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La lucha de un esclavo por su libertad, en la Banda Oriental del siglo XVIII

08.08.2011

MONTEVIDEO, 8 Ago (UYPRESS/Mabel Moreno) Antecedentes: Antes de hablar de Patricio Belén es necesario hacer una mención a África la cuna de la humanidad, pero también exportadora de seres humanos, a gran escala.

Eso por dos cosas. Una que para hablar de nuestros afrodescendientes es necesario conocer, aunque someramente, algo de la compleja matriz africana de la que provienen esos pueblos aquí arribados.

Lo otro, es porque ese continente fue el punto de partida, de aquellos grupos humanos que, a lo largo de dos siglos desembarcaban en el “Caserío de los Negros”, construido por la Cía. de las Filipinas (1787), en las inmediaciones de la barra del arroyo Miguelete y el Arroyo Seco, como lo indica Isidoro de María.

Pero ¿cómo eran esos pueblos que llegaban a nuestro territorio ?

Provenían de pueblos hábiles, inteligentes, que construyeron grandes centros culturales
y ejes de civilización, con grandes cosmogonías como los Dogon, que para muchos investigadores fueron más importantes que los pensadores presocráticos griegos. De África provienen las industrias de hierro más antiguas, entre otras artes. Tuvo ciudades
tan importantes como TOMBUCTÚ, la enorme metrópoli de Malí, con universidades en su
época de esplendor (siglo XIV), por lo que fue más poblada, más rica y más ilustrada que muchas ciudades europeas de ese tiempo, pues habían fundado civilizaciones que resultaron sorprendentes para los que consideraban a los negros como subdesarrollados, sólo por el
color de su piel.

La arqueología ha puesto de manifiesto el esplendor que tuvieron las grandes culturas
africanas y cuyos centros se encontraban en Zimbabwe, Ghana, Benín o Malí. Éste último territorio, en el siglo V, fue uno de los más importantes puntos de partida de las rutas comerciales transaharianas, por las que los pastores beréberes del desierto realizaban el tráfico del oro, marfil, cobre, esclavos y pieles a cambio de sal, entre África del Norte y el África negra.

Sus contemporáneos, los colonizadores cristianos y los negreros islámicos las ignoraron, despreciaron y esclavizaron, con una práctica de muy antigua data de los europeos contra los pueblos africanos. Aunque, es de recordar que los europeos primero esclavizaron a la población de los Guanches, nativa de las Islas Canarias. Estamos acostumbrados a pensar el comercio de esclavos como un comercio de negros, pero los primeros fueron fundamentalmente blancos, pues tal era el color de los Guanches . Cuando éstos fueron exterminados siguieron con las poblaciones de África.

Esta evocación de la pasada grandeza de los pueblos africanos nos debe servir para rescatar y racionalizar esas culturas, como forma de emprender con más luz lo que fue la esclavitud en América, en especial, Uruguay y cuya existencia sigue impactando en la conciencia de todos nosotros.

Los pueblos aquí arribados provienen del África Occidental, cercanos a puertos costeros.
Vinieron los minas (SUDANESES), mandingas (GUINEO-SUDANESES islamizados), congos, benguelas, angolas y mozambiques (localizados en el área de lenguas y culturas BANTUS).

Estos grupos fueron ingresados de la forma más inhumana imaginable, como fue la violencia y degradación de la esclavitud. Sin embargo, pasaron a formar parte de nuestro tronco étnico, en intensidad no despreciable, prestando las valiosas características de su etnia y cultura aquí recreados, contribuyendo así como afro-uruguayos, a constituir nuestro sujeto histórico-cultural mestizo, en una historia de flexibilidad, apropiación y transformación de lo propio como dinámica, en situación de dominio.

