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Tiene que ser ya

Ope Pasquet

20.12.2013

Esta mañana de viernes escuché la entrevista de Emiliano Cotelo a Ricardo Lagos, ex presidente de Chile. Reconforta escuchar a don Ricardo; por su sabiduría, por su sencillez, por su claridad.

Reconforta escucharlo a él y reconforta también saber que los chilenos no sólo lo eligieron presidente, sino que lo premiaron con altísimos índices de aprobación cuando terminó su mandato. Quiere decir que aún en estos tiempos que por momentos lucen confusos y turbulentos, los pueblos pueden elegir bien y juzgar criteriosamente el desempeño de sus elegidos. La política democrática, pues, no tiene por qué abatir sus estándares. Se puede hacer política de calidad, ganar elecciones y recibir el reconocimiento popular al final del período. Todo un desafío.

En más de un pasaje de la entrevista, Cotelo le hizo a Lagos preguntas del tipo "Si Ud. está a favor de eso ahora, ¿por qué no lo hizo Ud. mismo cuando fue presidente"? Lagos respondió con sensatez abrumadora: porque hoy se puede, pero antes no se podía. Así por ejemplo: hoy se puede hablar en Chile del matrimonio igualitario, dijo, pero hasta hace pocos años el gran tema pendiente era el divorcio (que en Uruguay existía desde principios del siglo XX); mientras esa cuestión no estuviera resuelta, resolverla tenía que ser la prioridad.

La política no se hace en el limbo sereno de los conceptos puros, sino en medio del fragor de las luchas sociales y las más diversas circunstancias. Lo que hoy es bueno y útil quizás lo fuera también ayer; pero eso no significa que lo que hoy es factible, también haya sido factible ayer. Olvidarlo lleva a incurrir en anacronismos absurdos. Como la vida individual se hace en el tiempo, la política se hace en la historia. Sin sentido histórico no se puede juzgar la acción política, y don Ricardo Lagos vino a recordárnoslo.

Claro que lo dicho no vale solamente para entender por qué ciertas reformas sólo pudieron concretarse en determinada época, y no antes; vale también, a mi juicio, para entender que ciertas tareas deben hacerse inmediatamente, y no después. Desde hace mucho tiempo Uruguay tiene pendiente una reforma a fondo de su sistema educativo, y en particular, de su enseñanza media. El presidente Mujica, que había proclamado al asumir su cargo que esa sería su primera prioridad ("educación, educación, educación"), reconoció públicamente que fracasó en su empeño. Pero la gran prioridad nacional tiene que seguir siendo esa. Y no se puede esperar, porque mientras los adultos discutimos los adolescentes entran al liceo (los que entran) y repiten el año, y abandonan los cursos, o llegan a cuarto año sin haber adquirido los conocimientos básicos indispensables para seguir aprendiendo e incorporarse exitosamente en el futuro a la vida laboral.

La crisis de la educación nos estalló en la cara en este 2013. Los resultados de las pruebas PISA y los datos sobre repetición, deserción y egreso en Secundaria son a mi juicio más importantes que cualquier otra cosa que haya pasado en el año, buena o mala.

En América del Sur, somos los primeros en fútbol pero los últimos en porcentaje de la población que termina la enseñanza media (un 36% solamente). "Los últimos" no es un mero giro de lenguaje para decir que estamos mal: es la expresión exacta de la verdad. Bolivia y Paraguay y Venezuela y Ecuador y todos, todos los países de América del Sur nos superan en el aspecto indicado (de los europeos, mejor ni hablemos). Perdemos, además, en todos los estratos sociales o quintiles de ingreso: el quintil más pobre es el último entre los quintiles más pobres; el quintil más rico es también el último entre sus similares.

La repetición llegó a ser del 44% en primer año, en los liceos de Montevideo; y ese es un promedio, que cuando se desagrega muestra que en algunos liceos se llegó al 60%.

Los pocos que aprenden, aprenden poco. Las pruebas PISA 2012 lo demuestran. En matemática, ciencia y lectura los resultados de nuestros jóvenes son malos. Empeoramos con relación a nosotros mismos, según resultados de las pruebas PISA 2003. Otros países, como Brasil, (no hablemos ya de Singapur, ni de Corea...) han avanzado, mientras nosotros retrocedimos. En Matemática, obtuvimos 13 puntos menos que en el 2003; el 56% de nuestros estudiantes está por debajo del nivel 2 de competencias (hay 6 niveles), lo que equivale a decir que no están aún en condiciones de avanzar en sus estudios. Otra vez: 56% es un promedio; entre los estudiantes que asisten a centros educativos de contexto socioeconómico "muy desfavorable", es el 89% el que no llega al nivel 2.

No tiene mayor interés abundar ahora en datos que en su momento fueron ampliamente difundidos. Sólo recordamos algunas cifras para refrescar el espanto. Espanto, sí, es lo que deben producirnos estos datos, que no hay que ocultar del conocimiento público, sino todo lo contrario.

Si no reformamos sustancialmente la educación media en los próximos años, la sociedad uruguaya sufrirá el daño resultante durante décadas. Hay que trabajar desde ya, como lo propuso Pedro Bordaberry a los demás precandidatos presidenciales. Todos sabemos que en un año electoral, y en medio del estrépito de las polémicas, será muy difícil buscar coincidencias. Será muy difícil, pero hay que hacerlo. No podemos perder cinco años más deslizándonos por el tobogán. 

El resultado del esfuerzo que hagamos en esta cuestión crucial, dará la medida de lo que valemos como sociedad y como nación. 

 



Ope Pasquet

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