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Otra vez las cuatro de la mañana

Daniel Feldman

08.09.2016

Cada tanto, algún artículo de prensa nos ilustra sobre la ventaja de los “hipermadrugones”, y yo no de dejo de reafirmarme en mi idea de que quiero ser un emprendedor vespertino.

Aquellos que diariamente discurrimos por los meandros de la prensa y saboreamos las diferentes propuestas, chocamos cada tanto con la invocación a madrugar y sus innumerables ventajas para hacer más eficientes y efectivas a las personas eficientes y efectivas.

En esta ocasión me topé con un artículo del prestigioso The Wall Street Journal titulado Por qué las 4 a.m. es la hora más productiva. Comienza diciendo el artículo que la mayoría de las personas que se despiertan a las 4 a.m. lo hacen porque les toca: los agricultores, los asistentes de vuelo, los operadores de divisas y los trabajadores de correos. Unos pocos se levantan antes del amanecer porque quieren. Y ahí comienza a desgranar experiencias de exitosos ejecutivos cuya rutina diaria comienza sobre esa hora, marcando una redistribución de los habituales ciclos circadianos.

Es así que pasan por la nota Russ Perry, de 33 años, fundador de la empresa de diseño gráfico Design Pickle, quien dice que entre las 04:00 a.m. y las 06:00 a.m. "es la parte más planificada y más organizada de mi día. A partir de ahí, todo es improvisado"; Sallie Krawcheck, presidenta ejecutiva de Ellevest y ex ejecutiva de Wall Street, que afirma: "Nunca soy más productiva que a las 4 a.m."; Peter Shankman, un emprendedor y conferencista de 44 años, que usualmente salta de la cama unos minutos después de las 4:00 a.m. y dos veces por semana se encuentra con un amigo para correr 16 kilómetros en la oscuridad por la parte baja de Manhattan, que nos enseña que "si estoy ocupado esquivando gente o mirando quien me está pasando, mis ideas no vendrán"; y por supuesto, no falta un superejecutivo: en este caso, Tim Cook, presidente ejecutivo de Apple, que comienza su rutina diaria a las 03:45.

Todo lo precedente me hizo recordar una columna que escribí en julio de 2013, titulada Yo quiero ser un emprendedor vespertino, a la que no le cambiaría una coma y que reproduzco a continuación

Semanas atrás, apareció en El Observador una nota titulada ¿Por qué un emprendedor debería madrugar?, a lo que se agregaba que "aprovechar las mañanas puede ser clave para aumentar la productividad".

Decía la nota que "Prueba de esto es la rutina del presidente de Starbucks, Michelle Gaas, quien desde hace quince años -el tiempo que lleva en su puesto- se levanta a las 4.30 de la mañana para salir a correr, según el portal de noticias Entrepreneur".

Antes de ingresar en tema, dos aclaraciones:

  1. Michelle Gaas no es EL presidente de Starbucks, sino LA presidenta.
  2. Segunda aclaración, y no por ello menos importante: aunque la nota a la que hago referencia fue publicada a mediados de junio, cabe aclarar que lo del punto 1 no es válido, ya que desde mayo Michelle Gaas no estaba más en Starbucks, sino que pasó a la empresa Kohl.

Hechas las dos precisiones, vayamos al emprendedurismo (¿se dirá así?). ¿Qué nos pasa a aquellos que tenemos espíritu emprendedor pero no nos gusta madrugar? ¿Estamos jodidos o tenemos alguna chance? Aunque sea, capaz que podemos aspirar a ser medianamente emprendedores, dependiendo de cuántas horas nos distancien de las 4:30 a.m. nuestro momento de egresar de la cama.

La experta en administración del tiempo, Laura Vanderkam, se encargó de explicar la forma de utilizar las mañanas de manera más eficiente en su libro Lo que la gente más exitosa hace antes de desayunar, se sostiene en la nota.

Por ejemplo, si nos levantamos a las 5:43, para poner un ejemplo, tenemos bastante chance de ser exitosos en nuestros emprendimientos; llevamos nada más que una hora y trece minutos de retraso para salir a correr respecto a Gaas. Claro, no va a faltar quien diga que eso implica 26.645 minutos al año; 444 horas; es decir, que Gaas nos lleva 18 días y medio de ventaja: más de medio mes. Por lo tanto, reconsideremos la cosa y pongamos el despertador a las 4:30.

