"Las elecciones se ganan polarizando al electorado,

sembrando el odio hacia el candidato ajeno."

Jaime Durán Barba, El arte de ganar.

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Odiaos los unos a los otros

Jaime Secco

29.08.2018

"Las elecciones se ganan polarizando al electorado,

sembrando el odio hacia el candidato ajeno."

Jaime Durán Barba, El arte de ganar.

Un nuevo fenómeno político aterrizó en Uruguay este año; uno que parece astuto, pero pone en peligro algunos fundamentos de la convivencia democrática y que por tanto no debemos copiar, sino combatir: la fabricación profesional del odio.

Se entiende que quien se siente atacado reaccione. Y este es el motivo de estas reflexiones, porque eso es precisamente lo que buscan los fabricantes de odio. Si hay fuerzas -aunque sean pequeñas- que están dispuestas a deteriorar la calidad democrática y las vías de diálogo abiertas en la lucha contra la dictadura, la actitud lógica de izquierda es hacer lo contrario. Y no digo que toda la oposición esté en esa, pero sí que esa estrategia le han permitido sacar cabeza los nostálgicos de la dictadura.

 

La tradición uruguaya postdictadura

No son nuevos en política los ataques personales, los argumentos contra las personas en lugar de contra las razones, ni las mentiras. Lo que es nuevo es la aplicación de técnicas sofisticadas para ello.

Sin embargo, se ha recordado recientemente otra tradición: "Seguramente hubo tiranteces en estos treinta y tres años en que gobernaron colorados blancos y frenteamplistas. Pero hubo diálogo y lealtad. Pensemos en las familias de Rodney Arismendi y Julio María Sanguinetti visitándose en sus casas; en la comisión especial de parlamentarios para apoyar la institucionalidad del presidente Luís Alberto Lacalle cuando se desató una huelga policial, en Tabaré Vázquez y Rodolfo Nin Novoa yendo a Casa de Gobierno a asegurar al presidente Jorge Batlle la lealtad institucional del Frente Amplio cuando la crisis del 2002, en el ministro Alejandro Atchugarry consultando a Danilo Astori, en Jorge Larrañaga yendo a tomar mate a la chacra del presidente José Mujica; en la convocatoria de todos los ex presidentes para analizar la posible presencia de petróleo explotable. En fin, a las leyes saliendo en general por unanimidad."

Ya el año pasado se identificaron aquí cientos de cuentas falsas preparadas para lanzar campañas masivas. También hubo algunas campañas coordinadas, con multiplicidad de mensajes de apariencia amateur y variada, pero lanzadas a la misma hora y sobre el mismo tema. El uso masivo de Whastapp por parte de los autoconvocados proporcionó una carretera para algunas campañas bastante bien hechas.

 

En otras latitudes

En el mundo, el uso de megacantidades de datos en la campaña de Barak Obama de 2012 para dirigir mensajes personalizados, quedó obsoleta con la masiva irrupción de desinformación y agresiones que protagonizó la de Donald Trump en 2016.

El 17 de marzo de este año se empezó a conocer la cesión masiva de datos de usuarios de Facebook a la empresa Cambridge Analítica, una empresa que fue filmada por periodistas ofreciendo servicios para ensuciar las elecciones de Sri Lanka con acusaciones sexuales contra demás candidatos. Los datos robados de Facebook habían sido utilizados en diversas elecciones.

La empresa inglesa había comprado el método al psicólogo Michal Kosinski, quien estudió miles de tests voluntarios en los que ofrecía revelar la personalidad de los curiosos voluntarios. En realidad juntaba datos para redondear un método que, combinado con el perfil de Facebook dijo que podía conocer el color de la piel, la orientación sexual y la preferencia partidaria de una persona con sólo 68 'me gusta'. Una alegación que los científicos ponen en duda.

Cambridge Analítica combinó eso con métodos de campaña que aprovechan que las redes sociales nos encierran en burbujas donde no vemos casi nada más que aquello que ya quisimos ver. Campañas dirigidas exclusivamente a los indecisos a quienes no se limitaba a enviarles mensajes personalizados, sino que los rodeaba de un mundo donde solamente recibía los mensajes de la empresa o de quienes los replicaban o imitaban.

