ALBANIA / MEDIO AMBIENTE Y TURISMO
Rama resiste presión social y europea por resort vinculado a Kushner
09.06.2026
TIRANA (Uypress) – La presión social y europea puso contra las cuerdas al megaproyecto turístico vinculado a Jared Kushner e Ivanka Trump en la costa de Albania, pero el primer ministro Edi Rama insiste en seguir adelante con la inversión pese a las protestas y advertencias ambientales.
La controversia gira en torno a un complejo de lujo proyectado en la zona de Zvërnec y Vjosa-Narta, en la costa adriática albanesa, además de otro desarrollo previsto en la isla de Sazan. El emprendimiento está vinculado a Affinity Partners, la firma de inversión de Jared Kushner, y cuenta con respaldo político del gobierno albanés.
Rama defendió el proyecto en una entrevista con Reuters y sostuvo que Albania continuará con el desarrollo. “Lo vamos a hacer”, afirmó el primer ministro, al presentar la inversión como parte de una estrategia para modernizar el país y convertirlo en un destino turístico de alta gama.
La declaración llegó mientras miles de personas protestan en Tirana y en la zona costera donde se proyecta el complejo. Los manifestantes exigen detener las obras y denuncian que el resort amenaza un ecosistema de alto valor ambiental.
El movimiento ciudadano adoptó el flamenco como símbolo, en referencia a las aves que utilizan los humedales de Vjosa-Narta como zona de paso migratorio. Las protestas fueron bautizadas por medios y activistas como la “Revolución de los Flamencos”.
La Comisión Europea también elevó el tono. Bruselas advirtió que Albania, como país candidato a ingresar a la Unión Europea, debe alinearse con la legislación ambiental comunitaria y evitar acciones que puedan poner en riesgo los compromisos vinculados al capítulo ambiental de su proceso de adhesión.
La advertencia europea incorpora una dimensión política mayor. Albania aspira a ingresar a la Unión Europea hacia 2030, y el cumplimiento de normas ambientales, de transparencia y protección de hábitats forma parte de los criterios que el país debe cumplir.
La zona de Vjosa-Narta es considerada una de las áreas naturales más sensibles del Adriático. Organizaciones ambientalistas sostienen que allí conviven humedales, dunas, bosques costeros, aves migratorias, tortugas marinas y hábitats relevantes para especies amenazadas, como la foca monje del Mediterráneo.
BirdLife International y su organización socia en Albania, PPNEA, denunciaron que el proyecto pone en riesgo una zona protegida y que las intervenciones iniciales avanzaron sin suficiente transparencia, consulta pública ni garantías ambientales.
La tensión aumentó a fines de mayo, cuando el área próxima a Vjosa-Narta fue cerrada con alambrado de púas en medio de trabajos de acceso y otras tareas preliminares. Hubo enfrentamientos entre manifestantes y seguridad privada, y el conflicto se trasladó luego al centro político de Tirana.
Rama reconoció que la instalación del alambrado fue una “idea vergonzosa” y señaló que fue retirado. Sin embargo, minimizó las críticas ambientales y aseguró que se realizará una evaluación de impacto ambiental en paralelo con el desarrollo del proyecto.
Esa afirmación es uno de los puntos más cuestionados por los opositores. Para ambientalistas y vecinos, una evaluación ambiental debería ser previa, independiente y pública antes de cualquier avance material. Sostienen que, si el análisis llega cuando la obra ya está en marcha, pierde capacidad real de prevención.
El conflicto dejó de ser únicamente ambiental. Las consignas “Albania no está en venta” y “No quiero que Albania sea como Dubái” expresan un malestar más amplio con el modelo de desarrollo turístico, la entrega de territorios costeros a grandes inversores extranjeros y la falta de confianza en las instituciones.
También aparecen cuestionamientos sobre transparencia y Estado de derecho. La Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania abrió una investigación sobre cambios legislativos y transferencias de títulos de propiedad vinculadas a zonas protegidas, en un contexto de creciente escrutinio público sobre el proyecto.
El gobierno, en cambio, defiende la inversión como una oportunidad para generar empleo, atraer capital extranjero y reposicionar a Albania en el mapa turístico europeo. Rama sostiene que el país no puede renunciar a proyectos de gran escala si quiere superar décadas de atraso económico y competir con otros destinos mediterráneos.
El problema es que esa visión choca ahora con dos límites simultáneos. Por un lado, una movilización social que crece y ya no se limita a organizaciones ambientalistas. Por otro, la advertencia de Bruselas, que transforma el conflicto en una prueba para el camino europeo de Albania.
Kushner e Ivanka Trump agregan además una carga política internacional. Su vínculo familiar con el presidente estadounidense Donald Trump amplifica las sospechas de influencia, privilegios y beneficios otorgados a inversores con alto peso político.
Los desarrolladores han sostenido que el proyecto se realizará de manera responsable, con creación de empleo, mejora ambiental y valor de largo plazo para las comunidades locales. Sin embargo, Affinity Partners no respondió a consultas recientes de Reuters sobre la polémica.
El caso condensa una tensión creciente en varios países europeos y mediterráneos: cómo atraer inversión turística sin destruir los recursos naturales que precisamente hacen valiosos esos territorios.
Para Albania, el desenlace puede tener consecuencias internas y externas. Si el gobierno avanza sin responder a las exigencias ambientales, arriesga una confrontación mayor con la sociedad civil y con la Unión Europea. Si frena o rediseña el proyecto, enviará una señal de que la presión ciudadana y las normas europeas pueden condicionar inversiones millonarias.
Por ahora, Rama no cede. Pero el resort de Kushner ya no aparece como una simple apuesta inmobiliaria de lujo. Se transformó en un símbolo de disputa sobre ambiente, soberanía, transparencia y modelo de desarrollo.
UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias