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¿En qué nos parecemos, tú y yo a la nieve?

Juan Pedro Ciganda

03.08.2018

Tú en lo blanca y galana, yo en deshacerme.

 

Es de los Quilapayun, pero me quería acordar quienes la cantaban de los muchachos del Canto Popular en los años de plomo. Tenía la duda de si eran Los Peyrou. Le pregunté al Beto y me dice que no. Que en todo caso...era entrecasa. Entonces seguro eran Larba y Carrero. Aunque no tengo certeza que algún vino compartido no me haya, también, haberme habilitado a disfrutarla en la versión de los de Bohemios. De todos modos no vengo por la veta romántica. Hoy, al menos. Me encontré tarareándola ayer y del arte pasé al método comparativo.

Entre las inquietudes marcadas de los vecinos del Plata, se destacan, la parte más prominente de la anatomía de Sol Pérez, los asertos de la Chiqui Legrand, la verdad sobre la forma de tratar de Ricardo Darín a sus compañeras en el teatro, al representar un éxito de fuste en "Escenas de la vida conyugal", los transitorios problemas empresariales de Marcelo Tinelli y la incertidumbre sobre la emisión en el presente año de Bailando por un sueño, el político que le decían araña sin patas porque nadie sabía cómo había hecho la tela, las grandes verdades de las figuras de la farándula a cargo de Jorge Rial en sesión vespertina diaria, las polémicas en los espacios televisivos sobre fútbol o política donde lo que se luce es la capacidad de gritar más que el o los interlocutores, el "estamos mal pero vamos bien" de Carlos Saúl, hoy  versionado con criterios más siglo veintiuno por el Presidente Macri con las sugerencias de Durán Barba en libreto e ideas, a la vez que el dólar que se iba a estabilizar en 23 pesos, pasó de 17 a casi 30, sin que parezca muy eficaz en materia de confianza pública un reciente acuerdo con el F.M.I., ni una tasa de interés que puede andar por un oficial 46 -48% a un 70% para el mercadeo chico. 

En Argentina siempre hay algo blue. Y no es jazz.

Si se abren los diarios, las revistas, se oyen algunas emisoras radiales, se leen los suplementos deportivos, nos encontramos sin dificultad en esa melange de caña y gin fizz, de la que nos conversaba Celedonio Flores, con música de Francisco Pracánico en "Corrientes y Esmeralda", en un tangazo de 1933. 

La selección que cuenta con el mejor jugador del mundo da pena y los sentimientos populares han oscilado entre "...todos al Obelisco, ¡¡¡Argentina, Argentina!!!" y la forma de conseguir maderitas para prender fuego en escenario abierto a Sampaoli, Messi y Mascherano, sobre cuya pira actúan como fósforo o transitorios bomberos los campeones del 86 y todos los entendidos en el más viril de los deportes. 

En la materia aparecen, tímidamente, voces que observan con cierta incredulidad que "los orientales, ¿viste?" llevan doce años de Maestro Tabárez",  mientras la albiceleste, en igual lapso, ha contado con once directores técnicos y ningún título. Aclarando, que para el argentino futbolero medio y el no medio, perder finales no contiene el mérito de llegar a las mismas sino la vergüenza de no ganarlas. Humilla. Y hay que empezar la cuenta de nuevo.

Por lo que en cada instancia hay que matar al técnico, descubrir con azoro que el que manda siempre es Messi con sus amigos. A la vez que aman y admiran a los jugadores "orientales" que pasan por las canchas, "porque tienen tres huevos...los quiero siempre en mi cuadro."  Porque Nandez tranca con la cabeza, los veteranos se acuerdan todavía de aquel coro  de fines de los cuarenta "...la gente ya no come, por ver a Walter Gómez" y el Estadio de Núñez podría llamarse Francescoli, sin generar oposición.

Amo a Argentina y disfruto a Buenos Aires en particular. Por esa maravillosa oferta cultural, por ser uno de los ambientes teatrales más notables del mundo, porque parió a Favaloro, porque me conmuevo si camino en medio del silencio atronador del Parque de la Memoria y están siempre vigentes las luchas incesantes  para que las tragedias y sus protagonistas no sean olvidados, porque sin ruido - mucho menos que la anatomía enunciada al principio - ni promoción, en el Torquato Tasso, podés comer sin gastar tanto y tener un concierto ahí, al ladito, de Rodolfo Mederos.

Porque la impunidad no fue impune. 

Yo que sé. La quiero porque recorrer librerías es una empresa de perpetuo descubrimiento y cuando buscás algo "viejo" los propios libreros te recomiendan irte al paraíso de una plaza inabarcable por Caballito donde "vas a encontrar todo". Y está.

Siempre fue así para mí.  Cuando joven en escapaditas de unos días. En los últimos años en particular, porque mis presencias en la Reina del Plata han sido estables y regulares por razones familiares.     

