
Andrea Calvete
Esteban Valenti
Fernando Schmidt
Felipe Michelini
Enrique Pintado
Eduardo Vaz
Monica Xavier

Noticias de Uruguay en el Mundo 
No puedo evitar hacer referencia a mi visión personal sobre la marcha de las cosas: creo que hemos comenzado con mucha fuerza, que estamos consolidando un equipo de trabajo importante y lleno de posibilidades y que las relaciones políticas y humanas con el presidente Mujica son muy buenas. Y ese es un capital importante que hay que preservar.
Con la oposición se abrieron instancias de diálogo y de elaboración de políticas de Estado muy interesantes. Pero el tema de esta columna, de esta necesidad de retomar un contacto directo con ustedes, como lo hicimos en la campaña electoral, no es hacer un balance completo. Ha pasado muy poco tiempo.
Si tuviera que elegir el hilo conductor de nuestra campaña electoral, destacando uno de los temas entre los muchos que tratamos y propusimos, elegiría sin dudar un momento el Proyecto Nacional. Esa es la mejor síntesis de continuidad y de cambio, de mirada estratégica y de factor orientador de todas las diversas acciones de nuestro gobierno.
El Proyecto Nacional tiene muchos componentes: políticos, sociales, económicos, educativos, de la salud, culturales, de inserción regional e internacional, de innovación y participación en la sociedad del conocimiento. Pero hay algo que atraviesa todo el Proyecto Nacional en particular en esta nueva etapa: la calidad.
La calidad es un rasgo distintivo de nuestro Proyecto Nacional. Calidad no puede ser una visión elitista, para exportar, para mejorar nuestra producción o para nuestra política económica y el manejo de los recursos del Estado. La primera calidad que buscamos es la calidad de vida de nuestra gente. De los que votan y los que no votan, de todos los uruguayos.
Calidad es un concepto general que tiene que ver con cuales son nuestras exigencias en las formas de convivencia social, en la alimentación, en la vivienda, en la seguridad, en la educación, en la salud, en la cultura, en síntesis, en como transcurre nuestra vida en sociedad.
Es el concepto de “un país de primera”, al menos como yo lo entiendo. La calidad de vida de nuestra gente definirá el país en el que vivimos.
La calidad de vida es también la integración de nuestra sociedad, combatir contra toda forma de discriminación, reducir sensiblemente y en forma permanente la pobreza y eliminar la miseria. Eso es darle un mínimo básico de calidad de vida a esos compatriotas, esos niños, jóvenes y esas familias, pero también al resto, a los que no aceptamos ser espectadores insensibles mientras una parte de nuestros compatriotas sufren y no tienen oportunidades. La calidad de vida es no sólo individual, sino familiar y social.
La calidad de vida no se impone, no es sólo obra de un gobierno, o del sistema político, es un esfuerzo de toda la sociedad. Y debemos trabajar todos en esa dirección, con nuestras diferencias, tensiones y debates. La calidad de la democracia, las libertades y la convivencia son también parte de un país de primera y del Proyecto Nacional.
Las intendencias municipales son fundamentales para mejorar nuestra calidad de vida. Sin gestiones municipales eficientes, productivas, con logros y resultados no tendremos un país de primera.
Comencemos por lo básico: una parte de nuestras vidas transcurre fuera de nuestras casas, en nuestras ciudades, pueblos, barrios, campos y allí dependemos de la gestión municipal. Del alumbrado, el estado de las calles, de la limpieza, de los parques, de los monumentos, del transporte, de la caminería rural, de la red de servicios locales. Eso es básico.
El próximo domingo 9 de mayo elegiremos intendentes en la capital y en los otros 18 departamentos. Hago esta división porque es notorio que para la izquierda, son compromisos y batallas diferentes, pero sobre todo porque Montevideo no es sólo de sus habitantes, es la capital de todos los uruguayos, la sede de su gobierno nacional y de muchos servicios que la conectan a todo el territorio, es además – por razones histórico-políticas – el eje hacia el que convergen todos los caminos. Todos traen a Montevideo y eso nos da una particular responsabilidad y ningún privilegio.
Además, en Montevideo vive más del 40 por ciento de las uruguayas y los uruguayos, y en ella se han concentrado particulares problemas sociales y de vivienda.
La calidad de vida es un concepto con un profundo contenido estratégico. Hay que pensar, planificar, mirando y previendo el futuro, de eso depende la continuidad y sostenibilidad de la calidad de vida. Por ejemplo, en el cuidado del medio ambiente, en el tratamiento de la basura, en la planificación de las grandes obras de infraestructura, en los polos logísticos y de desarrollo.
Hay otro enfoque sobre la calidad de vida en nuestras ciudades que quiero abordar: es su aspecto social. Los que más sufren la falta de calidad de los servicios, la ineficiencia, la desidia, la burocratización de las funciones públicas, son los más débiles, son los sectores de menos recursos.
Ellos dependen en buena medida de su ciudad, de su pueblo, para que una parte de su vida sea mejor. Dependen de las playas, de los parques, de los barrios, de las policlínicas, de los centros educativos y de los centros culturales y deportivos. Y naturalmente de la calidad de sus propias viviendas.
Por eso el Proyecto Nacional, es decir el gobierno y su plan de acción incluyen como una de sus prioridades un salto de calidad en las políticas sociales, que ya no se reducen a la alimentación, a la salud, a la educación, sino que incorporan una síntesis de todo ello: la vivienda, la forma de convivencia familiar y su calidad.
Los uruguayos y los frenteamplistas nos jugamos mucho el 9 de mayo, no sólo cargos y posiciones, sino el aporte que desde lo municipal y lo local haremos a la calidad de vida de los uruguayos y el impulso que le daremos al Proyecto Nacional.
Por Danilo Astori - Columna exclusiva para UyPress (http://www.uypress.net)
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