El país reconoce tres momentos en la introducción de esclavos. El primero tiene que ver con la fundación de la Colonia del Sacramento (1680) y la presencia de esclavos en ella y también con el accionar del comercio negrero por medio del contrabando, desde territorios limítrofes con las posesiones portuguesas y por mar, con el pretexto de “arribadas forzosas”, de navíos extranjeros con carga diversa y esclavos, los que luego el Cabildo de Montevideo autorizaba a desembarcar y mercar finalmente en esta ciudad.

Aunque con la expedición de Diego García llegan al Río de la Plata los primeros esclavos , la Corona española recién otorgó diversos Asientos a partir de 1595 para su introducción y desde l534 los otorgaba para introducirlos desde Brasil. Pero, no nos consta su presencia en la Banda Oriental.

El segundo momento, lo señala la fecha de 1743, a partir de la cual comienzan a llegar a puerto los primeros barcos con cargamentos de esclavos, autorizados por el Régimen de Asientos.

El tercer momento, está dado por el establecimiento del régimen de libertad en el comercio negrero, establecido por Real Cédula (1789) . Desde el 28-2-1791 Montevideo fue declarado puerto único de entrada de esclavos, para la zona Sur del continente incluidos Chile y Perú. Este monopolio fue prorrogado luego por nuevas ordenanzas. Según el censo de 1803, se registran los mayores ingresos de esclavos, resultando una existencia de un 22% de su presencia en la ciudad .


PATRICIO BELÉN


Visto este preámbulo africano, estamos en mejores condiciones de abordar lo que fue la vida de este esclavo negro, en la Banda Oriental del siglo XVIII. La vida de un esclavo transcurre generalmente en forma anónima. A pesar de la parquedad de las fuentes y la folclorización de
los aportes a la cultura nacional de los afrodescendientes, ciertas pinceladas que nos dan los documentos, nos permiten acercarnos a su vida y a su personalidad por demás atractiva y mostrarnos facetas poco conocidas como lo es la vida de un esclavo en el medio rural, en la que éste se hace campero. Para que su vida no se pierda en el silencio del tiempo de los pobres, de los que no tienen voz, de los desclasados, trataremos aquí de rescatarlo.

Patricio poseía aptitudes excepcionales para el trabajo , parar el rodeo, para domar, para marcar animales y cómo desgarretar las reses a todo galope. Todos los trabajos de campo bien ejecutado y con rapidez lo caracterizaban , lo que lo hacía muy requerido para múltiples tareas.
Hacia 1791 tenía 40 años, pero no sabemos cuándo ni dónde nació. Muy probablemente nació en la Estancia de las Vacas cuando pertenecía a los Jesuitas. Ello porque sus padres
Diego de Belén y Patricia de Belén, que eran sus padres legítimos, aparecen como esclavos de esa estancia. Es de aclarar que, el apellido Belén refiere a la advocación a la virgen
de Belén, que era la patrona de la estancia y todos los nacidos en ella llevaron ese apellido.
El 13-9-1779 muere su padre Diego en la estancia. Es enterrado en la capilla de la misma, Nuestra Señora de Belén, del partido de Víboras y tuvo un velatorio con misa cantada de cuerpo presente. Esto costó cinco pesos con dos reales que asumió la administración de la estancia, debido a que el sacerdote debió ir hasta la estancia por no haber llevado el cuerpo a la parroquia. Un entierro en la capilla ya indica cierta distinción para la familia, porque no es común que suceda con un esclavo.

El 6-7-1783 el padre Fray Domingo Viera lo casó con Francisca Ximénez,
viuda del difunto Gabriel Carmona, vecino del Partido de Víboras, dentro de cuya jurisdicción estaba la Estancia de las Vacas. El esposo de Francisca había fallecido hacía poco tiempo, el 14-4-1783 y había tenido un entierro menor.
Francisca, esclava libre, no le dio hijos a ninguno de sus dos esposos.