Porque los argentinos nos quieren a los uruguayos en una relación bilateral no muy correspondida. Y no gustan de Punta del Este...solamente.

Les gusta la Rambla, Pocitos, "la 18 de Julio". Ahí, "en Montevideo... los autos, paran en las cebras", aunque los sorprende esa necesidad uruguaya implacable,  de que los asados se hagan con leña.

Somos lo mismo y somos  diferentes.

Hemos hecho humor con "cuentos de porteños" que si quieren suicidarse se suben a la punta de su ego y se tiran. Mas ellos mismos los fabrican. "¿Sabés?...acá el problema principal de nosotros, son los argentinos."

La violencia bestial de "Relatos Salvajes" no es un reflejo de la realidad. Es una caricatura de la misma.

A Argentina la quiero porque ha sido refugio de compatriotas en tiempos negros. Ha sido un pueblo solidario.  Hay que quererla con sus propias contradicciones y sus paradojas. Son cuarenta millones de personas, como vos y como yo. 

Tienen todo para tenerlo todo, pero hay  un tercio de la gente bajo la línea de pobreza. 

La hay hoy y la había al final del gobierno anterior, aunque el poder político había derogado las estadísticas oficiales porque le daban "armas al gorilaje" y porque "si hablás de los pobres y los cuantificamos,  los estigmatizás", como señalaba el  Ministro de Economía del periodo final de Cristina Fernández, con sensibilidad conmovedora. 

Seguramente nadie había esperado que el gobierno Macri cumpliera en dos años su promesa de "pobreza cero", pero en su discurso de hace unos días el mandatario admitió que  los pobres son los mismos - en tamaño - que los que había recibido al empezar su gobierno. Esto acaso podría ser aún peor, dado que la devaluación modificó la inflación y los parámetros de la medición de la pobreza.

Los capitales no le han llovido al gobierno que ostentaba la paz de espíritu de que el chaparrón inversionista vendría en cuanto la política se hiciera "en serio". Un inteligente autodenominado peronólogo - el Turco Asís, escritor y analista de nota -  ha señalado la paradoja:

"... dicen que este es un gobierno para los ricos, pero los ricos no le han dado mano alguna a este muchacho, el Presidente. No le tienen confianza. Lo que llega de afuera- o de adentro - es plata para especular y escaparse rápido".

De corrupción, juicios en trámite, la venda de la Justicia, bolsos con dólares, Panamá Papers, grietas que son cráteres y que se retroalimentan, hay para escribir más tomos que las obras completas de Sócrates, que Menem guarda celosamente en su biblioteca.

Con el agravante, verificado en estos últimos días, que al listado de los que presuntamente y sin presuntamente, recibían los dólares, ahora está sobre la mesa - con varios entre rejas - el inventario de los que tenían a bien pagar, donar, verbigracia "coimear", desde el ámbito empresarial.  

Ahora Holmes tiene al que lanzaba bolsitas con dinero hacia conventos y al que, muy probablemente, llenaba los susodichos recipientes.

Con humor ácido mixturado con una cuota de resignación he oído decir "lo que pasa es que acá...siempre...todo termina mal".

Nos parecemos en que en la vecina orilla la campaña electoral del 2019 ya está lanzada y superado el tiempo del honorable quinto puesto en el Mundial, de este lado del Río, también.

El liberalismo salvador e integrador al mundo real de Macri - con inflación galopante, desempleo en alza, estancamiento o decrecimiento económico -confrontará con el "proyecto nacional y popular" que siempre vuelve y que no es ni yanqui ni marxista, sino peronista. Para peor, Trump se pone proteccionista, "casi peronista", apuntó con ironía un humorista entregado.

En algún lugar, olvidados... están los argentinos

¿Qué opciones tienen?

¿Cuál es alguna que se parezca a la vida real, a algo creíble?

Esto no es más que una ojeada, sin duda triste, sobre estos compatriotas rioplatenses. Hoy la siento y la pienso así. Y estimo que no teorizo. Solamente describo.

Por eso apenas deseo - cosa muy general y facilonga, reconozco - que el show business de la campaña no tome ejemplos de nuestros hermanos platenses, que no juguemos a las grietas, que miremos con honestidad la realidad como único sendero para poder mejorarla. Ejercicio que no siempre es cómodo ni fresco como una buena bebida light, pero ayuda.

Como la campaña recién empieza, me doy el lujo/gusto, de decir estas cosas.

Aunque, apunto, a las generalidades ya anotadas, se pueden sumar algunas especificidades complementarias, cosa que haremos si el tiempo ayuda y Alí Babá no se consolida en la  AUF.

Hay mucho en que nos parecemos y pueden ser buenas cosas. Pero me aterra, que no veamos en lo que no tenemos que parecernos. 

No creo que sea tarde. Pero, por las dudas.

Mag. Juan Pedro Ciganda.





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