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imagen del contenido Edgardo Carvalho

El programa del FA y los arbolitos de Navidad

Edgardo Carvalho

30.07.2018

Confieso que he dudado mucho antes de escribir este artículo. La situación política es tan compleja, son tantos los temas que reclaman atención urgente, que es fuerte la tentación de pasar por alto un asunto que muchos considerarán menor o intrascendente, no merecedor de la atención de los lectores.

Después de muchas dudas, me decido a escribirlo. No se necesita ser un visionario para pronosticar que la próxima campaña electoral será muy difícil para el Frente Amplio . En un marco de oposición frontal y despiadada, el centro estará seguramente en el tema seguridad. Pero sin duda que la oposición examinará con lupa el programa del FA y aprovechará todas las oportunidades y resquicios para su campaña. Es lógico que lo haga. Está en su papel y así lo hicimos nosotros cuando éramos oposición.

Por consiguiente, nunca estará demás llamar la atención sobre algunas propuestas, realmente llamativas, como aquellas que motivan que La República (7 de julio), encabezando una nota a página entera, titule: "Agenda: La propuesta forma parte de un informe que aspira a ser incorporado en el Plenario Nacional -Derechos de las minorías se debatirán en Congreso del FA - Dentro de los objetivos estratégicos que plantea el informe está la revitalización y el rescate de la lengua charrúa y chaná".

Bajo esos titulares el periódico recoge una extensa entrevista a una persona que se presenta como "activista de las organizaciones charrúas del Uruguay" y se inicia con la información de que la lucha por la identidad de los pueblos, la no discriminación social y la igualdad como línea estratégica general forma parte del informe de la Unidad Temática de Afrodescendientes, Indígenas y Migrantes " que será debatido en el próximo Congreso del FA, con fines de ser incorporado en el Plenario 3Nacional."

A continuación, se señala que "la importancia de este proyecto (se supone que se está refiriendo al que habría emanado de la mencionada Unidad Temática), radica en los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) correspondientes al censo 2011 en el que sostiene que un 5.1% de los habitantes del Uruguay declara tener ascendencia indígena, lo que significa más de 150.000 personas. A partir de eso se estudia valorar las diferentes comunidades charrúas del país". Seguidamente sE extiende en diversas consideraciones (todas también extremadamente discutibles, por decir lo menos) que sería demasiado extenso glosar aquí- Me limito a señalar aquellas que considero más significativas, como la referencia a la necesidad de contemplar las "injusticias históricas que ha generado el propio estado" y atender a "poblaciones vulnerables que muchas veces son producto del estado en determinadas épocas de la historia y nunca se ha hecho una política de reparación". Critica que en las escuelas se enseñe "que los charrúas eran nómades, cazadores y recolectores" y se pregunta " cómo un niño podría sentirse orgulloso de tener una abuelita charrúa", para plantear luego el tema de la necesidad de una política lingüística, aparentemente para devolverles el derecho a hablar su propia lengua, ya que "el estado nos arrebató ese derecho" .

Para culminar el extenso reportaje, el "activista de las organizaciones charrúas" pone como ejemplo de política pública a la seguida 'por la provincia de Entre Ríos, cuyo gobierno, tras haberse ubicado un supuesto hablante de la lengua chaná (que dicho sea de paso fue "descubierto" a partir de su utilización en un spot televisivo para promover una conocida marca de café), habría editado un diccionario de esta lengua e iniciado una serie de talleres en las escuelas a cargo del anciano en cuestión. . Si bien luego reconoce la muerte hace muchos años de la última persona que habría hablado el idioma de los charrúas, critica la falta de una política de "revitalización lingüística", y señala que "todavía hay oportunidades de subsanar, hay cosas que se perdieron pero otras se pueden recuperar".

Para culminar el extenso reportaje sosteniendo que el próximo Congreso "debe tener una perspectiva y enfoque transversal étnico racial", de un programa de cara al próximo período.