Patricio tenía dos hermanos Fernando y Lorenzo que era su opuesto. De Fernando no tenemos casi documentación. Pero de Lorenzo sí, era un rebelde y un huidor, lo que le causaba muchas preocupaciones a Patricio. Lorenzo y Patricio encarnan las dos respuestas existenciales, por supuesto contrapuestas, ante la esclavitud. Mientras que Patricio representa al buen esclavo que quiere superarse y construir una vida que intenta llenar de sentido y de trabajo, a pesar del sometimiento que soporta y dentro de las pequeñas posibilidades que el sistema le permitía. En cambio Lorenzo, representó las formas explicitas de resistencia, negándose a una condición servil y sumisa. Intentó, dentro de los límites impuestos por el sistema esclavista, afirmarse como ser humano que era , negándose a una cosificación, a ser considerado un bien de otro.


LA ESTANCIA DE LAS VACAS


Hacia 1746 los Jesuitas tenían en Buenos Aires dos colegios, el Grande de San Ignacio y el de la Residencia de Belén, en el alto de San Pedro, hoy barrio San Telmo. Uno de los beneficios obtenidos del Rey, fue la concesión a la Residencia de Belén de una fracción de campo situada en la Banda Oriental, que dio origen a la creación de la Estancia de las Vacas, que fue posteriormente de la Santa Hermandad , para el sustento del Colegio de las Niñas Huérfanas.

Los Jesuitas recibieron 42 leguas cuadradas en el departamento de Colonia, entonces llamado como “Tierra de San Gabriel”, al igual que la isla situada enfrente. Se ubicada en las inmediaciones del arroyo de Las Vacas, a escasa distancia de uno de sus afluentes, el Juan González, y se extendía desde las proximidades del estuario hasta la cuchilla de San Salvador, en el Partido de Carmelo. La excelente ubicación, la feracidad de sus tierras y el eficiente manejo que hicieron los Jesuitas de la estancia, hicieron que prosperara de tal forma que llegó a poseer 60.000 cabezas de ganado, plantaciones de cereales, frutales, productos de granja y la explotación de una calera. Además de tener una carpintería, herrería, jabonería, panadería y atahona. De los inmensos rebaños de la estancia de vacunos mansos y alzados, se elegían para sacrificar y extraerles el cuero, la grasa y el sebo, para luego remitirlos a Buenos Aires.

A la Estancia de las Vacas se le conoció también con el nombre de “Calera Nueva” para distinguirla de la que tenía Juan de Narbona, en campos situados al Norte del arroyo de Las Víboras. Luego será conocida como “Calera de las Huérfanas”, al pasar a manos de la Santa Hermandad. Tenía l4 puestos y su actividad fue intensa, hasta la expulsión de los Jesuitas en el año 1767.
Trabajaban en la estancia unos 20 esclavos, entre los que se incluían los padres de Patricio y numerosos peones de rostros aindiados, generalmente indios Tapes que portaban los saberes aprendidos en las Misiones Jesuíticas. Entre ellos hay changadores, forajidos, gauderios, camiluchos o mal entretenidos o “vulgo gaucho”, como luce la partida de bautismo del Pueblo de Víboras, del 11/4/l789 de Mariano de la Resurrección, hijo de Miguel Francisco, “vulgo gaucho”, negro libre y de María Rosa, su esposa y esclava de Manuel Araujo , vecinos de la zona. Es esta la primera mención para Colonia que documenta la palabra gaucho .
El Capataz Mayor era el chileno Ramírez Villegas y el Administrador Florencio García, quienes se apoyaron en la fidelidad y laboriosidad de Patricio para la realización de sus tareas.
Patricio era el Capataz de “las casas”, que incluía el casco, el establecimiento y la capilla, debido a que si bien no era el único capataz, era el mejor, el más respetado, el más hábil para hacerse respetar y el más eficiente y puntual en el cumplimiento de las tareas.
Desde “las casas”, Patricio podía divisar todo el campo, el monte nativo siguiendo los cursos de los ríos o en islas sobre el mismo. Albergaban jaurías de perros cimarrones y gran cantidad de yaguaretés que diezmaban los terneros. A no dudar, Patricio fue diestro en enfrentarlos con el cuchillo en la mano y con el brazo izquierdo envuelto en el poncho, o enlazándolos desde el caballo.

