VENEZUELA / CRISIS POLÍTICA
Cabello descarta negociar con Machado y enfría salida electoral
09.06.2026
CARACAS (Uypress) – El gobierno de Venezuela descartó que esté planteada una negociación con la oposición mayoritaria y, en particular, con María Corina Machado, luego de que la líder antichavista y Premio Nobel de la Paz insistiera en que debe encabezar un eventual proceso de diálogo con el oficialismo para convocar elecciones presidenciales.
El ministro del Interior y secretario general del Partido Socialista Unido de Venezuela, Diosdado Cabello, respondió este lunes al planteo de Machado y de la Plataforma Unitaria Democrática, que habían propuesto una negociación “seria, firme y responsable” con el gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, con acompañamiento de Estados Unidos.
Cabello fue terminante. Durante su rueda de prensa semanal, transmitida por el canal estatal Venezolana de Televisión, aseguró que con la oposición mayoritaria “no está planteado nada” y que con Machado, “menos”.
El dirigente chavista también negó que existan conversaciones secretas fuera de Venezuela. Dijo que “no ha habido ninguna reunión en ninguna parte del mundo” entre la mandataria encargada y dirigentes opositores, y sostuvo que la oposición “no está en condiciones de poner condiciones” en el país.
La respuesta busca cerrar, al menos públicamente, la expectativa abierta por el llamado Manifiesto de Panamá, un documento impulsado por Machado, Edmundo González Urrutia y otros referentes opositores para proponer una hoja de ruta hacia una transición democrática mediante elecciones presidenciales.
El texto opositor plantea la necesidad de una negociación política con objetivos, plazos, garantías, acompañamiento internacional y condiciones mínimas para una elección competitiva. Entre sus puntos centrales figuran la restauración de derechos políticos, la normalización del espacio público, la liberación de presos políticos y el retorno seguro de exiliados.
Machado afirmó la semana pasada, desde Oslo, que ella tiene “la responsabilidad de dirigir el proceso de negociación” con el gobierno de Rodríguez. También sostuvo que esa vía sería la mejor opción para el chavismo, al que describió en una situación “insostenible”.
La líder opositora advirtió que una transición sin orden ni garantías puede abrir escenarios imprevisibles. Por eso defendió una negociación con protocolo claro, metas verificables y participación informada de la sociedad venezolana.
El chavismo rechaza esa lectura. Cabello presentó el ofrecimiento opositor como una maniobra sin sustento y calificó los rumores sobre conversaciones como “pura paja”. Según su planteo, el gobierno ya mantiene un “diálogo permanente” desde la época de Hugo Chávez, pero no reconoce a Machado ni a la Plataforma Unitaria como interlocutores válidos para fijar condiciones.
La negativa tiene impacto político inmediato. El país atraviesa una etapa de reacomodo después de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos en enero y del ascenso de Delcy Rodríguez como presidenta encargada. Aunque el nuevo esquema abrió algunos canales económicos y diplomáticos, no ha despejado la cuestión central: cuándo y bajo qué condiciones habrá elecciones presidenciales.
Machado intenta ocupar ese vacío. Tras recibir el Nobel de la Paz y consolidar su liderazgo en el exilio, busca presentarse como interlocutora principal de una transición electoral. Su estrategia combina presión internacional, respaldo opositor y una propuesta de negociación que permita evitar una salida desordenada.
Pero el gobierno venezolano parece decidido a impedir que ella monopolice el diálogo. Aceptar a Machado como interlocutora implicaría reconocer su liderazgo político, su legitimidad internacional y su capacidad para condicionar el calendario electoral.
La posición de Cabello también refleja tensiones internas del chavismo. El gobierno de Rodríguez intenta proyectar estabilidad, atraer inversiones y normalizar relaciones con algunos actores internacionales. Pero una negociación con la oposición mayoritaria podría poner en discusión el control político, la arquitectura institucional y la continuidad de cuadros chavistas en el poder.
Estados Unidos aparece como un actor clave. La oposición quiere que Washington acompañe el proceso, mientras el chavismo observa con desconfianza cualquier fórmula que parezca diseñada desde fuera. Esa tensión reproduce una constante de la crisis venezolana: la negociación interna siempre queda atravesada por la presión internacional.
El rechazo oficial no elimina la posibilidad de contactos futuros, pero sí muestra que el gobierno no está dispuesto a aceptar públicamente una negociación bajo las condiciones de Machado. Para el chavismo, conversar puede ser útil si sirve para ganar tiempo, dividir a la oposición o aliviar presión externa; pero reconocer a la Nobel como conductora de la transición sería otra cosa.
La oposición, por su parte, enfrenta el desafío de sostener unidad y credibilidad. El Manifiesto de Panamá intenta ordenar una ruta común, pero la historia reciente muestra que las fracturas internas, los exilios y las diferencias estratégicas han debilitado varias iniciativas anteriores.
El país queda así ante una nueva paradoja. Todos los actores hablan de diálogo, elecciones y salida política, pero cada parte quiere definir quién se sienta en la mesa, bajo qué reglas y con qué resultado posible.
La declaración de Cabello enfría el escenario de negociación y confirma que el camino hacia una elección presidencial sigue bloqueado. Machado pretende liderar una transición con garantías; el chavismo le niega legitimidad como interlocutora; y Venezuela continúa atrapada entre gestos de apertura, presión internacional y una disputa de poder que todavía no encuentra cauce institucional.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias