Ruta General Líber Seregni

Enrique Pintado


El General Liber Seregni no vivió ni pretendió nunca transformarse en un prhombre emblemático de nuestra historia nacional. Muy por el contrario, con sencillez república, paciencia y sabiduría; día tras día cultivó el valor de la trascendencia anteponiendo siempre los legados históricos y el bien común al reconocimiento personal.

Con una convicción sin límites, no cejó en su esfuerzo de persuadirnos que para construir institucionalidad y profundizar la democracia debíamos deshacernos de la mirada espejada de las vanidades personales pensando siempre en la mañana siguiente del país y su gente.

El “General del Pueblo” nació en el barrio Palermo el 13 de diciembre de 1916. Un hijo más de inmigrantes de cuño batllista que sobrevivían atendiendo un pequeño negocio familiar inmobiliario. En 1941 se casó con Lilí Lerena con quien tuvo dos hijas, Bethel y Giselle, sus entrañables compañeras de lucha y de afectos.

Como cualquier hijo de vecino de la época, Seregni cursó Primaria y Secundaria en la Enseñanza Pública y fue cofundador de la Asociación de Estudiantes del Liceo Zorrilla.

En 1933 ingresa a la Escuela Militar en el arma de artillería donde dessarrolla una extensa y prolífica carrera, especializándose en dos de sus pasiones que lo acompañaron toda la vida, la geodesia y la astronomía.

En 1937 fue arrestado por concurrir a un acto de apoyo a la Segunda República Española. Esta “desobediencia” de Líber Seregni fue un indicio más de su compromiso de sangre con la política y la democracia que luego desarrollaría.

En 1959, ya como Coronel del Ejército, organizó la evacuación de Paso de los Toros ciudad amenazada por la creciente del Rincón del Bonete en medio de la peor inundación que recuerda el país,. A mediados de la década de los años 60 Líber Seregni lideró dentro del Ejército las corrientes de pensamiento democrático y constitucionalistas en abierta confrontación con los militares adherentes a la doctrina de la seguridad nacional que luego promoverían el golpe de Estado. En 1968, a partir de sus severos cuestionamientos al modelo de gestión del gobierno, solicita su pase a retiro del Ejército.

Fundador del Frente Amplio y líder histórico de la izquierda uruguaya, con el paso del tiempo Seregni se transformó en referente de una forma de concebir el mundo, Latinoamérica, la región y el país, logrando el apoyo de amplios sectores de la población y el respeto y  elogio de sus adversarios políticos.

Luchador social férreo y tenaz, durante la dictadura militar mantuvo su compromiso cívico hasta las últimas consecuencias. Eso le valió que el gobierno de facto lo mantuviese más de 10 años en prisión. Cárcel que no le impidió seguir tendiendo puentes de unidad interpartidaria para consolidar un frente democrático que hiciese caer a los golpistas y restaurase la constitucionalidad y el pleno ejercicio de los derechos ciudadanos suprimidos a la  fuerza, con el terror y las armas.

El poder ciudadano, la lucha de todos los partidos políticos y la presión internacional; hicieron que el 19 de marzo de 1984 Seregni fuese finalmente liberado de la infame prisión. Demacrado por el encierro pero con la frente alta y la mirada encendida, lejos del mesquino revanchismo, desde el balcón de su casa y megáfono en mano nos dio una lección de vida. Sus dichos son más elocuentes que cualquier palabra.

“Salgo con la conciencia tan tranquila como entré. Más firme, más convencido de nuestros ideales, más decidido que nunca a entregar dentro del marco jurídico en el que me encuentro y dentro del límite de mis posibilidades, hasta el último átomo de mis energías al servicio de nuestro pueblo(…) No es momento de discursos compañeros. Es momento de expresar una tremenda alegría, pero por sobre todas las cosas de pensar el camino que tenemos que transitar hacia delante. La patria marcha a la reconquista de la democracia y en ese camino estamos. Juntemos todos nuestros esfuerzos para facilitar esa marcha y para alcanzar la libertad y el total ejercicio de la democracia. Por eso compañeros ni una sola palabra negativa, ni una sola consigna negativa. Fuimos, somos y seremos una fuerza constructora. Obreros de la construcción de la patria del futuro que soñamos.(…) Para poder transitar efectivamente los caminos hacia la recuperación de la democracia necesitamos la pacificación de los espíritus para alcanzar la pacificación nacional. Y lo sentimos como una necesidad porque no hay democracia si no hay paz”.

