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Certificado de defunción para los ''lomos de burro''

Carlos Santiago

30.07.2014

Pasada el espectacular pero alienante Mundial de Fútbol que determinó una dramática definición para nuestra selección la que pasó, como nadie preveía y menos la crítica bambollera.

La misma que se encargó en crear una expectativa de enormes proporciones entre la gente de unas actuaciones mediocres y anodinas, a dos victorias espectaculares contra potencias europeas que todos los uruguayos disfrutamos, gozando esa sensación que tradicionalmente nos dio el fútbol, de existir en el mundo y, que sirvieron para que los otros partidos, los de derrota, contra dos rivales de nuestro continente, que históricamente subestimamos, determinara la oportunidad de buscar una justificación perfecta, la de la falta en el equipo de Luis Suarez, sin duda el personaje superlativo que valoramos hoy los uruguayos.

Su mordisco inesperado al defensor italiano nos sirvió, en buena medida, para que por semanas tuviéramos como enemigo de lesa humanidad a la FIFA, a cuyos máximos dirigentes el presidente Mujica trató de viejos hijos de puta , olvidando que unos meses antes se había rogado a Blater y Cía. que autorizaran que el Mundial del 2030, año del centenario de la competencia, se jugara en Uruguay, como sede central, utilizándose para el resto la capacidad de negociación que el ex Presidente de la AUF, Bauzá, tenía con AFA, analizando la posibilidad de compartir la competencia.

No cabe duda que si alguien tenía ilusiones de ver una inauguración mundialista en el Estadio Centenario, hoy debe mascullar la desazón de otra esperanza perdida. La verdad es que organizar un Mundial de Fútbol no es una tarea nada fácil. Convertir solamente a nuestro principal Estadio en un escenario como FIFA exige, necesidad sine quo non para albergar un Mundial, según algunos entendidos, exigiría el techado de las tribunas, la concreción de playas de estacionamiento con vigilancia severa, vías de llegada a la cancha con ciertas características estrictas y otras menudencias ¿Se imagina el lector a la IMM, basado en sus antecedentes, metida a realizar tales obras macro? La misma IMM que rechazó el proyecto de la empresa Eulekian, que tiene como un antecedente honroso y eficiente la edificación del nuevo Aeropuerto de Carrasco,  empresa que propuso transformar avenida Italia en una vía rápida que descongestionaría el brutal atolladero de vehículos que se forma en las horas pico en el centro de Montevideo y que, cuando se desplazan a los barrios del este de la ciudad y de Canelones, colmatan brutalmente esa vía de tránsito hoy totalmente colapsada.  Y le dijeron no a Eulekian por razones ideológicas , porque a la intendenta comunista le pareció que se estaba cortando a la ciudad en dos, la zona de los pobres, al norte, y de los ricos al sur de la obra propuesta. Claro, pensamos que en esa resolución hubo también una intervención de las conservadoras cúpulas políticas del PCU, que siempre han añorado el pasado. Una muestra de esa mentalidad es la situación de AFE cuyo deterioro ya hace que nadie crea en que sea posible alguna vez recuperar el ferrocarril en el Uruguay, pese a que es una necesidad logística de primera magnitud.

Lo sorprendente es que ante tamaño de la oposición oficial al progreso, sacando de la agenda esta propuesta de una empresa privada, que de ser aceptada determinaría inversiones millonarias en nuestra capital, la IMM aclaró su desdén fundamentalista frente toda expresión o conjura del diabólico capitalismo Como es costumbre, debemos reseñar, en Avenida Italia nada se hizo ni se explicita hacer para resolver el problema de la creciente circulación provocada, entre otros problemas, por el aumento del parque automotor en el país y la incapacidad de las vías de transito de albergar fluidamente a tanto vehículo cuyo número sigue creciendo en forma exponencial. Tampoco, porque la mentalidad preponderante es claramente conservadora, se buscar soluciones alternativas, como trenes subterráneos o colgantes, como se están construyendo en muchos países de nuestro continente, tampoco cobros de peajes diferenciados que impulsen a qué en cada automóvil viaje más de una persona, combatiendo la tendencia de que cada vehículo sea una poco eficiente prolongación mecánica del individuo.