 

A fuer de sinceros, he de reconocer que a lo largo del reportaje es difícil distinguir cuando el entrevistado habla por él y se refiere a ideas y propuesta propias y cuando se refiere a propuestas que la Unidad Temática ha aprobado y se propone hacer llegar como propias de esa estructura al Plenario y el Congreso del Frente Amplio.

A pesar de esa imprecisión de origen, es necesario asumir que en una medida importante sus palabras deben representar acuerdos u opiniones expresadas en la referida Unidad, desde que su nombre la define como relativa a "Afrodescendientes, Indígenas y Migrantes" .Es muy claro que los Afrodescendientes y los Migrantes son sectores integrantes de la población del Uruguay, y parecería por consiguiente que, de partida, se asigna el mismo nivel de realidad a la existencia en el país de una población "indígena". Ignoro con que fundamentos se dio esa denominación a la citada Unidad y si la Comisión Central de Programa, presidida nada menos que por un académico de la talla de Ricardo Ehrlich, tiene o tuvo algo que ver en ello.

Prefiero creer que no, por cuanto la afirmación de que existe un núcleo de población indígena en el Uruguay de hoy carece de todo fundamento histórico y antropológico. Y eso es irrefutablemente así, desde luego no porque lo diga yo, un simple aficionado a la lectura sobre esas materias, sino porque es la conclusión a que han llegado y sostienen las personalidades científicas y académicas más importantes de este país.

Salvo que se acepte la tesis pos moderna de que "las identidades se construyen" (algo por el estilo he leído hace algún tiempo), según la cual bastaría que un cierto grupo de personas se consideren "indígenas" para que deba tenérseles como tales y por consiguiente tomar en serio todas las reivindicaciones que se les ocurra formular a partir de su "identidad recuperada".

Me limitaré a citar brevemente a dos eminentes antropólogos, (dicho sea de paso, ambos frenteamplistas desde la primera hora, que tuvieron que pagar con el exilio su oposición a la dictadura) cuyos textos tal vez no hubiera estado de más consultar por parte de los integrantes se la mencionada Unidad Temática. Ambos se han referido de manera muy explícita a este tema, sin dejar duda alguna acerca de su pensamiento.

El primero de ellos, Daniel Vidart , maestro de la antropología nacional, presencia por suerte habitual en UyPress, acaba de publicar precisamente el 11 de julio, un exhaustivo y documentado artículo sobre las palabras de origen indígena subsistentes en el idioma de los uruguayos .Su lectura sería suficiente para descartar definitivamente el concepto de existencia de indígenas en el Uruguay de hoy y por supuesto el inviable y absurdo proyecto de revivir la muerta lengua de los charrúas, señalando en cambio las multitud de palabras guaraníes en la toponimia uruguaya o que designan la flora y animales autóctonos., así como muchas otras originadas en el quechua y el arahuaco.

En su obra "Uruguayos" una vasta explicación del origen y desarrollo de nuestra identidad nacional, el asunto está tratado con un detalle, con una riqueza de información y conceptos, que a mi juicio cierran definitivamente el tema, sintetizada en forma clara y rotunda en el título de uno de los capítulos de esa valiosa obra, de lectura imprescindible a mi juicio para todos los que se interesen por nuestro pasado y nuestras raíces: "No hay indios en el Uruguay contemporáneo".

No sería procedente ni tampoco posible sintetizar aquí el contenido de este capítulo de la obra de Vidart, pero sí parece importante efectuar algunas citas para dejar en evidencia otra de las incongruencias de quienes se aferran a la afirmación contraria. Y consiste en ignorar sistemáticamente el hecho de que quienes realmente se establecieron y poblaron el territorio que después sería el Uruguay fueron indígenas guaraníes, provenientes de las Reducciones Jesuíticas (las Misiones), de modo que por algo su legado es tan abundante en la designación de nuestro territorio, flora y fauna, sin hablar de costumbres hoy tan uruguayas como el mate, difundido masivamente desde las Misiones luego de las modificaciones en la preparación de la yerba y la forma de consumirlo, introducidas por los jesuitas.

