Soy mujer

Carmen Blanco Catenaccio

22.10.2021

Soy mujer. Y en mí viven muchas que han sido y son parte de mi ser. Porque ser mujer es desdoblarse en etapas, en roles, en afectos, en mil y una formas de amor, que crecen y se acopian en un mar de sentimientos que conforman una trama algo incomprensible hasta para una misma. Polimorfa y ambivalente, fogosa y nereida, la mujer es un ser fabuloso y arcano que habita en el mundo para ponerle magia y color.

 

Soy mujer. Pero llevo en mí a aquella niña que iba a recoger flores en las mañanas soleadas de un desértico balneario, para traérselas a su madre mientras escuchaba los versos sencillos que repetían la historia: "Y era tan bella que hasta la aurora/ vierte sobre ella más claridad"... Recuerdos de amor imborrables, y de imborrable belleza y armonía, que alejaban de otro mundo de violencia y dolor.

Soy mujer. Pero dentro mío vive la adolescente rebelde y solitaria que devoraba libros y escribía por las noches a su amor imposible. Que hacía de su cuarto un búnquer contra la maldad que solía caminar por las habitaciones de su casa. Y también el amor incondicional de quien le enseñó a ser madre, de un hermano mayor amigo y socio en el maltrato, de un tío bendecido con un corazón grande. El más grande que conocí.

Soy mujer. Y dentro mío habita la joven estudiante que se empoderaba porque llevaba el legado de no tener que pasar por lo que las mujeres de la generación de su madre habían pasado. Esa joven que trajinaba jornadas enteras de casa a la facultad y de la facultad a casa. Que disfrutaba los veranos libre como salvaje en la playa de su infancia, cada vez más poblada y menos agreste, pero aún paradisíaca. Amores de verano... amores? Escarceos amorosos que dejaron atrás un amor platónico y tortuoso. Al fin disfrutaba de la libertad de sentir, de ser atrevida, de atreverse a un poco más. Cuánta ingenuidad había en aquellos alardes de libertad!

Soy mujer. Y aún late fuerte mi corazón cuando recuerdo a aquella muchacha veinteañera que encontró de casualidad y sin pensarlo el amor de su vida, una tarde en el lugar menos pensado. Amor fundante, definitivo, prístino. Con el que se construyó la sólida fortaleza de una familia que duró veintiséis años pulidos, trabajados, moldeados día a día con el arte de un orfebre. Con luces y sombras, la agonía y el éxtasis nos llevó a la cumbre en todos los sentidos para caer de pronto como se cae un castillo de arena cuando una ola se lo lleva puesto.

Soy mujer. Y también fui docente. La más noble de las profesiones, y enseñé algunas de las bellas artes que protegían las musas de Apolo, la Literatura. Trabajo en el que el corazón es herramienta y método.  Imposible no implicarse con.lo que se enseña y con los aprendices. Mis alumnos! Tan importantes en mi vida... algunos casi amigos hoy. La labor del jardinero da frutos impredecibles! Mientras corría la vida, siempre como telón de fondo, la maestra de letras que adora y disfruta lo que enseña, mientras se llena de energía con los jóvenes eternos.

 

Soy mujer. Y dentro mío siguen estando la gloria y el dolor de esa vida de muchacha que se fue convirtiendo en mujer al calor de un hogar bello y cargado de pasiones. Pasión mutua, por los hijos, por las metas, por el arte, por la familia misma. Y al fin, el más cruel Adiós.

Soy mujer. Me rescato en mi rol de madre. El amor que sentí cuando palpitaba la mariposa aleteando en mi vientre, que convertida en pequeño ser nos hizo inmortales... que bebió de mi seno, que creció rodeado de amor. Los tres hijos que hoy son mis mejores títulos, las medallas que luzco en mi pecho como la madre de los Graco. Cada uno tan original y tan brillante en lo suyo. Y yo tan mujer madre, que no puedo imaginar mi vida sin ellos. Que hoy me hacen abuela, amor multiplicado de la manera más preciosa y digna que pueda llegar como premio a la madurez. Y aunque no sea posible que los nietos anden entre nuestras rodillas a los sesenta y cuatro años, como cantábamos con aquella canción de los Beatles, igualmente soy feliz.

Soy mujer. Y he aprendido que empoderarse no es ser más que el hombre. Es aprender a ser feliz sin necesidad de un hombre. Por lo menos no aquel con el que planeaste terminar tus días. Bloque de hielo, y llamas ardientes, todo está dentro mío. Dormido. Ya no soy feminista militante. ya no soy feminista. Simplemente, soy mujer.

Soy mujer. Me regocijo con la vida, con la amistad, con la pintura, el ballet, la literatura. Los paisajes abiertos, el mirar lejos, mi casa en la playa. El milagro de cada día. Lo que tal vez vendrá. Sin esperar nada.

Soy mujer. Una flor que goza recibiendo los rayos del sol sobre sus corola. Sólo ella sabe cuántos universos más contiene en cada primavera. Y cuántos inviernos guarda bajo el color de sus pétalos.

Carmen Blanco Catenaccio es Prof. de Literatura, Lic. en Educación, Post grado en Gestión de Centros Educativos. 


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2021-10-22T10:40:00

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