
Andrea Calvete
Esteban Valenti
Fernando Schmidt
Felipe Michelini
Enrique Pintado
Eduardo Vaz
Monica Xavier

Noticias de Uruguay en el Mundo 
Las delegadas de 17 países aprobaron por unanimidad conmemorar cada 19 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, a través de diversas luchas y circunstancias que fueron jalonando las conquistas de derechos civiles y laborales de las mujeres se desdibujó este origen y tomaron preeminencia las luchas gremiales que marcaron mojones en la historia de las reivindicaciones de las mujeres, como las de las obreras textiles en los E.E.U.U., luchas que a su vez tuvieron un final trágico, con la muerte de 140 obreras , el 25 de marzo de 1911.
Precisamente, el 8 de marzo de 1917 las mujeres rusas protestaron y marcharon bajo la consigna “Pan y paz”. Señalamos la confluencia de estas luchas y lo que ellas lograron respecto a la visibilidad y valoración de la defensa de los derechos de las mujeres como hitos que llevaron a que la fecha elegida fuera el 8 de marzo y que se la pasara a llamar Día Internacional de la Mujer.
Hoy en pleno siglo XXI continuamos reivindicando la igualdad de oportunidades y derechos entre mujeres y hombres y aunque hemos avanzado mucho, otro tanto queda por hacer.
En diversas oportunidades y por ciudadanos muy bien intencionados se nos ha señalado que tener un Día Internacional de la Mujer es una discriminación pues no existe un tal día para los hombres y que por lo tanto sería una aceptación y perpetuación de la diferencia de trato en la sociedad. A lo que siempre hemos respondido que paradójicamente eso por una parte es verdad y por otra no lo es. Es verdad en tanto que plantear un día en el calendario y utilizarlo para dar a conocer a nivel mundial las diferencias de género que discriminan a las mujeres implica reconocer que estas diferencias existen y que no se combaten ni menos se pueden revertir por la acción exclusiva e individual de cada mujer; sino que las acciones han de ser conjuntas y deben involucrar a toda la sociedad así como apuntar hacia los diferentes espacios de poder que la forman, desde la familia, la educación, el trabajo hasta todos los estratos y organizaciones de la sociedad, entre ellos el poder político, por enumerar los espacios más visibles. Si no fuera así, alcanzaría con que las mujeres nos esforzáramos mucho más en cada ámbito, entonces creeríamos o transmitiríamos al conjunto de la sociedad que somos discriminadas por no haber sido tan capaces o no habernos esforzado lo suficiente en el pasado.
La denuncia de las relaciones de poder que discriminan a las mujeres en cuanto sus posibilidades de acceso a las decisiones en los diferentes ámbitos busca transformar la sociedad y que cada uno reconozca en si mismo sus modos de discriminación.
Es muy importante proclamar y aceptar la igualdad de género pero si partimos de bases y topes muy diferentes no se arregla con dar a todos lo mismo porque estaríamos perpetuando la desigualdad. Se trata de la aritmética más simple, si le sumamos el mismo número, por ejemplo 10, a diferentes números (por. ej: 1+10, 2+10, 3+10, y así hasta infinito) jamás vamos a obtenerla misma cifra, sino que tendremos: 11, 12, 13, etc. La diferencia original entre los números se perpetúa, como se perpetuaría la diferencia entre los géneros sino promoviéramos una discriminación positiva que busca mejorar y hacer desaparecer esa diferencia, para así poder llegar a un resultado que alcance la igualdad de los géneros.
Uruguay por su raíz profundamente liberal fue pionero en el voto femenino o la ley de divorcio por sola voluntad de la mujer. Los gobiernos nacionales y municipales frenteamplistas han promovido múltiples instancias de trabajo para promover la igualdad de género y hacer realidad la consigna: “Por una patria para todos y con todos”, a lo que hoy podemos aportar que también será una Patria para todas y con todas.
Dra. Mónica Xavier, Senadora, Partido Socialista, Frente Amplio
![]() |
![]() |