Nos dice Vidart, (pág.45 de la obra citada): "No fue muy abundante la etnia charrúa. El nomadismo no es generoso con la demografía. Es imposible proporcionar cifras acerca de cuántos sumaban en el tiempo de la llegada de los españoles y sobre todo la evolución del caudal de sus integrantes a lo largo de los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. La matanza del Yí en el 1702, las persecuciones y el constante goteo de las mortandades provocadas por las armas, y aún más por las enfermedades alóctonas, los habían reducido a 600 antes de la celada de 1831. El general Antonio Díaz en el 1812 habla de "297 hombres de armas y como 350 personas entre mujeres, niños y viejos; Larrañaga, en el 1813 , dice que no hay más de 500 minuanes al norte del Río Negro. El sargento mayor Benito Silva en el 1840 expresa que el número de charrúas se halla tan reducido "que no son más de 18 entre hombres, mujeres y niños. Los hombres adultos no eran más que ocho..."

El caso de los guaraníes es diferente. Había muy pocos en nuestro territorio durante la conquista. Más tarde los reducidos, acristianados y eurotecnificados "camiluchos" de las Misiones llegan formando nutridos ejércitos de troperos, comandados por los padres jesuitas para efectuar grandes arreadas...Fueron incorporados a los ejércitos españoles que tomaron varias veces la Colonia del Sacramento, levantaron las murallas de Montevideo, muchos fugaron hacia nuestros campos desde las Reducciones...Luego de la disolución de las Misiones por Carlos III en el 1767 llegaron 15.000 a la Banda Oriental del Uruguay y un contingente similar a la otra Banda.... Andresito y sus bravos lucharon con Artigas contra los portugueses ..." Se refiere luego a los guaraníes que ingresaron a la Banda Oriental, al retirarse Rivera de las Misiones reconquistadas, (y con los que fundó el pueblo que es hoy Bella Unión) para terminar con un párrafo en que evoca la hermosa canción de Aníbal Sampayo: "Abundan los "pelos chuzos" y los "ojitos de yacaré" en el Uruguay profundo. Pero ya no son indios. Son criollos mestizos incorporados al complejo cultural del ganado y del caballo de nuestra tierra adentro".

Es el concepto a que se remite en el artículo de UyPress: "Los índices de ADN que ostenta el 30% de los pobladores rurales que habitan al norte del Río Negro, atribuidos exclusivamente al ancestro charrúa, son las hojas secas de aquel gran árbol guaranítico que prosperó en nuestros campos luego de la liquidación, en el 1767 de la empresa evangelizadora ...Si alguna duda tienen, amables amigos, consulten el documentado y más que convincente libro de Susana Rodríguez y Rodolfo González (En busca de los orígenes perdidos. Los guaraníes en la constitución del ser uruguayo, 2010) y verán que me he quedado corto en la censura de este tardío romanticismo".

Aunque resultaría suficiente con la opinión tan sólida y claramente explicitada por un sabio como Daniel Vidart, me parece importante agregar la opinión de otro destacado antropólogo y académico, prematuramente fallecido, Renzo Pi Hugarte, autor de un valioso estudio sobre el tema, "Los indios del Uruguay," en el que se refiere también específicamente al asunto, llegando a conclusiones idénticas a las de Daniel Vidart. No resisto a la tentación de citar algunos párrafos que deberían contribuir a descartar definitivamente cualquier pretensión de sostener la existencia de indígenas en el Uruguay de hoy.

