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La rabia

Ismael Blanco

09.04.2018

Hace bastante tiempo  que es mucho más que decir de un tiempo a esta parte, que vengo escuchando los sonidos desagradables y grotescos que horadan los oídos  que perturban hasta el más bueno de nosotros.

Unos pocos medios con unas pocas "superestrellas profesionales", que no por mucho más que por "30 denarios",  promueven consecuentes, con destacable ahínco y extrema mala leche una campaña furibunda de notas, noticias, rumores,  falacias, corrillos,  chismes y murmuraciones para implantar un estado de desánimo en una buena parte de nuestra población y nos presentan una realidad caótica como si viviéramos en los Balcanes de los ´90 o en el Ghouta de Damasco, en Gaza o en Kabul.

Estos impostores, fariseos que se ponen sobre sus hombros el talit de la libertad de expresión y del derecho a la información, ventilan manija y esparcen mierda por doquier sin responsabilidad alguna y si por casualidad, en una de esas uno se cabrea y los manda a un tribunal se cagan como pollos dormidos y nunca falta el coro del corporativismo alcahuete que se autodefine de " trabajador de la prensa libre y democrática".

Estos especímenes, individuos de mala espina, perfeccionan sus dardos cargados con hiel para dirigirlos al corazón de la sensibilidad del más puro ciudadano, de ese que imperfecto como cualquiera de nosotros  se maneja con la ética de la buena fe, que confía y cree que lo que dicen los medios es "la verdad" clara como el agua clara y no advierten que es una herramienta ideológica que tiene intereses  que van más allá de la competencia, los ratings o la publicidad.

Generalmente los medios, sus personeros o sus testaferros,- pues los verdaderos dueños muchas veces habitan tierras extrañas o cálidas como las arenas de Miami,- se indignan histéricamente cuando uno los critica.

Si hoy tuviera que definir quienes son los representantes de la derecha más organizada en este país empiezo por los medios de comunicación antes que por los partidos políticos. Un posible orden a saber: "El País", "El Observador", "Búsqueda" (en una trilogía muy pareja, que van cabeza a cabeza y si unode ellos gana lo hace apenas por medio hocico) aunque, en honor a la justicia  los "cangancheros" priman por su antigüedad y sobre todo por fascismo.

Ahora bien en tren de ser justos debo mencionar - porque no es posible obviarlos-  la linda manito que siempre esta tendida para los operativos mediáticos como el semanario "Voces" o el veneno de "la 36".  Ellos que se definen como de izquierda crítica pero a mi me "checa" que tienen la polaridad invertida para ser generosos, pues se mueven de zurdos pero cierran hacia la derecha.

Para muchos jóvenes  a esta altura me consideraran un prehistórico -y probablemente tengan razón- ya que los nacidos a partir de la apertura democrática del ´85  andan en los 33 años y yo tengo más. Sin embargo, vuelvo siempre a la historia para entender el presente, y confirmo que es una rueda dialéctica.

Hoy estamos indiscutiblemente en el campo de la nanotecnología, de la cuarta revolución industrial, la robótica y de los autos no tripulados por humanos y podría seguir; pero el mundo en su esencia sigue siendo tan injusto como desde el principio de los tiempos y en sólo una minoría del globo terráqueo se impone con  muchos parches e imperfecciones la Revolución Francesa, a tal punto que la primer consigna debería ser:¡hombres del mundo la revolución aún no ha triunfado!

La Ironía de las cosas dice que el lema "Libertad, Igualdad y Fraternidad" obviamente es el oficial  de la República Francesa, pero también del país más devastado de nuestra América y sin duda del mundo, me refiero a la primera República negra: Haití.

Sin embargo los personeros, los profesionales al servicio de la palabra reaccionaria por estos días se soliviantan para defender la justicia "preta" del Brasil, "de la independencia" del poder judicial que no es más que una pléyade de corruptos, tan corruptos como los que dice perseguir.

Hoy Brasil es un estado fallido, militarizado, que asesina a lideres sociales y a políticos de izquierda y que a día de hoy levantan su mayor trofeo, la cabeza de Lula, el líder más popular de América Latina y la exhiben  en bandeja de plata al igual que San Juan Bautista.

