VERSIÓN PARA IMPRESIÓN
18/01/21

Irracionalidad abrumadora

Marcelo Marchese

Tuve un amigo que era algo traidor y un poco miserable y al mismo tiempo, a su manera, generoso y sobre todo, como poeta, inusualmente valiente y magistral y sus mejores páginas están a la altura de las mejores páginas de la literatura.

¿Qué conjurara a mis espaldas o robara un libro o un disco para venderlos y comprar alcohol o drogas, desmerece la calidad de su poesía? En absoluto. Sólo un tonto dejaría de entrar a una casa porque su arquitecto fuera nazi o sionista.

Mirada de cerca la vida de los artistas que admiramos, en muchos casos, muchísimos, resultará aterradora. El artista, en general, es un ególatra, cuando no un obseso. Primero está él, luego él y en tercer lugar él. Esto no quiere decir que no ame a la humanidad. Si el amor a la humanidad fuera un instinto, ese instinto lo tiene desarrollado de una manera superlativa, sólo que es un amor a la humanidad que pasa a través de él mismo. El artista se reconoce a sí mismo en la humanidad y reconoce a la humanidad en sí mismo.

Si es un artista que de verdad conmueve y no un mero adorno, con certeza habrá trasmutado su dolor en arte, como si se tratara de un alquimista, y si ha trasmutado su dolor en arte es porque ha sufrido bastante y con certeza ese sufrimiento lo ha dejado abollado, condición que define a los artistas conmovedores que admiramos, acerca de los cuales, si fuéramos suficientemente sabios, además de admirarlos, sentiríamos piedad.

En el cielo hay ángeles, al parecer, y en el infierno, según dicen, hay demonios. Aquí, a mitad de camino estamos nosotros, los hombres, llenos de defectos y virtudes...

 

-No estarás justificando a Daniel Viglietti ¿verdad?

-De momento estoy presentando hechos.

-Los hechos deberían incluir la violación que salió a luz.

 

-La acusación parece sólida, aunque sé bien de bien y por experiencia propia que las cosas que se dicen de uno a veces son ciertas pero no siempre son ciertas: llegaron a mí noticias de cosas que hice que sé mejor que nadie que no hice, así que conviene, por excepción, detenerse a pensar.

Lo interesante es cómo algunas personas de izquierda negarían los hechos aunque vinieran por añadidura con pruebas contundentes. En esto no difieren en absoluto de algunas personas de derecha, pues a unos y a otros les importan más los dogmas que las verdades. A nadie le gusta que se altere un mito o la imagen de un prócer, sea Jesucristo, Artigas o Viglietti, una suerte de apóstol de la izquierda, pues uno deposita cosas de sí en los mitos y en los próceres. Al mismo tiempo, los que tengan motivos políticos para odiar a Viglietti creerán a pies juntillas la acusación. La verdad, de esta manera, no habrá avanzado un centímetro.

 

En cuanto a los hechos hay algunos puntos a considerar.

 

Se equivocan los que plantean que la denuncia es falsa pues en caso contrario la víctima hubiera hablado hace cincuenta años. Las personas que piensan así no se han preguntado por qué una niña guarda el secreto ¿Si a ti te violaran lo divulgarías a los cuatro vientos?

Si bien el post de Nelson Diaz acusa a Viglietti de violaciones a menores, el post de la sobrina de Viglietti habla de un abuso. Una cosa es una violación, que es algo horrible, y algo diferente es violaciones. Luego, la sobrina habla de abuso, y si bien una violación es un abuso, también existen abusos igualmente condenables que no llegan al grado de violaciones, así que aquí tenemos un problema con el término.

Lo que sí está comprobado es que para la familia de Viglietti, o para parte de su familia incluyendo a su medio hermano, cometió un abuso, y ese relato familiar llegó a nosotros. Casi siempre estas acusaciones son ciertas, pero no en todos los casos son ciertas. Vi de cerca cómo alguien se comió una acusación falsa de abuso, acusación hecha por la madre de la víctima, pero llamada a declarar la víctima la acusación se derrumbó y el abusado a la postre, a causa de la acusación falsa y reveladora de un deseo oculto de la madre, fue el acusado. También, como muchos otros, conocí de cerca un caso de abuso y sé lo difícil que es denunciarlo.