Pero claro, ¿qué se puede hacer con la existencia de CUTCSA y las demás cooperativas del transporte que subsisten dentro de la mediocridad, en base a subsidios más que jugosos y onerosos para los montevideanos, empresas que siguen utilizando los enormes y lentos mastodontes que se adaptan o des adaptan   a todas las condiciones del tránsito. Los mismos ómnibus, sin cambios en tamaño o agilidad, para las grandes avenidas y para los barrios de calles angostas, como la Ciudad Vieja, donde apenas pueden maniobrar en las esquinas.  Nunca una innovación, una idea nueva, un proyecto bien pensado, realizado técnicamente bien y en los tiempos acelerados de la construcción moderna.

Mientras en Lima y Santiago, por analizar dos ejemplos,  las autopistas se cruzan en la ciudad, las canalizaciones se estudian y concretan, se alarga como en Buenos Aires la extensión de los trenes subterráneos abriéndose nuevas estaciones, en Montevideo ni siquiera se controla la velocidad de los vehículos, lo que provoca una muerte tras otra. Los inspectores que lanza la IMM a la calle, prefieren hacer expirometrías para detectar si un chofer tomó más de un whisky que combatir la velocidad de los vehículos, lo que se puede hacer con medidas físicas en la arquitectura de avenidas y calles, o con una fiscalización severa. Para la expedición de los permisos para conducir ahora se castiga a los mayores, quienes en ocasiones por 40 o 50 años no han tenido un accidente, con pruebas psicofísicas ridículas y se dan sin chistar, los permisos para la transgresión, a cualquier joven, aunque repitan accidentes, por imprudencia, cada pocos días. Claro, la libreta con puntaje para ir restando  a cada conductor ante un transgresión a las ordenanzas de tránsito, no quieren imponerla, porque ello significaría una reorganización de la fiscalización del tránsito, hoy una de las carencias más notorias en Montevideo.

El presidente de la UNASEV, un sorprendente organismo creado para trabajar por la reorganización del tránsito, evitando los accidentes, tiene un objetivo anti alcohólico que asombra. Su presidente sostiene que la razón de los muchos accidentes, con muerte o con heridos graves, se produce por la ingesta de alcohol. No habla de la marihuana, la cocaína o la pasta base, del mal manejo o los excesos de velocidad, las deficiencias en la fiscalización y en la señalización para los conductores. Solo el alcohol, pero cuando se va a las cifras se ve que los hechos dicen otra cosa.

En los días que los inspectores de tránsito de largan a la calle a la caza de los borrachos, de las expirometrías masivas hechas se logra el resultado que solo entre 2 y el 3 por ciento son positivas, mostrando que el problema de los accidentes no está en algún líquido ambarino, sino en la ineficiencia de las autoridades de tomar medidas para evitar que las malas costumbres en el tránsito, basadas todas ellas en el sentimiento de impunidad que existe por la falta de contralor, se mantengan en cada calle y avenida. Qué fácil sería para la IMM colocar radares que detecten los  excesos de velocidad en la avenidas, castigando con fuertes multas a los conductores veleidosos, método que se utiliza en todo el mundo. El aparato, que es de relativo bajo costo, analiza continuamente el tránsito, mide la velocidad de los vehículos que aparecen y, para probar la infracción, sacan una fotografía del transgresor. Pero, dejemos de soñar y volvamos a la realidad.

Y para terminar con este desahogo periodístico, porque el que esto escribe también es una víctima del tránsito como son todos los montevideanos, reseñamos finalmente la razón de por qué la IMM tiende a no colocar más lomos de burro en la ciudad. Incluso ha quitado algunos que detenían el ímpetu, muchas veces inconscientemente asesino de algunos conductores. Los ha quitado porque algunos conductores no respetan estos pequeños obstáculos y pasan sobre ellos a toda velocidad. La IMM tiene el temor en base a hechos que se producen casi a diario que los lomos de burro sean un peligro adicional para esos conductores que no tienen medida ni piensan en los hechos irreparables que pueden provocar.

Se estableció, entonces, un certificado de defunción para los desniveles que tímidamente aparecían en algunas calles para tratar de reducir la velocidad.

¡Así estamos!



Carlos Santiago

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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