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Frenteamplitis aguda

Fernando Gil Díaz

04.10.2018

Se maneja que hay un alto porcentaje de descontentos que se traducen en más de 10 puntos de intención de voto si hoy fueran las elecciones nacionales.

Comparado con el período anterior, a esta altura el FA recogía una intención ampliamente superior y algunos se frotan las manos esperando recoger algunos de esos "descontentos" que hoy no están conformes con el gobierno. Sin embargo no debieran esperar otra cosa que una reacción frenteamplista. El Frente Amplio es una coalición de partidos al mismo tiempo que un movimiento de bases, y -llegado el momento- siempre se alinean tras el objetivo común que hace a esta fuerza política única en el país y ejemplo para el mundo: la unidad en la diversidad. Hoy se muestran rebeldes, disconformes, se lo hacen saber a la dirigencia, reclaman como si no los hubieran votado. Es precisamente esa exigencia la que moviliza y renueva el intercambio de ideas. Es la levadura necesaria para los tiempos que se avecinan en plena etapa pre-congresal donde se definirá el programa de gobierno futuro. Somos inconformistas porque somos frenteamplistas, pero... como tales, sabemos que el instrumento sigue siendo el Frente Amplio.

Cambia, todo cambia

En estos tres períodos de gobierno consecutivos han ido cambiando las exigencias tanto como las expectativas. Lejos en el tiempo quedó la emergencia inmediata que creó el MIDES y los programas de asistencia que hoy muestran sus frutos en índices absolutamente incontrastables de reducción de la pobreza y la indigencia a niveles históricos. Datos que aún nos interpelan a buscar la excelencia pero, ensayando instrumentos distintos que ataquen -quirúrgicamente- los bolsones que restan por atender.

Han ido variando las necesidades y mutando los reclamos de la población, superados aquellos problemas que requerían inmediata atención. Hoy le exigimos al MIDES otra intervención para atender problemas nuevos; intervención que se ve superada por la velocidad con la que se manifiestan (la gente en situación de calle por ejemplo).

Lo mismo ocurre con la delincuencia, que se transforma rápidamente para valerse de factores del entorno para asentarse y pretender apropiarse de un territorio, incluida su gente, a la que no vacilan en confiscar sus bienes como ocurrió en la Unidad Misiones de Casavalle. Sin embargo, aunque no pudo evitarse que el hecho ocurriera, sí pudo recomponerse la legalidad y la implantación firme de un principio de autoridad que debía mostrar su firmeza y vigencia ante quienes pensaron no existían límites. Algo que debieran convencerse, también, dirigentes de la oposición que aún siguen sosteniendo que falta el ejercicio de la autoridad (como si ellos lo hubieran ejercido a su tiempo cuando padecieron los mismos problemas y no supieron resolverlos). Aquella semilla germinó y creció en entornos que no fueron obra de los gobiernos frenteamplistas. Hablan con tanta ajenidad que da vergüenza escucharlos.

Pero el descontento de hoy se concentra en reclamos que se fundan en un cambio de las expectativas de la gente. Los uruguayos no dejan de ser como cualquier mortal que siempre aspira a mejorar. Se muestran inconscientes de los logros obtenidos, porque esos logros ya fueron apropiados. Van por más y lo hacen saber. Lo que debemos ahora es recoger ese mensaje y transformarlo en propuestas que vuelvan a enamorarlos con un proyecto a futuro.

Se impone -necesariamente- una definición enfocada en temas centrales que permitan elaborar una propuesta programática que nos vuelva a encantar como frenteamplistas.

Basta con recorrer algunos barrios de la zona metropolitana para darnos cuenta que aún hay mucho trabajo por hacer. Se necesitan verdaderas obras de infraestructura urbana que tengan la virtud de generar un impacto que impida la proliferación de grupos criminales como los que sufrió la Unidad Misiones, por ejemplo. Rincones de nuestra ciudad que fueron creciendo sin proyecto urbano alguno y que terminaron siendo una acumulación de construcciones irregulares a la que luego hubo que dotar de servicios  que terminaron siendo instalados de forma precaria y absolutamente ineficientes. En definitiva, se terminó generando más precariedad.

Pero así como vemos esas dificultades también vemos oportunidades, la misma realidad nos marca el rumbo a seguir. Debemos avanzar hacia un cuarto gobierno que, atendiendo esas necesidades, permita reconstruir otra ciudad y haga desaparecer la urbanización precaria, los asentamientos.

Uruguay atraviesa década y media de crecimiento que no se aprecia en algunos rincones y que les da argumentos a quienes, haciendo ver la parte por el todo, afirman que esa es la realidad de todo el país. A pesar de esa falaz afirmación nos importan esos uruguayos tanto como el resto y hacia ellos es que hay que impulsar los cambios. Es precisamente el cambio el principal motor de una fuerza progresista que no puede darse el lujo de quedarse en el tiempo.

Sufrimos de "frenteamplitis" aguda, una rara enfermedad que nos distingue y para la cual no hay otra vacuna que seguir militando todos los días para asegurar la continuidad de un proyecto de país distinto al que nos ofrece la derecha.

Basta con ver a los vecinos para darnos cuenta que esas realidades son las que se vendrán si se corta la era progresista uruguaya. Una era que acumula muchos logros, que nunca serán demasiados pero que son la base de los que vendrán.

Uruguay hoy es reconocido -entre muchas otras razones-  por un presidente "héroe de la salud"; un ex presidente de fama internacional; y un Ministro de Economía reconocido como el mejor de América. Tanto reconocimiento junto es letal para una oposición que intenta cortar la racha de un gobierno que tiene a su mejor auditor entre sus votantes.

El susto despertó al mamado en otras instancias, esta vez hay un coma inducido que hay que interrumpir pronto para construir la victoria que asegure el 4º gobierno. A pesar que debieran saberlo, es importante recordárselos: sólo el FA garantiza la permanencia de los derechos adquiridos. Nadie quiere retroceder y menos con el panorama existente en el vecindario.

El Frente Amplio se cura con más Frente Amplio y esta "frenteamplitis" por más aguda que parezca, terminará siendo la vacuna final que pondrá el sello a un cuarto gobierno.

Ellos lo saben. Nosotros, también.






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