Derecho a decidir

Azul Cordo

15.06.2013

Queda una semana para la consulta popular no obligatoria que puede llegar a habilitar un referéndum para derogar la Ley que autoriza la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). ¿Podrá llegar? Probablemente eso se estén preguntando las organizaciones sociales y la fuerza política de gobierno, ahora que queda poco tiempo y que 'del otro lado', quienes promueven ir a votar el domingo, han logrado sostener su mensaje mediáticamente y llegar de una manera más masiva y popular.

El cénit de la llegada de este mensaje fue la realización de un spot audiovisual compartido en redes sociales, en la televisión y en los portales de medios gráficos, donde figuras conocidas argumentan -de manera falaz, para quienes hemos seguido el proceso de aprobación de la ley 18.987- por qué hay que ir a votar el 23.

Pero no conforme con que la realización de ese audiovisual supone que invitaron a esas figuras para lograr un mayor alcance del mensaje, incluyeron estereotipos sociales que implicarían que una mayoría social, sin distinción de clase, oficios o niveles educativos, apoya este acto. Allí se ven jóvenes que podrían ser estudiantes universitarios; una señora que podría ser mujer pobre que vive en un asentamiento; una médica -lentes, túnica y estetoscopio mediante-, y más.

Algo que llamó poderosamente mi atención fue que se apropian de nuestro mensaje y lo dan vuelta como una tortilla. Toman nuestra reivindicación histórica del 'derecho a decidir' y la resignifican, aunque no termina de quedar claro para qué, porque obviamente no se refieren a que las mujeres de una vez por todas tengamos el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. No. Se refiere a tener 'más tiempo para pensar'.

¿Para pensar en qué? ¿En ponerse en el lugar de cualquier mujer que potencialmente puede tomar la decisión de abortar? En Uruguay se hacían unos 33 mil abortos por año, desde que comprar misoprostol se convirtió en un riesgo que había que pasar por las fronteras, mientras la práctica abortiva fue ilegal.

¿Pensar en qué? ¿En si hay que autorizar a una mujer a que ejerza sobre su propio cuerpo?

En este tiempo histórico, donde venimos de sobrellevar el veto que dejaba un hueco en la Ley de Salud Sexual y Reproductiva que estaba completa en 2008, y de aguardar -sin dejar de insistir- para que se despenalice la práctica del aborto mediante otra ley, ya no hay más que debatir.

Es momento de poner la interrupción voluntaria del embarazo en la agenda de las políticas públicas y, por ende, de seguir tomando las mejores decisiones para que todas las mujeres que decidan abortar, puedan hacerlo en las mejores condiciones posibles.

A esta altura del siglo XXI, en un país que supo no tener penalizada esta práctica -que es tan antigua como la existencia de las mujeres y que no por eso es una decisión fácil ni tomada a la ligera-, no podemos habilitar debates sobre si abortar está bien o mal. Tocar la fibra moral no va más. Nunca debería haberse siquiera acercado hacia allí el debate, pero en todo caso, eso ya pasó. O debería haber pasado.

Es momento, sí, de que las autoridades competentes aseguren la ejecución de las políticas públicas que la ley de IVE supone: en primer lugar, que en cualquier servicio de salud atiendan a las mujeres que piden una consulta para evaluar la interrupción de su embarazo. Claro, esto supondría inclusive que no haya objeción de conciencia, pero estimemos que sí podrán contar con los servicios de Salud Pública y que eso no implique necesariamente viajar hasta Montevideo para lograr ser atendidas.

Segundo, que después de los estudios de rutina (ecografía y análisis de sangre) se asigne a la brevedad la consulta con el equipo de ginecólogo/a, psicólogo/a y asistente social, que nos asesoran y nos mandan a reflexionar cinco días para ver si estamos seguras de la decisión y que en todo momento aseguran acompañarnos si cambiamos de opinión.

Tercero: que se refuerce la necesidad de la consulta pos aborto. Porque este acto no terminó en el hecho de haber podido realizar correctamente la IVE. Desde lo físico es necesario saber si está todo bien, si no hay un posible riesgo de infección u otras complicaciones derivadas de un aborto que, al fin y al cabo, se realiza en la esfera privada con misoprostol.

Pasos que desnudarían la hipocresía en la que a veces parecemos sumidos. Como si no conociéramos al menos a alguien de nuestro entorno que abortó o que por lo menos pensó dos veces en tomar esa decisión.

Un folleto que se lanzó esta semana sintetiza de manera clara y concisa los pasos que implica cumplir con la ley de IVE y destaca que en la consulta pos aborto se asesorará a la mujer sobre los métodos anticonceptivos (no detalla cuáles son) para 'elegir uno' y 'evitar que quedes nuevamente embarazada sin desearlo'.

Aquí hago una salvedad: sería bueno que esta difusión sea más explícita sobre qué métodos anticonceptivos usar y que además contemple que no es solo la mujer la que se tiene que cuidar y responsabilizarse por los métodos anticonceptivos. Es muy bueno que podamos elegir cuál usar, pero sí que este mensaje debería llegar también a los varones.

Por otra parte, creo que el mensaje de los métodos anticonceptivos va de la mano con esas entrelíneas que maneja un porcentaje de quienes apoyan la despenalización del aborto: que los abortos lleguen a cero. Un mito. Cierto es que las cifras a nivel mundial hablan de que el número de interrupciones voluntarias de embarazos se reducen en los países donde no se penaliza la práctica; pero es inviable pensar que, en cierto momento, no va a haber más abortos, porque eso es igual a pensar que nunca más se romperán preservativos durante una relación sexual, nunca más fallarán las pastillas anticonceptivas o el dispositivo intrauterino.

Aunque sí es un cambio que se potencie la difusión de métodos anticonceptivos, porque el derecho a la información complementa necesariamente al derecho a decidir. Si no conozco, estoy en desventaja para tomar decisiones, y muchas de las mujeres que deciden abortar lo hacen porque antes no tuvieron acceso a la información adecuada.

Y sería cartón lleno si en todo el sistema educativo fluyera la educación sexual.

Vale decir que el folleto de la Red Integrada de Efectores de Salud y la campaña que lanzó el Frente Amplio en su web www.tenemosderecho.org.uy hacen hincapié en el derecho de las mujeres a decidir.

También abordan desde la afirmación y la pregunta la campaña que realizan varias organizaciones sociales bajo el lema 'Yo no voto ¿Y vos?'

Porque las decisiones ya las tomábamos, con la ley o no de nuestro lado, pero el Estado debe ser garante de nuestros derechos; nuestra decisión sobre llevar adelante un embarazo o no debe ser central en la ejecución de las políticas públicas, porque debe contar con las mejores condiciones habilitantes para decidir.

 

Azul Cordo
2013-06-15T18:50:00

Azul Cordo