Benito Álvarez, vencedor de la Batalla De Las Piedras. Marcelo Marchese

26.05.2026

La historiografía vernácula, cuya función, como la de toda historiografía, es establecer una mitología, redactó un hermoso cuento acerca de la Batalla de las Piedras, un cuento estelarizado por un héroe magnánimo, mas los hechos sucedieron de otra manera.

El primer aviso de que algo no cerraba lo encontré al leer la entrada "De las Piedras" en la "Nomenclatura de Montevideo" de Andrés Lamas, editada en 1834 y reeditada, ampliada, en 1911 donde dice que esa calle: "Recuerda la victoria alcanzada por las armas patriotas al mando de los jefes don José Artigas y don Benito Álvarez, el 18 de Mayo de 1811, contra los realistas que acaudillaba el jefe español Posadas"

Veamos en rápido resumen quien fue uno y otro personaje para así poder evaluar si era razonable que comandaran esa batalla.

Benito Álvarez, hijo de un militar, nace en Montevideo en 1779, y se enrola de joven en el regimiento de infantería de la ciudad. Cuando las invasiones inglesas a Buenos Aires, se une al Ejército que organiza Liniers para recuperar la capital y es ascendido al grado de capitán.

Cuando cae Montevideo, es tomado prisionero por los ingleses y encarcelado en Europa. Al quedar en libertad se incorpora al ejército español para luchar contra Napoleón. Regresa a Montevideo en 1809, pasa a Buenos Aires, se incorpora al Regimiento de Patricios y participa en el alzamiento de Mayo.

En 1811 se lo destina a la Banda Oriental, donde como teniente coronel, dirige el Batallón de Patricios. Tras la batalla, está al mando de la vanguardia del ejército que se dirige a Montevideo. Combate en el Paraná y más tarde ingresa al Ejército del Norte. Es ascendido al grado de Coronel y muere en batalla, por causa de una acción temeraria, en 1813. Oficial entre los preferidos de Belgrano, los testimonios acerca de su coraje son unánimes.

Artigas, hijo de una familia patricia (su abuelo fue fundador de Montevideo y alcalde provincial, así como su padre) de adolescente se larga a la vida en campaña, que implicaba en su caso vender ganado por fuera de la ley. Cuando se crea la policía rural llamada "Cuerpo de Blandengues", policía que, como toda policía, fue creada amnistiando criminales, Artigas ingresa al cuerpo.

Su tarea, por años, es la de perseguir gauchos e indios. Como funcionario, no es de fiar. Hace que un cirujano escriba al gobernador afirmando que no puede cabalgar por causa de su espalda, por lo que pide un retiro con pensión, mas el gobernador se lo niega.

Obtiene, al menos, dos porciones de tierra, una en Bella Unión y otra en Batoví, de aquellas tierras destinadas a colonizar para proteger la frontera y nunca para especular, pero no clava siquiera un poste y en cambio, vende esas tierras.

Cruza el río para participar en la defensa de Buenos Aires contra los ingleses, mas no entra en combate. Al regresar reclama a las autoridades, pues, dice, su barco se hunde, por lo que pierde sus bienes, así que exige una retribución, que se le da.

Iniciada la rebelión de Mayo, es enviado a Entre Ríos a someter a los rebeldes, cosa en la que fracasa. En febrero de 1811, y tras una reprimenda de su jefe Muesas, cambia de bando y se pone a las órdenes de la Junta de Buenos Aires.

Artigas, personaje de familia principalísima, que había establecido importantes lazos en campaña y construido una fama terrible ("¡Más malo que Artigas!") es considerado por la Junta una pieza clave para insurreccionar a la Banda Oriental, y así llegamos a mayo de 1811.

 

LA BATALLA DE LAS PIEDRAS

Lo que selló la derrota realista fue la decadencia del imperio español minado largamente por sus enemigos. Según cuenta Posadas, no había manera de hacer avanzar en orden a sus soldados, y camino a Las Piedras, debió cerrar las pulperías. Cosa similar hizo el oficial que lo esperaba en Las Piedras. Cuando advirtió cómo cabalgaba aquella gente que bajaba del barco, sintió escalofríos y para colmo, le encajaron un batallón formado por facinerosos recientemente liberados, facinerosos que, era de esperar, se pasaron en bloque al bando rebelde.

La Junta de Buenos Aires compuso un ejército de naturaleza dual: por un lado, el Batallón de Patricios, con experiencia de combate, un cuerpo casi profesional y dotado con lo que hacía la diferencia, las armas de fuego; y por el otro, lo que tiende a llamarse "la caballería", pero conviene llamar como "montonera": un conjunto de fieros gauchos armados con lanzas tacuaras a las que enastaban un cuchillo.