En ese medio y en esta solitaria estancia de la Banda Oriental, transcurría la vida de Patricio y dónde si se quería en un día recorrerla, había que galopar largo y tendido. Allí posiblemente nació, creció y ahora con las nuevas tareas que asumiría debía mandar hombres, vigilar la estancia bajo su responsabilidad y pasar de capataz a capataz mayor.


DE CAPATAZ A CAPATAZ MAYOR


Hacia 1791 llegó a la estancia, en viaje de inspección el comerciante español Francisco Cabrera. Constató la mala administración del Capataz Mayor Ramírez Villegas quien no cumplió con “la remisión de yerbas medicinales de esta estancia solicitada por oficio del 30-12 próximo pasado en el que se le incluyó una nota que distinguía las clases de yerbas, estaciones, tiempos, formas y demás circunstancias conducentes a lograr el fin que se propuso en alivio de la casa…”. Tampoco cumplió con el envío de “cada mes de dos cerdos y 30 gallinas …”.

Esta mala administración, permitió que Patricio el capataz de” las casas”, pasase a capataz Mayor. Los integrantes de la Hermandad sabían de la destreza, sagacidad, agilidad y coraje de este esclavo. En palabras discriminatorias del hermano Cabrera “… no le falta más que el color de Ramírez para ser mejor y más hábil capataz que él…”.

Cabrera negoció con Patricio las condiciones bajo las cuales éste se haría cargo de Capataz Mayor. Para él significaba la oportunidad tantas veces esperada, que podía beneficiar a ambos y obtener su libertad. Patricio hizo dos ofertas :

1 - Ofrecía que entre agosto de 1791 y marzo de 1792, tener 100 caballos “enfrenados”, 200 redomones y 100 bueyes mansos “con solo el número de peones que tiene la estancia en este momento …”. Además, herrar todos los ganados de los rodeos de dos puestos de la estancia y si le alcanzaba el tiempo marcaría los rodeos de los otros dos puestos. También aumentar el ganado de rodeo y el alzado. A cambio, pedía a la Hermandad de la Santa Caridad que “… lo dejasen gobernar y dirigir todas las faenas y labores de campo, escoger y despedir peones sin que nadie se interpusiera en alterar sus disposiciones porque de otro modo no podrá cumplir lo que promete….”

2 - Si la Hermandad quería, el estaba dispuesto a “enfrenar” en un plazo de tres años, 100 caballos, 200 redomones y 100 bueyes mansos por año y herrar todo el ganado de rodeo que tenía la estancia.

La oferta era muy buena, pero implicaba para Patricio un descomunal esfuerzo y una posibilidad cierta de fracasar en la empresa. Pero si la oferta era aceptada, debían prometerle que a cambio le darían la libertad gratuitamente. Porque en estos tres años habría pagado con su trabajo los trescientos pesos que creía valer. Una vez libre proponía que se lo dejase como capataz con un salario de ocho pesos al mes, una paga igual a la que recibían los restantes capataces y se aseguraba un trabajo de futuro. Si la Hermandad quería podía confirmarlo, una vez libre, como Capataz Mayor y él se contentaría con ganar “doce pesos al mes comprometiéndose a trabajar en la estancia toda su vida.., “ Y aún ofrecía más, tratando de conseguir el sí de Cabrera, “proponía servir simultáneamente de capataz del puesto principal de la estancia por solo un peso más de sueldo y a condición de que se le dejara elegir sus peones….”.

Con esta oferta, la Hermandad se ahorraría un salario de capataz. Pero aún necesitaba algo más, un garante y lo fue el Administrador Florencio García que conocía bien a Patricio y confiaba en su trabajo. Con esto García no arriesgaba nada, sabía que Patricio haría lo imposible para cumplir lo ofrecido y la Hermandad aceptó la oferta y así este esclavo negro pasó a ser el Capataz Mayor de la Estancia de las Vacas.