Recuperada la democracia sembró pacientemente la semilla de un cambio cultural en la forma de hacer política y en el relacionamiento interpartidario. Articulador del diálogo e impulsor de las buenas ideas, construyó consensos apoyando toda propuesta que enriqueciera nuestro país sin mirar quien la propusiera.

El 5 de febrero de 1996 desde la explanada de AFE, en pleno debate electoral por la reforma constitucional y asumiendo el riesgo de nadar contra la corriente el General tuvo el coraje de decir: “Nosotros queremos entablar la lucha política con una lucha de ideas y así lo hemos pregonado desde que nacimos. Una lucha de programas, una lucha por planes a realizar que resuelvan los problemas de nuestro país y de nuestra gente. No queremos el ataque personal y no lo practicamos. Con nuestros adversarios políticos hay que fijar y seguir reglas claras del juego político. A contraponer, repito, principios y programas, no a herir a las personas.”

Para reforzar su mensaje llamó a la autocrítica recordando los gestos de grandeza de los fundadores del Frente Amplio: “Lo primero que hicieron ellos fue abatir los alambrados de las chacras chicas para formar el campo común donde moverse. No cometamos el terrible pecado de andar cercando las chacras chicas. Por eso recuerdo hoy a los heroicos compañeros frenteamplistas 25 años después y convoco a tomar ejemplo de ahí. La historia se vive  para recoger sus enseñanzas”.

Por sus convicciones, que nunca enunció como verdad revelada, fue que en el acierto o en el error se comprometió corajuda y honestamente con sus dichos sin medir costos políticos. Con claridad lo dijo en ese mismo acto expresando sus principios éticos y morales más allá del discurso político. Aludiendo a su participación en la reforma constitucional manifestó: “… claro que si compañeros !!!  pues  claro que fue un acto individual y personal !!!, ¿ quién había dado la palabra ?   Yo, Líber Seregni !!! Y yo compañeros soy muy, muy cuidadoso de la palabra que empeño y de los compromisos que asumo. Bien saben los frenteamplistas que siempre he hecho cuestión de cumplir mis compromisos, así sean los menores como ir en hora a un comité de base cuando había acordado llegar a las nueve de la noche del día tal. Yo sé actuar en consecuencia, ante cualquier responsabilidad asumida. Y aunque a alguno le parezca algo trasnochado, para mi la  palabra dada es un capital fundamental de mi accionar personal  y  político” .

Riguroso, analítico y sistemático como fue toda su vida, Seregni planifica su despedida. Después de ser reconocido por compañeros y adversarios como un gran estadista, referente intelectual y ético para el país entero, el General anuncia su retiro de la política activa en 2003 durante el 4º Congreso del Frente Amplio. En 2004 disuelve el Centro de Estudios Estratégicos 1815 y el 19 de marzo del 2004, exactamente 20 años de su liberación de la cárcel del oprobio, da su último discurso en el Paraninfo de la Universidad. Oratoria considerada como su testamento político y una de las reflexiones políticas más agudas en la historia de la izquierda y del país. Padeciendo el sufrimiento de su enfermedad, conciente de su condición, acompañado de su familia y atildado como siempre, entró al Paraninfo iluminándolo con mirada profunda y conmovida sonrisa de agradecimiento. Y de arranque nomás marcó la cancha con palabras que no admiten traducción y sólo pueden ser transcriptas: “ Muchas veces dije que era un privilegiado de la vida; hoy lo repito. Cada uno de nosotros es parte de lo que ponga de sí mismo pero también es parte de las circunstancias de lo que le ofrece la vida. Y a mí la vida me permitió vivir situaciones que a otros no les fueron permitidas, por eso termino todavía con este privilegio mayor de estar esta noche con ustedes.

