus variados logros (ostensibles, evidentes, con guarismos irrefutables, primereando estadísticas confeccionadas en el exterior por organismos aceptados mundialmente) en muchos planos del acontecer nacional, aunque se los pueda criticar en otros?

¿Se puede ser judío con profundo orgullo del duro recorrido de su diáspora a través de los siglos, sintiendo en la sangre y los huesos a un colectivo que atravesó hambrunas, campos de exterminio, y al mismo tiempo no tener la obligación de justificar cada ataque del actual ejército israelí en la frontera de Gaza frente al pueblo (no frente al terrorismo) palestino?

PENALES

Todos los días nos levantamos a patear penales durante la jornada, y no necesariamente jugamos al fútbol. Son las decisiones que todo el tiempo nos esperan en los variados planos: en el trabajo, el estudio, la familia, los afectos, hasta para elegir que cocinar o como recrearnos.

Quizá estemos necesitando solo "pegarle" con amor a la cotidiana realidad, y atravesar la barrera del miedo. No esgrimir temas de principios, cuando en realidad estamos presos en nuestra propia cárcel, y solo somos rehenes de una tribuna, prejuicios o un ego. El nuestro.

Nada hay más libre que la libertad de afirmar lo que sentís, pudiendo levantar la mano y sin vergüenza decir... "perdón, me equivoqué", "ahora lo veo distinto", "sabes que no me había dado cuenta...".

Amor y confianza. En vos mismo y en el prójimo. En los otros.

Entre muchas cosas, eso me dejó el Mundial de Griezmann, Deschamps, y sus compañeros... casi todos negros.

Iván Solarich

Actor, director, dramaturgo y docente.





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