Luego Patricio dudo, le pareció haber ofrecido demasiado teniendo en cuenta el estado de la estancia, pero aún así podrían estar seguros en la Hermandad que “ … me sacrificaré del mejor cumplimiento que se me ordene y sea más útil a esta hacienda según mi corta práctica ….”
“Pido a mi creador salud y acierto en mis operaciones para poder cumplir con el cargo” y agregaba “con el que mi deseo será multiplicar todas las haciendas de esta estancia en gran grado y no moveré cosa alguna sin consultarlo administrador…”. Su libertad valía todo el esfuerzo que la tarea requería.

Hay referencias de Patricio a su negritud y al trauma de su identidad que lo venía soportando desde niño . Le dice a Altolaguirre “ … aunque pobre negro vuestra merced no vive engañado…” o cuando le dice a Cabrera “… quedar yo en mi color como negro que soy…”.
Vive traumáticamente su identidad racial, es lo que ha aprendido de niño, ser inferior tan solo por el color de su piel. A pesar de ello, tiene la autoestima suficiente para luchar por su libertad y trabaja de sol a sol en pos de ella, intensamente, con múltiples actividades, con el ganado en los distintos puestos, en el marcado de animales, en la esquila, largando el lazo, en la faena de cueros, parar rodeo, doma de potros, en la yerra, en la lucha sin tregua contra manadas de perros cimarrones y jaguares que causaban grandes destrozos en la hacienda.

Patricio sabía mandar y tenía a sus órdenes a más de 30 hombres, aunque en algún momento el número bajaba. Sus subordinados eran peones asalariados y algunos esclavos. No era fácil hacerse obedecer por aquellos gauchos insolentes, muy hábiles en el manejo del cuchillo, del ganado y del caballo, eximios jinetes, pero con un comportamiento social complejo y contradictorio. Fueron hombres de a caballo y de palabra, pero sumamente celosos de su autonomía, quienes a la más mínima contradicción se iban sin siquiera despedirse. No eran pacientes con los capataces flojos o demasiados duros. Patricio los manejaba bien porque los conocía y había crecido entre ellos.

Aparte de todo el trabajo desplegado, Patricio debía lidiar con comerciantes de la Hermandad, a los que solía enfrentar, lo que habla muy bien de Patricio, que tanto sabía enfrentar a un gaucho como a un comerciante. Esto habla de su capacidad e inteligencia.
Su correspondencia con el Hermano Mayor era muy fluida y con las formalidades debidas. No olvidaba despedirse con un “… su más humilde criado…” o con un “… su criado que en todo desea servirle…”. A veces, su cortesía iba acompañada de oportunos -posiblemente calculados- saludos a su benefactor Francisco Cabrera y “… muchas memorias -le decía a Manuel de Altolaguirre- a mi señora, doña María de mi parte y de mi mujer y vuestra Merced las tomará a medida de su deseo….”.
Así, Patricio nos muestra tan delicadas formas de saludo, pero también no se callaba cuando algún Administrador o alguien arrojaba una sombra sobre su reputación.
Sus problemas comenzaron cuando el Administrador García, su protector, cesó en el cargo en 1792 y fue relevado por José Posadas, un incapaz, que no encontraba mejor forma de disimularlo que atribuyéndole a Patricio todos los errores que se sucedían. El enfrentamiento entre ellos fue duro por la descalificación que Posadas hizo de Patricio. A lo que este contestó
“… por otro lado he sabido que dicho Sr. dice que no soy capaz de ser Capataz Mayor. Esta razón desde luego me convence y desde luego será así, pues al fin soy negro y como suelen decir negro nunca tiene acierto, pero como yo en tantos años que tengo en el cargo de Capataz Mayor y en todo este tiempo no he aspirado a otra cosa que al ordenamiento de esta casa , tal vez por yerro de cuenta pudiera haberlo tenido….” “…Soy negro -nos vuelve a recordar- y dicen que los negros nunca tienen acierto, pero a lo mejor de tanto empeño que puse en hacer las cosas correctamente, éstas terminaron por salirle bien desmintiendo así a los que viéndolo negro creían que era incapaz. Quizás los negros no eran tan incapaces como después de todo...” insinuaba Patricio, remarcando su problemática étnica que vuelve una y otra vez en las cartas. Él parece aceptar lo impuesto por la sociedad del momento, lo que le habían enseñado a creer acerca de los negros como él, o siendo muy inteligente finge hacerlo, recoge el prejuicio, pero lo hace sentidamente, a regañadientes y sin que ello logre vulnerar su autoestima.
Muy probablemente Patricio no sabía escribir , las cartas deben haber sido dictadas, y su firma al pie posiblemente dibujada. A pesar de esto, creo que las mismas recogen el pensamiento y las ideas de este inteligente esclavo negro que intentó por todos los medios conseguir su libertad.