No es fácil recibir un homenaje así en persona. Sólo cabe agradecer y decir que intenté ser en mi vida fiel a mí mismo, coherente, en el marco de principios éticos elementales, en la defensa de la libertad y de la democracia, en el respeto irrestricto a la Constitución y a la ley. Pero, mis amigos, todo lo que hice, lo bueno y lo malo, lo acertado y lo erróneo, fue a plena conciencia, tratando de perseguir el paradigma de decir lo que se piensa y hacer lo que se dice. A veces pude hacerlo y otras veces no, porque yo también sentí, como muchos de ustedes, la vigencia del dilema de la posible oposición entre la ética de las convicciones y la ética de las responsabilidades. Cuando uno tiene un cargo, cuando uno habla en nombre de otros, no es uno solo el que habla, y eso limita seriamente las posibilidades de expresión propias. La ética de las responsabilidades debe ser tenida muy en cuenta cuando juzgamos las conductas de gobernantes y de líderes políticos. Por eso recién cuando pude desprenderme de las ataduras de mis responsabilidades pude hablar por mí y para mí y ser auténtico. Así dije mi verdad, la mía, no la verdad, que en ocasiones pudo chocar o herir a alguien. No fue mi propósito lastimar a nadie, y si en algún momento eso pasó, aquí, públicamente, presento mis excusas.”

Refiriéndose a la salida de la dictadura el General hilo fino y con proyección de futuro. “No hay memoria sin olvido. El problema individual de cada uno de nosotros y de la sociedad entera es saber y poder qué olvidar para mejor recordar aquello que no puede ni debe olvidarse. Esto, mis amigos, es fundamental en lo que tiene que ver con aquellos años.. Pero lo trascendente, lo que quiero marcar hoy en forma fundamental, fue la demostración de que se había perdido el miedo al miedo…porque el régimen había impuesto el terror y una contracultura absoluta. La absurda moral de no poderse mirarse entre los integrantes de distinto sexo, ni sonreír. Había que desconfiar, recelar. Fue por sobre todas las cosas la negación de la vida y del amor.En los primeros meses del 73 ya había represión, ya había miedo y yo conversaba con los jóvenes. Recuerdo una tardecita en Treinta y Tres en una escuelita suburbana; hablábamos de eso y yo decía que la tribu se reúne ante el momento de peligro, que había que juntarse para afrontar la situación. Y entonces naturalmente en la charla que manteníamos surgió una frase que la maestrita con su linda letra escribió con tiza en el pizarrón de la clase: “Unir mil miedos para formar un solo coraje”.

Y claro que sentimos y convivimos con el miedo pero lo vencimos, y eso fue fundamental en la lucha por la libertad y la recuperación de la democracia. Porque, mis queridos amigos, no hay libertad con miedo, no hay vida plena con miedo, no hay democracia con miedo.

Recuperaramos el sentido de la vida, el valor del amor como fundamento de la relación humana, los valores éticos y sociales y saber que esa reconquista era posible si la lucha era de todos.”

Finalizando su célebre oratoria, el General nos envió un claro mensaje unitario para combatir los crudos impactos de la fragmentación social que ya vislumbraba: “No me olvido que estamos en un año electoral, pero quiero proyectar a este presente el espíritu que guió a la generación del 83. Cada uno de nosotros tiene sus afinidades políticas, pero reconozcamos que en estos tiempos que transitamos en todos los ámbitos corren vientos de renovación y de cambios, una expresión de las voluntades en todas las tiendas políticas de elaborar propuestas y voluntades para un futuro mejor del pueblo oriental.

Entonces quiero remarcar que la condición primera para cualquier proyecto de recuperación del país exige el cambio moral en nuestra sociedad. Porque la crisis también provocó el encerramiento de la gente en sí misma y el aislamiento, también afectó los valores societarios que tenemos que recuperar. Y ésa es una tarea común a todas las fuerzas políticas y sociales de nuestro país en el momento actual. Esto es lo que hace necesario un espíritu militante, más allá de cualquier diferencia doctrinaria, política o religiosa, como fue el espíritu de la gente de la generación del 83. Sin banderías políticas, con la única bandera de querer la libertad humana.”

Pocos meses después el Gral. Seregni fallece y cumpliéndose su voluntad sus cenizas fueron esparcidas en la Meseta de Artigas. Gesto final de agradecimiento al patriarca por quien siempre mostró devoción y que lo inspiró en su vida.

En breve enviaremos al Parlamento un proyecto de ley solicitando que la ruta Interbalnearia lleve el nombre del Gral. Seregni. Acto minúsculo de reconocimiento por todo lo que nos enseñó. Austeramente, solo pretendemos que algunas de las miles de personas que transitan esa ruta refuercen la memoria colectiva y trasmitan a sus hijos la belleza de vivir pensando en la mañana siguiente.

Enrique Pintado
2010-08-12T01:04:00

Enrique Pintado

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