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Algunas lecciones que deja el triunfo del europeismo sobre el Grexit y de Alemania sobre Grecia

Carlos Garramón

21.07.2015

La aceptación por el Parlamento Griego y Alemán del paquete de reformas que Grecia debe implementar para hacer efectivo su tercer rescate, luego del fracaso de los dos anteriores, por una Troika que endurece sus condiciones pero, que a pesar de sus amenazas, privilegia la integridad del Euro, no solo como medio de pago, sino también como simbolo de union y confianza.

Sin haber llegado la negociación del mayor rescate de la historia a un acuerdo definitivo, la intensa confrontación entre " europeístas" y " pragmáticos descreídos defensores del Grexit" deja algunas lecciones que pretendemos ir analizando en este y futuros artículos a medida que avance la negociación y se inicie y progrese la implementación del programa de reformas a las que Grecia tubo que ceder para acceder a una ampliación y refinanciacion de su deuda y abandonar el default en que ya había caído con el FMI. Veamos.

Con la apertura de los bancos griegos este lunes como consecuencia de un adelanto de 7000 millones de Euros del BCE , pero manteniendo aún severas restricciones sobre extracciones y transferencias, se inicia una nueva etapa en esta larga y tensa agonía que ha atravesado el gobierno y el pueblo griego. Con una deuda de 83 mil millones de dólares (equivalente al 200% del PBI, un período de gracia de 10 años y una estimación de más de 40 años para su repago) Grecia inicia un camino que, según señala el FMI en un informe que permaneció secreto en la reunión del Eurogrupo y en la cumbre de líderes de la Zona Euro, es de imposible cumplimento a pesar del duro paquete de reformas fiscales y privatizaciones exigidos por los países de la Zona Euro, explícitamente liderados por Alemania. La negociación, que parecía que se encaminaba a un inevitable "Greyexit" (salida de Grecia de la Zona Euro) como medida ejemplarizante y "anticontagio", se acerca a un final incierto, con Grecia contenida en la Eurozona y obligada a una casi humillante exigencia de aprobar por ley el conjunto de reformas impuesto por la Troika para aceptar la renegociación de la deuda y evitar el eminente default y su permanencia en la Zona Euro. Aprobadas las reformas por el Parlamento griego, por el Parlamento alemán y el francés, resta aún que la advertencia del FMI y la voz de Hollande sean tomadas en cuenta para que se aplique una quita sobre la deuda y/o que se estructure una refinanciación que alivie las exigencias anuales de dedicar una pesada proporción del gasto público al servicio de la deuda y poder alcanzar con menos sacrificio y mayor realismo la dura exigencia de un superávit primario del 1%. A pesar de la advertencia del FMI y de las recientes declaraciones de Hollande, es difícil que Alemania ceda ante una evidente realidad. Merkel ha tensado al máximo sus relaciones políticas dentro de su partido y con sus partidos aliados. Incluso dentro de su gabinete, y en particular con su ministro de Finanzas Schauble, quien se opuso públicamente al acuerdo y alentó hasta último momento una salida temporaria de Grecia de la Zona Euro. Veremos en el transcurso de estos días si el monto y las condiciones de la deuda permanecen incambiados o si aún existen unos gramos adicionales de sensibilidad y el castigo al hermano descarriado se atenúa para reducir su sufrimiento.

Este breve relato de una densa negociación, que parecería que se acerca a su fin, nos permite extraer algunas conclusiones relativas no sólo al Euro, sino a Europa en su conjunto e incluso a su impacto sobre la economía y geopolítica global.