EL ECLIPSE DE PATRICIO


En el invierno de 1795 vencía el contrato con el que Patricio se había juzgado la vida. A causa de una seca no pudo cumplir lo prometido. La Hermandad le renovó el contrato por otro año más, pero con mayores exigencias, dejándose establecido que cuando las mismas se cumplieran , “… quedaría Patricio como peón libre al servicio de la estancia con un sueldo mensual de $ 12”.
A partir de 1805, cuando el Administrador lo menciona por última vez, el rastro de Patricio comienza a borrarse, pero aún sabemos algo más de su vida. Fallecida su esposa y ya con 50 años, Patricio vuelve a casarse, con Francisca Gabriela Godoy (1º./7/1805) , siendo su testigo de casamiento Rita Godoy “natural de los infieles charrúas” según su partida de nacimiento en el Pueblo de Víboras (6/7/1775). ¿Acaso Francisca Gabriela también pertenecería a la etnia Charrúa ? No lo dice la partida.
De su matrimonio nacieron varios hijos: MARTÍN BELEN (12/2/1806); TEODORO BELÉN (28/4/1810); MIGUEL BELÉN (8/10/1813); CIPRIANO BELÉN (30/9/1817 y fallecido el 6/10/1817) y TIBURCIA BELÉN (15/8/1818, fallecida el 25/8/1818).

Que pasó después con Patricio cuándo y dónde murió tal vez nunca lo sabremos.
Pero estos esclavos negros en las luchas por la autonomía de la Provincia Oriental, jugaron un papel muy importante, al ingresar masivamente como libertos en las filas del ejército artiguista. El caudillo, después de Buenos Aires, en setiembre de 1815, les había acordado con idéntico propósito -debe reconocerse que no lo guiaron exclusivamente propósitos humanitarios- , la ansiada libertad. Aunque, es justo reconocer que Artigas, a diferencia de Buenos Aires, con la misma libertad, les confería prioridad en la distribución de tierras dispuesta por el Reglamento Provisorio, a “los negros libres y zambos de esta clase”, a quienes seguían en orden los indios y por último, siempre entre “los más infelices”, los “criollos pobres”.

Visualizamos la última imagen de Patricio, como la de un majestuoso negro, ya entrado en años pero aún enhiesto, que a galope tendido repunta ganado seguido de su séquito de oscuros e indómitos gauchos y tal vez acompañado de sus tres hijos varones.
A través de su palabra directa hemos rescatado no sólo la voz de un esclavo de cultura ágrafa , sino que también con ella , el pensamiento, los principios, valores y la forma de actuar de aquellos orientales, en sus inicios, en los tiempos de la estancia cimarrona, que no nos dejaron fuentes primarias editas, pero que aquí hemos rescatado, así como su mundo sensorial y su experiencia de vida, lo más cercano a como Patricio Belén la vivió.-

 

Lic. Mabel Moreno

e-mail: morenomab@adinet.com.uy

 

 



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