VERSIÓN PARA IMPRESIÓN
26/01/21

Argentina: “Por otro 17”

Alejandrina Morelli

La consigna “por otro 17” estuvo presente siempre en el corazón de los peronistas.

 

Néstor Kirchner, al conmemorarse el aniversario del golpe de Estado de 1976, durante el primer año de su mandato, el 24 de marzo de 2004, de forma inesperada, produjo un silencioso pero conmovedor 17 de octubre al ordenarle al jefe del Ejército descolgar, de la galería de cuadros de presidentes argentinos, los de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone.

Si el 17 de octubre de 1945 lo protagonizaron los trabajadores, que llenaron la Plaza, reclamando por la libertad de Perón y refrescando sus pies en la fuente, este 17 lo protagonizaron los treinta mil desparecidos. Si en un caso el 17 puso a los trabajadores como la columna vertebral del movimiento peronista, este otro marcó el lugar que tendrían los derechos humanos de allí en más e incorporó a las juventudes de izquierda a este movimiento de masas.  Si uno puso en pie los derechos obreros el otro puso en pie el derecho a la memoria, la verdad y la justicia.

En este 17 de octubre se esperaba con ansiedad otro hito histórico y no solo la conmemoración de una fecha emblemática, pero Aníbal Fernández, en su discurso, se refugió en la historia, en la mitología peronista, en la marchita cantada por Hugo del Carril cuando Néstor y Cristina, habían dado un gran paso sustituyendo las imágenes de Evita como una Santa por su retrato en la pared del Ministerio de Obras Públicas, sobre la 9 de Julio, cómo la del Che en La Habana, cuando en lugar de velas a Santa Evita puso pan en la mesa, y en lugar de "alpargatas si, libros no"  entregó libros y la gente pudo comprarse sus alpargatas. Los mitos fueron suplantados por políticas sociales, matrimonio igualitario, estatización de YPF y satélites argentinos en el espacio, entre otras cosas.  

Pero este peronismo del nuevo siglo fue olvidado en este discurso.  

Es cierto que Alberto Fernández está acorralado entre las exigencias de la deuda, la pandemia y la descarnada oposición que maneja los mercados cambiarios y los medios de comunicación, una oposición durísima, descarnada, llena de odio y hasta dañina, si se toma en cuenta que sabotean en forma sistemática las políticas para detener la pandemia. 

También es cierto que en la interna tiene demasiados jugadores para poder ser un buen árbitro:  juega contra las cuerdas y muchos se preguntan si, pasada la pandemia, el presidente podrá armar una política coherente con dirigentes tan diversos.

Por ahora su mensaje es tan amplio que casi se desdibuja. Se propuso "curar la Argentina" pero no anunció ninguna medida que haga pensar en una pronta recuperación -si de enfermedad se trata. Se dirigió más bien a calmar a los empresarios definiendo el peronismo como "integrador" de las clases sociales, como poniendo paños fríos a las medidas de expropiación o impuestos y reivindicó las políticas humanitarias (con el apoyo que desde Roma le da Bergoglio) poniendo "primero a los últimos ". Intentó también ser un factor integrador de la sociedad argentina con una sola herramienta de dudoso efecto social: el amor.  

La gente en la calle sustituyó la debilidad del gobierno. Los coches, camiones, colectivos, motos -con barbijo-  llenaron las avenidas de casi todas las ciudades del país.  Hay una Argentina que todavía espera, que todavía cree que se puede, y que sobre todo no está dispuesta a resignarse a volver al lugar relegado, invisible y olvidado en el que la puso el gobierno anterior.  

Alejandrina Morelli es argentina, periodista, escritora, emprendedora, gestora cultural, trabajó como corresponsal de diarios uruguayos en Buenos Aires. Diriigió dos ediciones del Festival Internacional de Cine de Punta del Este, donde vive desde 1996. Fue Coordinadora de la edición 2013 del Festival de Cine de Derechos Humanos. Fue nombrada ad honorem Responsable de Cultura de la Dirección de Género de la Intendencia Municipal de Maldonado.


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