En primer lugar, existe un problema estructural en la arquitectura institucional de la Zona Euro. Es muy difícil que conviva una moneda única, un único Banco Central con 18 Ministerios de Finanzas y por ende con 19 presupuestos . Lograr una armonización fiscal y monetaria en estas condiciones constituye un proceso de alta complejidad que, en muchos casos, se convierte en un acto voluntario de cada país de cumplir con las metas fiscales que exige el Banco Central Europeo para respaldar la fortaleza y el valor de paridad de la moneda única. En tiempos de crisis y recesión, como los que atraviesa Europa desde 2008, el cumplimiento de las metas fiscales dictadas por BCE se torna muy difícil para los países con economías más débiles y por ende más afectadas por la crisis global y la recesión. En esta situación el Euro "cruje" y los países, y fundamentalmente los pueblos que lo comparten, resisten los programas de ajuste que deben enfrentar para lograr las exigencias fiscales del BCE. Y es ahí donde aflora la falla estructural. La arquitectura del Euro habilita la confrontación del presupuesto de cada país a las directrices del BCE. Si la exigencia del BCE implica una reducción del déficit, como sucede en épocas de crisis, la austeridad resultante es resistida, y esa resistencia, casi transformada en un grito de guerra, como en el caso de Grecia, se enfrenta al temor de Gobiernos y ciudadanos a abandonar la Zona Euro y los privilegios y accesos que esa pertenencia trae aparejados.

La lección que la crisis griega nos deja es que en ese enfrentamiento, la pertenencia a la Zona Euro prevalece ante la austeridad impuesta por la Troika . Y prevalece incluso en el caso Griego, ante una batería de medidas de austeridad de extrema intensidad e impopularidad que al inicio de la negociación era impensable que podrían ser aceptadas por el Gobierno de Tsipiras. Puede argumentarse que no fueron aceptadas por el pueblo griego en el referéndum. Pero esta consulta era de obvio resultado y no fue planteada correctamente. La confrontación entre austeridad y abandono del Euro no estaba explicitada en la interrogante formulada en la consulta. Por eso el resultado del referéndum convivió con un conjunto de encuestas que evidenciaron que más del 60% del pueblo griego no era favorable a la salida de la Zona Euro. Tsipras utilizó como último recurso de negociación elresultado de una consulta mal formulada, que además endureció las exigencias de Alemania para matar un antecedente muy peligroso y de riesgos contagio: la aceptación de la democracia directa en las decisiones de la Zona Euro. Finalmente, el propio Tsipiras tuvo que pagar el costo del enfrentamiento entre austeridad y Grexit, aceptando la exigencia de aprobar legislativamente las reformas como condición para proseguir con las negociaciones.

Consciente de esta primera lección que deja la crisis griega y del desmedido liderazgo alemán, Hollande llamó recientemente a conformar un Parlamento de la Zona Euro y la unificación de los presupuestos de los países que la conforman.

La segunda lección tiene también que ver con la arquitectura institucional en la que se basó la fundación de la Zona Euro. Los países que la componen son muy disímiles en su estructura productiva, nivel de industrialización, y fundamentalmente en su productividad. La existencia de una moneda única los despoja de la utilización de la devaluación como política económica compensatoria de la pérdida de productividad, lo que es económica y socialmente correcto. Pero a su vez es irrealista pretender que un conjunto de países tan disímiles puedan convivir con una paridad uniforme ante el resto de la canasta de monedas del mundo. La diferencia de competitividad entre Alemania y Portugal es enorme. ¿Es razonable que esos dos países compartan una misma moneda y por ende una misma paridad? ¿O la estructura de la Zona Euro debería contemplar algún mecanismo de compensación que sustituya la restricción impuesta por la cancelación de la devaluación como política de restablecimiento de la competitividad?

La tercera conclusión se refiere a que la Zona Euro y Europa en su conjunto , muy contrariamente a lo que proclaman los antieuropeístas, no admite fácilmente una "mutilación", aunque esta sea la de un territorio relativamente menor que ocupa el país que concibió la Democracia y cuyo PBI represente una insignificante proporción del PBI Europeo. El Europeísmo felizmente prevalece incluso en los líderes más extremos en cuanto a la aplicación de las duras reglas de convivencia como Merkel entre otros.

Faltan aun algunos rounds , pero parecería que los europeístas ganaron la confrontación con quienes alentaban el Grexit y que Alemania se impuso sobre Grecia.

(*) - Ingeniero Agrónomo de la Universidad de la República Oriental del Uruguay, Master en Economía Agraria de la Universidad Católica de Chile, PHD(C) en Economía Agraria de la Universidad de California, Campus Berkeley. Funcionario y consultor en OEA, ONU, FAO, FIDA. Autor del blog www.carlosgarramon-reflexiones.blogspot.com



Carlos Garramón

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