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¡Vamos … que vamos! ¡De igual a igual!.

Felipe Michelini

29.07.2010

La actuación del seleccionado nacional de futbol nos ha dejado a todos reconfortados por la actitud de sus integrantes dentro y fuera del campo de juego, más que por los resultados, que naturalmente también cuentan al momento de hacer un balance muy positivo. Hasta el menos entusiasta por el deporte nacional, al final se emocionó, tanto por la entrega de los jugadores, como por la hidalguía y seriedad mostrada en todo el torneo por aquellos y por los integrantes del cuerpo técnico.

Los ecos de la gesta deportiva se han ido apagando y todos hemos quedado con el sentimiento de haber sido testigos de un hecho sin precedentes en la historia futbolística nacional de las últimas décadas, comparable   solamente al honroso cuarto puesto logrado en el Mundial de México 70 y al  histórico triunfo de Maracaná hace 60 años.  Sin embargo estas líneas no están dirigidas a comentar la  hazaña deportiva,  sino a detenerme y reflexionar en dos de las consignas que más me llamaron la atención entre todo lo dicho, escrito y oído en relación a la participación uruguaya en el mundial de Sudáfrica.

¡Vamos … que vamos! fue la expresión nacida de una compatriota  anónima que se la trasmitió al  Director Técnico Maestro Oscar Washington Tábarez y este la adoptó como síntesis del espíritu del equipo para enfrentar a  los que  se suponían serían equipos superiores o favoritos en el análisis previo a la disputa de los encuentros . 

Y me parece que es en esos términos que debe asumirse el espíritu de cambio de nuestro Uruguay de cara al siglo XXI, en el marco de la propuesta progresista.  ¡ Vamos … que vamos! sintetiza el anhelo y la confianza en que “se puede”, de centenares de miles de compatriotas frenteamplistas que vieron su sueño hecho realidad en la concreción del primer gobierno del Frente Amplio con Tabaré Vázquez y su continuidad en el de José “Pepe” Mujica. 

Ninguno de estos gobiernos nos ha defraudado  y no hay ninguna razón para pensar en que eso suceda. La construcción de un proyecto nacional productivo que haga del Uruguay un  país de primera es un objetivo sustantivo. Bajo la conducción y liderazgo de un gobierno honesto eso permitirá  que todos los uruguayos y en particular los menos privilegiados y más vulnerables, puedan desarrollarse y vivir dignamente en la tierra en que nacieron. Hoy el  gobierno progresista tiene objetivos muy concretos y alcanzables como erradicar la indigencia, bajar la pobreza y reducir la desigualdad. Estos son elementos esenciales para mejorar el nivel y la calidad de vida de todos los uruguayos,  sobre la base de un país productivo, con justicia social y plena vigencia de las libertades y garantías propias del estado de derecho.

Todos los uruguayos conocen la diferencia entre los gobiernos progresistas y de izquierda y sus políticas con aquellas implementadas por la coalición conservadora de los partidos tradicionales durante veinte años desde la recuperación de la democracia.  Recuperación para obtener la cual los frenteamplistas, como parte de nuestro pueblo, ofrendamos nuestro sacrificio y nuestra lucha en el esfuerzo por derribar la dictadura y consolidar la democracia. No damos lecciones a nadie de democracia, pero tampoco las aceptamos de quienes nunca condenaron el golpe de estado y han admitido en sus filas a dirigentes que fueron protagonistas del régimen dictatorial, basado el de terrorismo de estado que asoló la República.  A su vez, en forma consecuente, hemos estado al frente en la lucha contra la cultura de la impunidad y por erradicar  de nuestro ordenamiento jurídico la ley mamarracho, paradigma de la política dirigida a proteger la impunidad de quienes cometieron gravísimos crímenes de lesa humanidad.

Hay mucho para hacer en el marco de las políticas públicas para lograr consolidar las reformas estructurales que se han iniciado,  como la de la salud, la tributaria, la educativa, la de la seguridad social, en el ámbito del trabajo, de los derechos humanos y de la  democratización de nuestra sociedad. En esta administración se ha puesto el énfasis en el plan habitacional, en la seguridad pública y en las infraestructuras. Así también es cierto que hay muchas cosas para cambiar en la fuerza política,  para mejorar su funcionamiento y en algunos casos, permitir que coopere en el impulso de  las transformaciones que nos llevarán a ser un país de primera.

¡De igual a igual! es la otra expresión síntesis que escuché con frecuencia de muchos compatriotas durante el desarrollo del campeonato mundial y al regreso de la selección. Nos consta a todos que más de uno se emocionó por el sólo hecho de haber sido testigo de cómo nuestra selección competía sin complejos, sin encerrarse en una táctica puramente defensiva, con idénticas credenciales,  frente a equipos de enorme poderío, de países muchísimo más ricos y poblados, con  respaldos e infraestructura que para el fútbol de nuestro país son inalcanzables. Y sin que nunca, incluso frente a la adversidad, se perdieran la deportividad,  la presencia de ánimo, la dignidad y  la buena educación.  Quedó demostrado que la “garra” , el coraje, el esfuerzo, no tienen nada que ver con la violencia,  la grosería, la queja o la búsqueda permanente de excusas para las derrotas sufridas.

¡De igual a igual! refleja el anhelo de centenares de miles de compatriotas, hombres y mujeres de trabajo, que quieren que también en otros órdenes de la vida se  pueda  percibir  a nuestro país como un igual de países más ricos o poderosos, un país cuya población es educada y se comporta con una actitud de civismo hacia sus compatriotas y hacia quienes nos visitan, que no admita comportamientos vandalismo y violencia.   Esa imagen debe surgir de la confianza recuperada en nuestro país y en nuestro destino como comunidad nacional, ya no sólo por el éxito logrado en tan importante justa deportiva, sino a través de seis años de una política exterior que  paso a paso ha reinstalado  un prestigio internacional del que nuestro país disfrutó en otras épocas, a la altura de países que tienen respaldos económicos, militares, así como territorio y población que los ubican en la escena internacional de una forma gravitante.

Nuestro país puede, tanto por su historia como por sus tradiciones, por el nivel cultural, social y económico alcanzado y en proceso de desarrollos aún mucho más importantes, así como por la actitud y el talante con que los uruguayos se enfrentan a los desafíos del futuro, recuperar en el  concierto internacional una posición destacada y digna, fundada en la defensa de los  valores que animan su política exterior y que no son otros que aquellos establecidos constitucionalmente como mandatos: la búsqueda de la paz, la primacía del derecho, la defensa de la autodeterminación de los pueblos y la solución pacifica de los conflictos.

En momentos de regocijo por el éxito deportivo, como frenteamplista, como dirigente del Nuevo Espacio, como uno de los impulsores de la construcción  del Frente Líber Seregni,  vaya mi reflexión  como una contribución al rumbo reafirmado de nuestra acción de gobierno transformadora.

Por ello lo del título, al que le agregaríamos  Por un país de primera: ¡Vamos … que vamos!  ¡De igual a igual!

Felipe Michelini


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