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20 años después

Juan Pedro Ribas

27.09.2018

A propósito de las declaraciones del Inspector de Policía Mario Layera, me pareció conveniente realizar el siguiente aporte.

e trata de uno de los artículos componentes de mi primer libro titulado "Cuentos al margen, historias de miserias y riquezas", el artículo es del 1998,publicado en el año 2000, hace casi veinte años.

En vísperas del tercer compendio de cuentos que se titulara "Cuentos al margen, historias de riquezas miserables" y con la experiencia que estoy recogiendo como Director del Proyecto Charruitas; Proyecto que ha acordado con el Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente, INISA, una tarea profunda contra la adversidad  y la marginalidad.

Creo que viene al caso, este documento que ha sido reeditado en estos días por la Revista Raíces.

 

 

MORIR EN EL BORRO

por. Juan Pedro Ribas

 

Otro hermano de la vida ha caído en la heroica lucha por el jornal diario, en la anónima, esforzada y mal remunerada epopeya de la vida.

Cuando el niño aprieta el gatillo, todos morimos un poco.

Cuando el hombre aprieta el gatillo, el niño murió hace rato.

Murió a los seis o a los siete años, cuando lo violaron, cuando se congeló de frío, cuando la barriga se retorció de hambre, cuando se le partieron los dientes y le dio al pegamento para calmar el dolor. Cuando caminó descalzo sobre el hielo para buscar agua, cuando dejó la escuela para mangar, cuando encontró a su madre changando en la esquina, o con los ojos morados por la paliza del padre, no por changar sino por el vino.

Cuántos niños matamos cada día.

Cuántos jóvenes pierden la esperanza.

Por eso escribí mis Cuentos al Margen. Por eso las Historias de Miserias y Riquezas. Para que veas cuán dura puede ser la vida y para que te des cuenta con cuán poco podés ayudar a cambiar la realidad.

Para que comprendas cuánto le debemos a los curas, a Mateo, a José, a Rodolfo, a Pedro, a la hermana Eva, a la pastora Mery, a José, a Perico, a Manzana, a Fernando de Oxalá.

Para que quede claro que la indiferencia es el peor disparador.

Humildemente, te quise aportar que esto no lo solucionás con dinero, con casa y auto, con cien mil policías.

Esto lo solucionás "estando", logrando gente que "esté" con los más infelices y menos privilegiados.

No con cátedras ni con discursos, sino aprendiendo y acompañando.

No con amenazas, sino con el corazón, aunque sea para decirle "te acompaño y no puedo hacer nada".

No en la campaña electoral, sino todos los días, porque hay cientos, hay miles, la inmensa mayoría juega al fútbol, aprende oficios, forma bibliotecas populares, sigue concurriendo a la escuela, cultiva el arte.

Alentalos con tu presencia; alentá a los buenos, que lo otro lo hace el barrio.

Todavía hay tiempo; el más grande capital de este país es su gente. Hacelo por el corazón o por la razón.

Aunque sea para disfrutar más tranquilo tu confort.

Porque va a llegar un momento en que no serán eficaces las rejas ni los vigilantes ni el chofer para los que van a los colegios.

Cuando llegue ese momento de la verdad, lo único que va a quedar entre tú y el que te encare, es lo que hayamos podido sembrarle hoy en el corazón.

Voy a terminar contándote algo que no incluí en mi libro.

Estaba yo filmando para mi programa En Positivo que presentó el Canario Luna, el referido a los sin techo y los carritos de la madrugada. En la Plaza de la Bandera, bajo la bandera, en la Patria de Artigas, había -durmiendo sobre diarios- dos infantes.

Cuando el de doce años me contaba su historia, mi hijo con la cámara despertó al de nueve que, enojado, me puso un cuchillo en la garganta; le dije: "Mirá que si me matás, te va a acorralar la Policía".

Y ¿sabés qué me contestó? (se había escapado del Clínicas por una neumonía de las noches de intemperie): "A mí qué me importa; no me importa morir..."



Juan Pedro Ribas



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