"Determinar la medida en que los genes de los aborígenes sobreviven en el conjunto parece poco menos que imposible. Tres circunstancias vinculadas entre sí hicieron que el Uruguay tuviera una configuración humanas tan diferente de la de otros países americanos y tan distinta también a la que el propio país tuvo hasta aproximadamente mediados del pasado siglo : a) el limitado número de la población autóctona, a la que hay que agregar su relativamente temprana extinción; b) el hecho tantas veces comprobado de que la asimilación cultural y las mezclas biológicas apenas tienen lugar cuando se trata de pueblos cazadores-recolectores, e incluso de agricultores inferiores; c) el aluvión de inmigrantes europeos llegados sobre todo a partir de la mitad del Siglo XIX ".

Seguidamente agrega Pi Hugarte una interesante información de base científica: "No obstante, estudios recientemente efectuados (Sans, Mañé Garzón y Kolski 1986 y 1991) han puesto de manifiesto índices de mestizaje muy superiores a los que corrientemente se aceptaban para la población del Uruguay, pero que estaban por lo común basados en estimaciones sin base científica. Un análisis de los autores citados referido a la incidencia de la denominada "macha mongólica" en recién nacidos en el hospital más grande de Montevideo arrojó un porcentaje de 41.6. Desde luego que la sola presencia de esa mancha pigmentada en la región sacro-coccígea, característica de las poblaciones de Asia y por consecuencia de los aborígenes americanos, pero además de la raza negra y en pequeña medida también de algunos grupos blancos -lo que acaso refleje mestizajes antiguos- no permite afirmar que todos los casos detectados impliquen mestizaje con indígenas. Mucho menos es posible determinar qué etnia pudo encontrarse en el origen de ese proceso. Lo que sí puede concluirse a partir de investigaciones de este tipo es que los indígenas se mezclaron -principalmente durante el Siglo XVIII y las primeras décadas del XIX- abundantemente con las poblaciones leucodermas que de manera creciente se fueron estableciendo en el interior del país". (Obra citada, págs.. 135 y 136).

El capítulo final de esta obra, titulado "Los indígenas y el Uruguay moderno" (págs. 177 y siguientes) contiene conceptos muy valiosos sobre el tema que nos ocupa.

Dice allí Pi Hugarte, refiriéndose al Uruguay de mediados del Siglo XIX: "Para ese entonces había terminado finalmente "La guerra de los charrúas" sostenida durante tres siglos, con la aniquilación de aquella etnia; el experimento utópico de las misiones jesuíticas había también terminado hacía bastante... Los pocos descendientes de los charrúas y minuanes y los abundantes de los tapes se habían integrado por completo a la po0blación criolla del medio rural...Aunque algunos sucesores mestizados de los indígenas consiguieron alcanzar posiciones sociales destacadas - valgan los ejemplos del general Anacleto Medina, guerrero de la independencia y figura destacada de las luchas civiles y del teniente general Pablo Galarza, triunfador en 1904 de la última guerra fratricida, lo común fue que la gran masa, sin la cual el proceso de modernización del agro no hubiera sido posible, quedara al margen de los beneficios aportados por una prosperidad a la que habían contribuido, entonces y también ahora, conformando la parte mayor del pobrerío de la campaña y de los arrabales de los pueblos, que a veces, con no oculto sentido racista, es designado "el chinerío", palabra que en la actualidad conjuga el antiguo sentido referido a la condición servil y el nuevo que alude a sus rasgos físicos".

Como conclusión, Pi Hugarte estampa algunos conceptos aún más claramente dirigidos al tema a que se refiere esta nota:..." en los últimos tiempos han ido surgiendo también valores colectivos que propician la exaltación de los antiguos indígenas...Pero, como se ha tendido a limitar el mundo indígena de la antigua Banda Oriental a la etnia charrúa, se escamotea el hecho de que los aborígenes que mayor número de descendientes dejaron, por ser también los más abundantes, fueron los guaraníes misioneros o tapes. Tampoco ha sido objeto de particular consideración el hecho de que la validación exclusiva de algunos antepasados - los autóctonos - conduce necesariamente a la denegación de todos los demás que hubieran tenido otros orígenes".