Así que si queremos juzgar, las pruebas por ahora apuntan contra Viglietti, pero, como sabemos, en un juicio que se precie de buscar lo justo, no alcanza con que las pruebas apunten, hay que confirmarlas y escuchar directamente a la víctima. Uno puede tener su casi total certeza, o su intuición, pero no alcanza con eso. Se dijo que una esposa de Viglietti se separó apenas se enteró del caso, pero también se dice, y lo dice alguien muy confiable, que se llamó a esta esposa y que niega tal cosa. En suma, y esto no deberíamos olvidarlo nunca: una cosa es ser acusado y otra cosa es ser hallado culpable.

 

Hay algo que creo no se evaluó ¿Nadie pensó en la posibilidad de que Viglietti cometiera ese crimen y luego se arrepintiera sinceramente?

 

El arrepentimiento no corrige el daño causado a la niña, aunque supongo que en parte la ayudaría. No corrige el pasado, ahora, corrige el futuro. No digo que se haya arrepentido y tampoco digo que haya abusado. Sólo digo que hay cosas que nos faltan por saber, y también digo, como es evidente, que la inmensa mayoría de los casos de abusos y violaciones quedan soterrados, y que nuestra sociedad sufre este mal, y que estamos a mil millones de kilómetros de distancia de remediarlo. El pudor de la víctima, su honra, y otras cosas muy complejas que nadie nunca menciona y así estamos analizando la vida con medias verdades, son las principales armas del abusador.

Hace tiempo, cuando conocí a Dostoievski, pensé que en su juventud había hecho una gran macana, y concretamente pensé que en su juventud había llevado a cabo una violación. Un famoso crítico y traductor de Dostoievski pensaba lo mismo. Luego pensé que su culpa, la obvia culpa que sentía, podía ser resultado de otro acontecimiento donde hubiera entrado en juego de forma más tortuosa: Dostoievski asistió al asesinato de su padre por parte de sus siervos, y todo aquel que haya leído los Kamarazof sabe que este asunto de desear la muerte del padre no es algo muy alejado de los hombres, o al menos, de Dostoievski, Shakespeare y Sófocles.

Sea el primero o el segundo caso, el sentimiento de culpa de Dostoievski lo impulsó a escribir su obra y acaso fuera una manera de redimirse ante un pecado, un horror, o acaso fuera un producto de la imaginación, pues una cosa que al mismo tiempo se deseaba y no se deseaba, se concretó.

Un artista no debe ser juzgado por su vida privada, aunque fuera la vida del más perverso de los mortales, debe ser juzgado por su arte, y si alguien ahora dejara de emitir canciones de Viglietti por esta acusación, estaría actuando de forma igualmente perversa.

Esto no quiere decir que si la víctima quiere o puede hacer la acusación, alguien se oponga a que la verdad salga a luz. En estos casos los silencios no son condenables pues tienen sus razones.

Volviendo a Viglietti, era un tipo solidario que iba a brindar sus canciones gratuitamente donde se lo necesitara. También era alguien altanero, que se creía a sí mismo una institución. Tal vez su altanería oficiaba de escudo por una macana del pasado, o tal vez fuera resultado de otra cosa. Nuestros héroes son lo que nosotros queremos que sean, no lo que fueron, y esto también aplica a los que odiamos.

Así que asombra este cubrir "a uno de los nuestros" y asombra este juzgar al vuelo sin dar lugar a la mínima defensa. Unos para aquí y otros para allá -el Coronavirus lo ha demostrado hasta el hartazgo- gozan con ser llevados de las narices. Una vez más el diagnóstico es preocupante, pero el debate generado permite formular algunas preguntas ¿Por qué necesitamos héroes? ¿Por qué alguien viola o abusa de una niña? ¿Qué hechos de su vida hicieron que torciera el rumbo de esa manera? ¿Alguna persona cree que con más prisión se resolverá esto? ¿En la condena a la violación, y acá hacemos una pregunta prohibida, el único componente es el odio a la violación o hay algo más? ¿Estamos cerca o cada vez más lejos de corregir el mundo para que nunca más nadie se pierda de esta manera?

Marcelo Marchese

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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