VERSIÓN PARA IMPRESIÓN
25/01/21

Pensar al Frente de otra manera

Jaime Secco

En el proceso de repensarse, que se embarcó el Frente Amplio, uno de los temas que se menciona con insistencia, pero sin mayor detalle, es la inadecuación de su estructura a la naturaleza y magnitud de los desafíos.

 

Se trata de encontrar otra forma de funcionar que preserve y potencie aquello que hace al Frente lo que es. Voy a fundamentar que no se va a resolver el problema si se sigue viendo y definiendo al Frente Amplio como algo que no es. Dicho de otra manera, si no se lo toma como objeto de análisis y se sigue partiendo de fórmulas, como "coalición y movimiento."

El Frente Amplio no es una coalición. Ellas son acuerdos momentáneos para formar gobierno. Desde su origen el Frente se propuso ser una creación política permanente con autoridades y organismos comunes. Tampoco es un movimiento, algo con cierto arraigo pero sin demasiadas definiciones. No puede ser, por tanto, una suma de dos cosas que no es.

El Frente Amplio es un partido. Los politólogos distinguen distintos tipos de partido según diferentes criterios. El Frente es un partido con sectores internos fuertemente organizados; otros partidos no, a lo sumo algún dirigente discrepa personalmente con otros. Es un partido con organismos de base activos; otros son simples máquinas electorales profesionales.

Esas dos características del Frente Amplio hacen a su esencia y todos tenemos que cuidarlas. No podemos dejar de ser una unidad de la izquierda basada en la fraternidad y el consenso, que ha resultado exitosa. Tampoco queremos de dejar de tener una militancia que tenga confianza en que su opinión cuenta.

Pero eso no quiere decir que sea imprescindible la estructura actual híbrida, que en cada organismo tiene una correlación de fuerzas distinta. Ningún partido de izquierda se da una dirección federal integrada con representantes de distritos. Tampoco es razonable una dirección creada "de afuera", con representantes de sectores. 

La organización actual que nos fuimos danto por sucesivos remiendos, ni esta dando resultado ni es la única posible. De vez en cuando surge alguien que pretende que los organismos electos en elecciones internas por mandato constitucional en junio de los años electorales sustituya todo el tinglado actual. Es evidente que eso haría que el Frente deje de ser lo que es, por democrático que suene.

Algunos efectos indeseados

Hoy tenemos una dirección sin peso político. En lugar de agrupar a los principales dirigentes, estos prefieren estar en sus sectores u otro lado. Solo en momentos de crisis se encuentran, en otro lado, y consensuan. Esa dirección no puede resolver más que asuntos cotidianos. Y hay otras dos cosas que no puede. Ni es un centro de pensamiento estratégico, del cual el FA carece, ni tiene un aparato partidario moderno capaz de enfrentarse a adversarios sumamente profesionales.

El hecho de que los dirigentes y luego buena parte de los militantes sectorizados estén aislados entre sí, solo favorece resquemores y sectarismos. Además, la organización no tiene en cuenta a los independientes, que seguramente los tenemos y muy calificados. Los cargos estatales fueron designados por cuota política, contra todo lo que habíamos dicho. Y eso, que en sí no es corrupción, pero le abrió la puerta, se mantiene después de la derrota.

Entonces, la forma de funcionar alienta el micro-agrupamiento y la fragmentación. Es una simpleza decir que no existen 30 o 60 filosofías políticas; los agrupamientos no corresponden a ideologías sino a desarrollos políticos, de confianza y a la respuesta a los incentivos que la actual organización ofrece.

Hay militancia frenteamplista en los comités. No es abundante y, por suerte, no es el total de los frenteamplistas activos, que están en sindicatos organizaciones feministas y mil otros lugares. "Las bases" o "el movimiento, es algo mucho más amplio. Pero la estructura actual obliga a los comités a atender a mil decisiones de la Mesa Política y el Secretariado y les quita tiempo para atender a los vecinos, a los compañeros de trabajo. Hemos perdido cobertura del territorio a medida que comités cerraban y no eran sustituidos y donde hay, es difícil que se encuentre una organización de manzaneros que conozcan quién hay detrás de cada puerta. Y la estructura actual no tiene un frente de organización que apoye activamente a los organismos de base, como siempre tuvieron los partidos de izquierda. Quizá por falta de confianza mutua. 

Tres expresiones del movimiento

Se precisa pensar el Frente no como una estructura federal que solo representa a un puñado de militantes, ni como un acuerdo que incluye solo a sectores reconocidos. 

Tenemos que pensarlo como tres formas del movimiento y combinar su interacción.

La primera expresión, la más participativa son los cientos de miles que definen la composición de los organismos constitucionales. No podemos seguir quejándonos de que en esas elecciones vota cada vez menos gente si antes avisamos a los electores que los organismos que está votando y por tanto su opinión no jugarán ningún papel. 

Eso no es dar prioridad a los sectores. En toda elección, claro, hay que definir opciones, pero el umbral para obtener un escaño es tan bajo que casi cualquier agrupamiento puede lograrlo. Esos organismos -llamémosle convenciones- formarán una dirección diaria. Pensamos en que tengan comisiones permanentes -quizá abiertas- que le den rica vida interna a la organización. Su número es similar al de quienes se reúnen en comités pasados los períodos electorales. El hecho de que los convencionales sean propietarios de su escaño, hace menos relevantes a los sectores que hoy llegan a estar enumerados en los estatutos. La vida dirá si se separan o reagrupan por afinidades.

Pero la actual estructura de departamentales y coordinadoras, una segunda expresión del movimiento, está acostumbrada a opinar y es conveniente que que lo haga. Lo que no se precisa es que todos los comités discutan todo el orden del día. Sí que puedan intervenir cuando realmente importa. En ese caso, debiera alcanzar con que reúnan un porcentaje menor al que precisan hoy para suspender una decisión.

¿Cómo se resuelve en esos casos? Haciendo intervenir a una tercera expresión del movimiento: el conjunto de los adherentes en plebiscito; un mecanismo ya previsto por el Estatuto.

A esto le falta una mención a los mecanismos razonables de protección a las minorías para no forzar rupturas.

Rafael Piñeiro, coautor de un libro premiado sobre la sobrevivencia del activismo en el Frente Amplio, comentó a este enfoque que sería bueno que en la dirección haya gente que no esté involucrada en la elaboración de listas sectoriales. Pensando esto, recordé que el Frente ya tenía eso. Cuando Líber Seregni era presidente, él nombraba a su secretario y a los presidentes de todas las comisiones: todos rigurosamente independientes y que funcionaban como una especie de "sector" de Seregni.

De hecho, ya hay un proyecto de estatuto con un sistema similar. Sus autores insisten en que no se trata de un proyecto ideal, sino de una demostración de que el Frente Amplio puede pasar al siglo XXI sin dejar de ser lo que es. Pueden surgir otras.

 

Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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