Alude luego a que más allá de "la fantasía, la búsqueda de protagonismo u otras motivaciones que puedan encontrarse en la base de las apelaciones a una condición indígena que, de todos modos, no configura una realidad étnica actual" es de señalar que "algunos, en el Uruguay de hoy, pretenden asumir una identidad nacional que se entiende como más genuina por enraizarse en los antecedentes indios"

Concluyendo que si bien "cualquier tipo de identidad nacional entendida como identidad cultural reconoce siempre muchos contenidos míticos o mitificables, de todas maneras, debe responder a la existencia de un núcleo cultural dinámico que sirva de elemento de reconocimiento tanto para los componentes del grupo como para los ajenos a él. Nada de esto ocurre en el caso de la pretendida identidad charrúa en el Uruguay, la cual ante la ausencia de rasgos culturales característicos., es reclamada a partir de parentescos biológicos, siempre lejanos. Podría empero pensarse que los descendientes de indígenas han sido por esa causa objeto de persecución o por lo menos de postergaciones y que por tal razón han emprendido un movimiento tendiente a su rehabilitación; en verdad, esa hipótesis, que explicaría su motivación, no es aplicable a la realidad social del Uruguay"

 

A la luz de lo que viene de exponerse, es claro que surgen muchas preguntas acerca de los fundamentos para constituir una Unidad Temática sobre Indígenas en la estructura de elaboración programática del Frente Amplio. Y no digamos respecto a alguna de las propuestas que estaría por elevar, dicha Unidad, según lo recogido por La República.

Tal vez haya llegado el momento de preguntarse si la forma y los procedimientos pensados para elaborar el programa del Frente Amplio, partido de gobierno, siguen siendo las adecuadas o habría que introducirles cambios (como tantos otros necesarios a las llamadas "estructuras"). Me permito dudar de que Las Unidades Temáticas abiertas a la participación individual, y de representantes de los sectores, no abran también espacio a grupos de interés que llevan adelante propuestas ajustadas exclusivamente a sus inquietudes y puntos de vista, las que pueden terminar aprobadas sin los estudios y análisis en profundidad que corresponderían, por el juego de intereses políticos y sectoriales de distinto tipo.

En el fondo, la elaboración de algo fundamental como el programa de un partido de gobierno podría quedar sometida a presiones difíciles de controlar, haciendo que el proceso termine en algo parecido a la construcción del tradicional arbolito de Navidad, en que cada integrante de la familia cuelga el chirimbolo que le parece más bonito.

Parece llegada la hora de pensar en una elaboración programática cuyo proyecto quede a cargo de un grupo de expertos de primer nivel en los temas a encarar, de alta responsabilidad política, sin perjuicio de que se reciban para su análisis todos los documentos o antecedentes que quieran producirse por personas o grupos. El proyecto de programa, así elaborado, se distribuiría con anticipación suficiente a su consideración por el Congreso, con plazos hábiles para la presentación por escrito de enmiendas debidamente fundamentadas por parte de los sectores y estructuras habilitados. De esa forma, por cierto nada original ya que es las que adoptan generalmente los partidos que tienen o aspiran a tener responsabilidades de gobierno en otros países, se evitarían probablemente hechos como aquellos a los que me he referido.

Hace algunos días, Javier Marías evocaba agudamente en El País de Madrid, una de las características de nuestra época. Cito "si alguien dedica toda su voluntad, todo su empeño y su esfuerzo a un fin determinado, si pone en ello sus cinco sentidos y centra sus energías en un objetivo, acaba casi siempre alcanzándolo. Independientemente de su ineptitud, sus limitaciones, su absoluta falta de talento y de perspicacia. No importa cuán obtusa sea esa persona; si posee cierta habilidad social, pero sobre todo una voluntad que jamás se distrae ni desvía, antes o después conseguirá sus propósitos. Todo es cuestión de tesón y de poner el ojo en una meta". 





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