El método descarta todo intento de exponer las bondades del partido o candidato promovido; eso no importa. Se trata de la llamada 'democracia negativa': convencernos de que el rival es el demonio mismo. No importa que el elector no nos vote entusiasmado o nos vote por ser el menos malo; todos suman uno. Tampoco importa que el ambiente predominante sea de descontento; eso será problema del nuevo gobernante, no de la asesora electoral.

Otra vez, los estudiosos dudan de que esta metodología realmente funcione más que para enturbiar las mentes.

 

Argentina agrietada

Esta política de fabricación del odio la vimos aplicada en Argentina, donde se la identifica con Jaime Durán Barba, el consultor ecuatoriano de Mauricio Macri. Pero antes, parte del ala kirchnerista del peronismo había adoptado sin digerir una versión de izquierda, las teorías del filósofo Ernesto Laclau, y entendía que la única táctica era la confrontación hasta el fin sobre cada tema que apareciera sobre la mesa. El resultado de ese choque de trenes es conocido como "la grieta" que dificulta todo intercambio racional.

Sin embargo, Chantal Mouffé, la politóloga belga viuda y coautora de Laclau, hace análisis más finos. En La paradoja democrática, del año 2000, aconsejó sí a los partidos socialistas europeos que confrontaran con los liberales y que dejaran de mimetizarse con el 'pensamiento único' del neoliberalismo. Pero a efectos de que dentro del campo de juego hubiera dos bandos definidos que permitieran el procesamiento político de las inevitables tensiones sociales. Si no, adelantó, el lugar de la alternativa lo ocuparían lo populismos de derecha, el fanatismo religiosos u otros movimientos. Mouffé adoptó expresamente el término 'agonismo' para diferenciarlo de 'antagonismo', palabra que reserva para los conflictos que solo pueden resolverse con la eliminación de una de las partes.

Un marxista puede objetar que en el intercambio social más elemental, las relaciones de trabajo, ya hay intereses antagónicos. Pero aún así, no tiene lógica concluir en que hay que matar o morir en cada discusión. O, para decirlo en lenguaje ortodoxo, que la única manera de avanzar es confundir la contradicción fundamental con cualquiera circunstancial. Si nos declaramos demócratas -y hay quien no y hasta con argumentos-, tenemos que entender que hay dos cuadros, pero una sola cancha con líneas que la delimitan y solo se juega dentro de sus límites. Al menos, convendrá hasta el peor de los desconfiados, mientras se mantenga el juego.

 

Hacer justo lo contrario

En Uruguay han aparecido también mensajes, videos y placas presuntamente de izquierda, atacando a personas de la oposición. No sabemos si por adoptar una táctica kirchnerista, por simple barrabravismo o porque las redes alientan el mundo de los impulsos más bajos. Es una simpleza primitiva. En los últimos días, recordamos un video muy sucio contra una legisladora que se ha caracterizado por acudir con propuestas de acuerdo a todas las instancias de diálogo.

La izquierda uruguaya tradicional podía tener muchos errores, pero había aprendido, en parte de los vietnamitas, que la forma de pararse es identificar al adversario principal, tratar de aislarlo de sus eventuales aliados y aliarse con la mayor cantidad de sectores para derrotarlo. Preguntarse quién aísla a quién. Esa es, queda claro, una actitud distinta a reaccionar a bajezas con bajezas o, como dijo alguien: "Si ellos son sucios, yo soy más sucio," quiero ganar. No se trata de un campeonato de mugre, sino de ganar cabezas.

Y se trata, como dijo Seregni, de evitar la 'lógica de la guerra', porque "una vez puesta en marcha no puede anularse a sí misma". (Discurso del 29 de abril de 1972). Seregni también habló de "pensar en la mañana siguiente". Los actos electorales pasarán, pero la política sigue, gane o pierda el Frente Amplio un cuatro gobierno y sea o no con mayorías parlamentarias.

 



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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