¿No voy a poder volver más a un estadio de fútbol?

23.05.2026

MONTEVIDEO (UYPRESS - Esteban Valenti)- Cuando vine al Uruguay con mi padre, en 1956, muchas cosas me hicieron amar apasionadamente a este país, más allá de mis ocho años de edad. Una de ellas fue que, los domingos cuando jugaba Nacional, mi padre nos llevaba al Centenario. Él era hincha en serio de los tricolores; yo, por llevarle la contra, me hice de Peñarol.

 

La razón de mi desenfreno uruguayo, que me dura hace 70 años, era que se podía ir al estadio con la familia, con los hijos chicos, y nunca pasaba nada. Todo se fue al caño hace tiempo. El Centenario no tendría que ser famoso porque se construyó en nueve meses, sino por la elegancia con la que la gente iba al fútbol durante muchos años y la tranquilidad deportiva de las hinchadas.

¿La degradación sucedió en todo el mundo? Sí, pero estoy harto de escudarnos en la barbarie ajena para no asumir la propia.

Voy a hablar de algo concreto: el reciente partido entre Peñarol y el Corinthians en el Campeón del Siglo. Aunque es solo una esquirla de una gran explosión que nadie quiere ver.

La parcialidad visitante (Corinthians) debía ser la primera en evacuar. La decisión se basó en que se trataba de un grupo reducido (aproximadamente 500 personas) que podía retirarse con rapidez, permitiendo así que la parcialidad de Peñarol permaneciera dentro del estadio de forma temporal durante ese proceso.

Esta medida fue comunicada a través de los altoparlantes del estadio minutos antes del final del encuentro. Sin embargo, diversos reportes indican que el mensaje no se escuchó eficazmente en todas las tribunas, posiblemente debido a fallas en los equipos de audio, lo que generó confusión y malestar entre los miles de hinchas aurinegros que debieron permanecer retenidos.

El conflicto se originó principalmente en las inmediaciones de la Tribuna Damiani (cerca de la Cataldi), donde un grupo de hinchas, ante la imposibilidad de salir de forma inmediata, comenzó a romper tejidos perimetrales para intentar abandonar el sector por la fuerza.

La respuesta de la Guardia Republicana incluyó el uso de fuerza no letal. Se realizaron al menos 30 disparos de balas de goma y se utilizó un camión hidrante contra los hinchas que intentaban romper los cercos. Se lanzaron gases lacrimógenos que, según denuncias de los asistentes, afectaron a personas que permanecían en la Tribuna Cataldi e incluso llegaron a caer sobre el terreno de juego.

Se registraron momentos de alta tensión con agresiones hacia los funcionarios policiales y daños en los tejidos. Como saldo, se reportaron cuatro policías lesionados (con alta en el lugar) y caballos de la fuerza policial con cortes superficiales. Aunque el Ministerio afirmó no tener registros oficiales de hinchas heridos por falta de denuncias formales, se constató que varios espectadores debieron recibir asistencia médica en la zona mixta y en ambulancias dispuestas en el exterior del estadio debido a los efectos de los gases y el tumulto.

Se están revisando las filmaciones de alta definición del sistema de videovigilancia del estadio y de las cámaras corporales de los efectivos para identificar a los instigadores que comenzaron la rotura de los tejidos y los ataques a los caballos de la policía.

Si comparamos este hecho con otros incidentes -desde la garrafa tirada desde la parte superior del Estadio Centenario que casi mata a un policía, hasta la cantidad de incidentes de todo tipo en muchas canchas-, vemos que este es un tema recurrente en la agenda nacional. Hace tiempo que vengo investigando al respecto, porque para hablar hay que tomarse el trabajo de investigar, de estudiar y, sobre todo, de no callarse las verdades grandes como el Centenario.

Las barras bravas y la violencia en el deporte en Uruguay son uno de los termómetros más evidentes de la degradación de la sociedad uruguaya, no solo por los muertos, los heridos y los desórdenes, sino por algo también muy grave: la señal simbólica de que el fútbol, la expresión más popular y genuina de la identidad nacional, es un coto cerrado para poca gente debido a la violencia y a la droga.

Si en los estadios, sobre todo en los grandes, se filtra droga a nivel comercial para alimentar la venta en las tribunas, bengalas para herir a un policía y todo tipo de artefactos; si en algunos estadios hay baños que son puestos privilegiados y protegidos por "soldados" de las bandas para la venta de drogas, es imposible que estos desmanes no se transformen en endémicos.

¿Quién no conoce que en los estadios hay una red de venta de drogas, que roba a los puestos de venta de productos y que no hay la mínima posibilidad de ir con niños a algunas tribunas que todos conocemos? ¿Las autoridades de los clubes, de la AUF, la policía, los periodistas deportivos? Vamos...

Hay razones de fondo para no hablar claro: la violencia y las amenazas a los dirigentes de los clubes, a los periodistas deportivos y a los policías que siempre hacen guardia en las inmediaciones de los estadios. Y todos callamos.

¿Existe alguna posibilidad de que la situación cambie si no se ataca de fondo el fenómeno creciente de las barras bravas dedicadas a vender drogas? No, de ninguna manera; lo único que cambiarán serán los episodios, pero no los protagonistas principales.

Yo participé en dos elecciones de Peñarol, a solicitud del contador José Pedro Damiani, y conocí de cerca la situación en el club del que soy hincha desde hace 70 años exactos. 

De esta situación no le podemos echar la culpa a Paco Casal; él no regala entradas y, a pesar de mis enfrentamientos con Casal, no tiene relación con este proceso de degradación permanente del fútbol uruguayo.

¿Hay gente que ya no quiere asumir responsabilidades dentro de los cuadros porque teme a las tensiones, las amenazas y los peligros? Los conozco personalmente.

Si la batalla es solo contra los sistemas de audio defectuosos, o si nos seguimos callando sobre la "casualidad" de que se filtren bengalas y todo tipo de objetos contundentes, esto no solo va a seguir, va a empeorar.

La batalla no es principalmente contra las barras bravas, es contra las bandas de narcotraficantes que alimentan el comercio masivo de droga en los estadios. Los "soldados", pero sobre todo y en primerísimo lugar los jefes, los capitalistas, los que lavan el dinero, los que están en las cumbres de las pirámides del narcotráfico, no solo en Uruguay sino a nivel regional, como Marset. ¿Quién sustituyó a Marset? ¿Cuántos Marset en potencia tenemos sueltos o dando órdenes desde las cárceles? Hagan ustedes el cálculo.

Yo no me resigno a no volver al fútbol, a ver a mi cuadro con mis nietos, y por eso escribo.

¿No tendremos que preguntarnos por qué eso no sucede cuando juega la Celeste?

El problema no es solamente la garrafa que cae desde una tribuna, sino la cara que no se nos cae de vergüenza por esta violencia, en el país que tiene, en proporción a sus habitantes, todos los récords mundiales por selecciones y cuadros campeones. El Uruguay donde el fútbol es mucho más que un deporte: es parte esencial de nuestra identidad.

Deportes
2026-05-23T18:13:00

Esteban Valenti.

Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)