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La del estribo

Danilo Astori

21.10.2014

Falta poco. Creo que todos esperamos lo mismo. Las campañas electorales se hacen eternas. Aprovecho estos pocos días antes de la veda - el “periodo de reflexión”, como le llamamos elegantemente - para decir algo. Tomo una frase de Tabaré: nosotros no prometemos; nos comprometemos y cumplimos. La pregunta que surge es: ¿por qué podemos comprometernos y cuál sería el contenido de los compromisos para los próximos cinco años?

Podemos comprometernos por la situación actual del país, por las fortalezas y las condiciones que se han creado, por la actitud optimista y llena de confianza de la mayoría de los uruguayos, por la experiencia acumulada y por los equipos de gente capaz, dispuesta a seguir trabajando más y mejor por los cambios. Y sobre todo porque no nos conformamos. Queremos transformaciones mejores y más profundas. Es que somos y seguiremos siendo exigentes.

En cuanto al contenido de los compromisos, tenemos que hacer referencia en primer lugar al cumplimiento del programa del Frente Amplio, pero esa no es ninguna novedad. Por eso quisiera en esta comunicación agregar un poco más de precisión al respecto. Así, digo en primer lugar que podemos asegurarle a nuestra gente que el Uruguay seguirá creciendo durante los próximos cinco años por encima del promedio latinoamericano completando de esta manera los quince años de mayor expansión productiva de la historia nacional contemporánea.

Podemos también afirmar que ese crecimiento se reflejará de manera directa en la sociedad, entre la gente de trabajo, en las ciudades y en el campo, en Montevideo y el Interior, a través de un constante crecimiento de los salarios, de las jubilaciones, de los ingresos familiares, de la capacidad de compra y ahorro de las familias uruguayas. Y que en el 2020, los ingresos medios en Montevideo y el Interior habrán de equipararse, culminando la tendencia que, en ese sentido, se viene registrando desde hace diez años, y poniendo fin a una  injusticia tradicional del país del pasado. Este incremento de los ingresos del trabajo estará asociado a la mejora en los niveles y la calidad del empleo, producto de las inversiones públicas y privadas que están programadas.  De esta manera, continuaremos redistribuyendo los frutos del crecimiento, requisito fundamental de la construcción de igualdad y factor esencial de estabilidad social. En esta dirección, podemos asegurar que vamos a mantener y mejorar  todas las políticas sociales, vinculándolas cada día más a las obligaciones laborales, e incorporando el sistema nacional de cuidados a la agenda de derechos que hemos venido ampliando durante los últimos años. Y lo haremos sin crear nuevos impuestos. Dicho sistema será fundamental en nuestro compromiso con la equidad de género y con mejores condiciones para las mujeres en sus roles familiar, social y político.

Vamos a producir un gran impacto en inversiones públicas y privadas en infraestructura, incluyendo carreteras, caminería rural, puentes, puertos, aeropuertos, ferrocarril, zonas logísticas,  generación y distribución de energía, telecomunicaciones, acceso a agua potable y con destino al riego, como no se ha conocido hasta el presente en el Uruguay. Ahora podemos. Y por eso podemos también anunciar que produciremos alimentos de alta calidad para 40 millones de personas, continuando con la revolución productiva , tecnológica y social en el campo, incluyendo la agricultura, la ganadería, la lechería, el arroz, la forestación, la producción hortícola, los olivos, la vid y todas las cadenas productivas derivadas. Al mismo tiempo, le dedicaremos todos los recursos y las capacidades profesionales requeridas para el cuidado del medio ambiente y para el uso racional del agua y del suelo que nos asegure la sustentabilidad del concepto y la marca  Uruguay Natural.

Podemos y debemos comprometernos a modernizar y agilitar el funcionamiento del Estado, asignando una prioridad especial a la incorporación de nuevas tecnologías que nos permitan reducir costos y mejorar los resultados de las políticas públicas, al tiempo de incrementar la transparencia y aumentar la capacidad de formación de recursos humanos a todos los niveles.

Vamos a seguir descentralizando, ante todo porque ello significa más participación y más democracia.  Los recursos desde el gobierno central seguirán siendo un soporte puntual y fundamental para los gobiernos departamentales,  tal como lo fueron durante los  últimos diez  años. Simultáneamente, el Congreso de Intendentes seguirá jugando un papel creciente y plural. No es este un compromiso retórico, sino la continuidad de los hechos.

Dejo para el final dos temas fundamentales. Nos comprometemos a grandes avances en la seguridad y la educación, no por las encuestas o por la campaña electoral, sino porque son parte esencial de la calidad de vida de nuestra gente, y por esta misma razón, un factor crucial para asegurar un gran salto cualitativo hacia más altos niveles de desarrollo económico y social.

En materia de seguridad pública reafirmamos los compromisos ya asumidos por Tabaré, en el sentido  de  estabilizar primero el número de hurtos y rapiñas para  luego, al final del periodo de gobierno, disminuirlos en un mínimo de 30 por ciento y reducir la reincidencia de los liberados en esa misma proporción. Naturalmente, todo ello se encuadra en el marco de una batalla frontal contra la delincuencia organizada.

Y en materia educativa vamos a afrontar junto a toda la sociedad la gran tarea de reducir drásticamente la deserción y la repetición en la enseñanza media,  mejorar los resultados a todos los niveles y  descentralizar la educación técnica y universitaria, asegurando los recursos necesarios para hacer posibles estos propósitos.

El Uruguay tiene todas las condiciones para dar un gran salto en calidad en todos los frentes mencionados.  Tiene los recursos económicos y financieros, la autoestima y el optimismo responsable de la mayoría de los uruguayos, lo que nos permite estar  dispuestos a dar la batalla, no sólo en el plano material, sino también en el de los valores, el de la lucha contra la violencia y a favor de una  convivencia más civilizada y solidaria. Estaremos así en condiciones de alcanzar un nuevo nivel de civismo, disfrutando de nuestros derechos al tiempo que afrontamos nuestras responsabilidades y cumplimos con  nuestras obligaciones.

Ya demostramos que se puede salir de la más profunda de las crisis y  construir las bases para aspirar a construir un país de vanguardia. Esa es la gran tarea colectiva que nos espera.



Danilo Astori


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