Los hechos sucedieron de la siguiente manera. Los gauchos se fueron aproximando cada vez más a Las Piedras, hasta que Posadas ordenó a su caballería que los batieran, pero esos gauchos eran meros señuelos para atraer a los realistas a donde aguardaba el grueso del ejército, lo que obligó a Posadas a salir con su infantería a defender a su caballería, que retrocede en forma asaz desordenada y parte de ella se pasa al bando rebelde. Posadas retrocede hacia lo alto de una loma e intenta hacer prevalecer la superioridad que le otorga su artillería, haciendo ciertos destrozos en el Batallón de Patricios que, sin embargo, no sólo no cede, sino que avanza y se pone a tiro de fusil. Durante 45 minutos cruzan disparos hasta que los realistas huyen despavoridos (a Posadas le vuelan el sombrero, le abren en dos el carrillo izquierdo, le pegan un sablazo en la cabeza y le disparan a quemarropa) y cuando los están masacrando, se rinden.

Es en esta ocasión que los rebeldes pretenden pasarlos a degüello, pero los oficiales se interponen pues conviene conservar el mayor número de vencidos, así poder realizar el canje de prisioneros.

Como puede verse, infantería y caballería actuaron de consuno, y si el Batallón de Patricios no hubiera aguantado a pie firme la andanada de la artillería realista, no hubieran podido vencer.

Carlos Urien informa sobre Las Piedras en su "Soberana Asamblea General Constituyente de 1813" (debemos esta referencia a Javier Ricca) que fue "... librada a seis leguas escasas de la ciudad de Montevideo el 18 de Mayo de 1811, en la que, al empuje de la carga de infantería de las Compañías de Patricios de Buenos Aires al mando del comandante Benito Álvarez, los infantes españoles ceden el terreno de la victoria a los patriotas"

 

CLEMENCIA PARA LOS VENCIDOS

Acaso la frase más célebre de Artigas fuera esa relativa a los vencidos, heridos y prisioneros, pero Artigas jamás dijo tal cosa y eso fue inventado alegremente mucho después, pero como quedaba lindo y humano, se le dio para adelante y hoy es el día en que se sigue engañando a nuestros niños.

Se respetaba la vida ajena pues se recuperaban soldados propios, pero clemencia con el vencido no hubo, ya que, como cuenta Posadas: "nos hicieron andar quatrocientas y más leguas en lo más riguroso de la estación del hivierno sin mas Ropa que la puesta, y muchos oficiales desnudos, y la mayor parte contusos y apaleados por los Insurgentes después de la acción a pesar de que el Comandante de ellos, ofreció después de arbolada la bandera parlamentaria respetar nuestras vidas y personas"

 

LOS PARTES DE LA BATALLA

Cuando le avisé a Vázquez Franco que en la Nomenclatura de Lamas figuraban comandantes, me contestó que sin embargo los partes estaban firmados por Artigas. Creo que el desconocimiento de la naturaleza de estos partes generan confusión.

La experiencia militar de Artigas era prácticamente nula, y la de Álvarez, considerable. La Junta de Buenos Aires destinó un jefe militar leal, que supiera de tácticas y que supiera mandar el cuerpo que poseía las armas de fuego, y al mismo tiempo, un jefe político que tuviera la autoridad suficiente como para reunir jinetes y lograr el respaldo de la población, cosa importante en una guerra.

En sus partes, Artigas realza el rol de la caballería y reduce al máximo el rol de la infantería, de la que hace referencia en el segundo parte, más completo en términos técnicos pero menos oportuno y trascendente en términos políticos, ya que la noticia de la victoria llevada por el primer parte fue un bombazo en Buenos Aires.

Desde que se pone a las órdenes de La Junta, Artigas está haciendo su propio juego político, un juego que no le interesaba a Benito Álvarez, más atento a otras cuestiones más grises, pero efectivas. Es el desconocimiento de esta doble naturaleza de aquel ejército, lo que ha llevado a creer que los partes de batalla de Artigas responden más a la exactitud de los hechos que a un auto exaltamiento para ampliar su radio de acción política.

Amigo lector. Hay personas que desconfían de lo que le hicieron tragar en la escuela; otras, sienten que si le tocan a Artigas, se meten con su padre. He ahí la clave: cuando se desestabiliza la base de bronce del Padrenuestro Artigas, todo el orden de ideas se desestabiliza.

Marcelo Marchese
2026-05-26T12:50:00

Marcelo Marchese

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