Después de ver estas abrumadoras cifras ni se me ocurre plantear levantarse a las 10:30 o un poquito después - la hora ideal a mi entender- cuando el sol baña el dormitorio, los potros del apartamento de arriba ya se fueron hace rato a la escuela y ya finalizó la Tertulia de En Perspectiva.

Para cambiar esta situación y aprovechar mejor el tiempo, la autora del libro propone una serie de cambios en la rutina matinal.

Hacer actividades por uno mismo es una buena opción para empezar el día y tener una planificación de tareas es imprescindible. "Un buen ejercicio es imaginar cómo se aprovecharía una hora más por día. Una vez decidida la actividad, solo resta agendarla para la mañana siguiente"; dice. Así que, olvídense de las 5:43.

"Los cambios en la rutina matinal deben realizarse de forma gradual. Una buena opción es comenzar a levantarse diez minutos antes de lo normal todos los días, hasta lograr levantarse a la hora deseada" explica. Es más, yo agregaría que sería bueno seguir de a diez minutos para atrás hasta que no haya necesidad de acostarse; algo así como La isla del día de antes, de Umberto Eco.

En fin, creo que cada uno es libre de escribir y hacer lo que quiera, siempre que con ello no esté dañando a otro. Pero, lo interesante es que este tipo de afirmaciones generan ciertas pautas comportamentales donde se pretende sustituir, a través de determinadas rutinas y posturas, lo que realmente importa, que es tener una buena disposición cerebral y el tipo de neuronas necesarias para acometer cualquier tarea. Aunque se diga que "al que madrugada Dios lo ayuda", esto no ha sido comprobado científicamente, y como forma de refutación, se ha establecido que "no por tanto madrugar, se amanece más temprano".

No me gusta correr; es más, los médicos me han dicho que no lo haga, que camine. Como Michelle Gaas se levanta a las 4:30 para correr, ¿yo tendría que levantarme a las 3:15 para, caminando, llegar al mismo lugar que ella?

No me extrañaría que se viera incrementado el flujo de corredores en la madrugada en la Rambla. Sería un buen principio para aspirantes a yuppies arrancar el día de la misma forma que la que fuera presidenta ejecutiva de Starbucks por 16 años. Después, el traje oscuro, la vestimenta "casual" los viernes, el caminar mirando a la lontananza, como quien ve más allá de los simples mortales que se le cruzan, el enrostrar continuamente que pagan sus impuestos y por lo tanto tienen sus derechos (como si quienes estamos a su frente no los pagáramos, o en caso de hacerlo, nuestros impuestos no generaran derechos), en suma, toda una retahíla de frases hechas y comportamientos premoldeados.

Asumiendo que las 4:30 es una buena hora para correr para empezar el día de una buena manera (casi me quedo sin respiración); ¿por cuánto tiempo tenemos que hacerlo? Después de correr ¿nos bañamos con agua fría, tibia, caliente? ¿Cómo lo hace la gente exitosa? ¿Qué hacemos primero: desayunamos o nos vestimos? ¿Desayunamos todos los días lo mismo o variamos, por ejemplo, las frutas en función de su estacionalidad? Capaz que algún economista, de esos fanáticos de las políticas contra cíclicas, nos recomienda comer frutas "desestacionalizadas".

Por favor, que la gente exitosa me dé una mano, decía un amigo; "el otro día empecé a correr a las 4:30 y era el mediodía y lo seguía haciendo porque no sabía qué venía después de correr. Tengo que comprar el libro", repetía. "Por suerte pasaban unos vecinos atentos, que habían salido a correr a las 11:45, en sentido contrario al mío, y me dijeron que no tenía buen aspecto y sería mejor que fuera a mi casa", terminó de contar.

En suma, dejémonos un poco de bobadas. ¿Qué es ser exitoso? ¿Por qué no lo medimos a partir del grado de satisfacción consigo mismo y no con los parámetros generalmente asociados al éxito económico que nos quieren imponer algunos gurús?

Así que, estimados y estimadas, nos encontramos en la próxima corrida (que esperemos no sea bancaria).

 

 



Daniel Feldman | Periodista


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