Los parlanchines, los políticos nacionales  hipócritas, que van desde la derecha de los partidos tradicionales hasta el "casto" de Mieres que me tiene hasta las pelotas con un puritanismo monacal, que no advierte o no quiere advertir  que con su latiguillo, sumará algún voto demagógico más para su cantera estrecha,  pero a lo que más le suma es al discurso  de que "son todos iguales" haciéndole el juego ya no sólo a la derecha sino al fascismo vernáculo que como una serpiente venenosa esta en su cueva esperando morder a los incautos  y a los sencillos.

Ahora bien, lo digo porque a esta altura de mi vida con el único que debo quedar bien es conmigo mismo, y por tanto me expreso alto y claro y subrayo: que burros, traidores, hipócritas, hijos de mil putas, "calienta sillones", mediocres, confabuladores, arribistas, intrigantes, individuos de mala entraña  y trepadores existen desde cuando no teníamos un mísero cargo en la izquierda y andábamos a monte con apenas lo puesto. Y aún así no faltaba algún hijo de puta que se empeñaba en denostar a un compañero. Imagínense ahora con gobierno y con poder y con tantos sin historia que ocupan a decir de Fernández Retamar el lugar del "otro".Los infieles, los judas,  los perjuros son parte de la carga que nos impone la historia. Ser implacable con estos, denunciarlos, dejarlos en evidencia y combatirlos sin piedad y sin cuartel es parte también de nuestra labor.

Los errores en la política, aún los más nauseabundos se solucionan con y en  la política y se laudan en las urnas cuando el soberano se expresa.

Sólo en Uruguay -ya que nadie lo cree en el exterior- debo explicar  reiteradamente cuando me  lo preguntan, que  un vicepresidente de la república tuvo que renunciar por un utilizar una tarjeta corporativa por comprar un colchón y una zunga. Lo de la gestión en Ancap y en Pluna lo dirimió y lo dirimirá una vez más cuando la ciudadanía se exprese y en el balance valore una vez más que pesa:  las políticas sociales, laborales, redistributivas  hacia la gran mayoría del pueblo o la mierda.

Lo he repetido mil veces y mil veces lo he argumentado: el delito de abuso de funciones no tiene sustento jurídico y menos dogmático y eso corre para Lorenzo, para Calloia, para Sendic, para Gómez, para Riet o al que se lo quieran aplicar.

Les cuento algo yo todos los días veo abusos de funciones y desviaciones y abusos de poder, llevados adelante por puro autoritarismo y la explicación a esto es porque no ocupan el lugar de responsabilidad de gestión los que se los merecen, los que se rompieron el alma y los huesos por acceder a un gobierno popular, ese lugar está ocupado salvo las honradas excepciones los más mediocres que hacen política porque resuelven un laburo, una forma de vida. Allí no hay ni altruismo, ni abnegación, ni generosidad. 

Hoy tenemos la cuarta, la quinta o la novena línea haciendo lo que no saben hacer: mandando, dirigiendo organismos, secretarias o puestos legislativos. La historia es injusta en este aspecto. Cosecha el que no sembró.

En un reportaje  José Saramago decía que al pasar del tiempo seguía intacta su capacidad de indignación, que la indignación era su estado habitual.

Sabrán que yo admiro mucho a ese hombre, quienes siguen mis artículos lo saben, y comparto el criterio o lo que quiso decir con el estado de indignación, en el entendido que la indignación es un estado de acción y de rebelión, y no un estado de renco o de simple enojo.

La indignación de Saramago es otra cosa, es lo que es para mi es el estado de rabia; de rabia que sabe rumiar y mascar bronca; de rabia que sabe bancar y esperar la hora; de rabia que sabe plantear batallas a largo plazo; de rabia que se morfa que los impunes estén en la casa para morirse como buenos ancianos; de rabia que no pierde ni la ternura ni el objetivo que es vencer para que de una vez por todas se imponga, la libertad, la igualdad, la fraternidad y la solidaridad entre nosotros; la rabia de que nada es para siempre y que con rabia  hay que defender las libertades y la democracia, que mientras exista esta forma de organización del mundo nada es seguro y que la democracia, la paz y las libertades políticas son las causas más revolucionarias; la rabia de tener presente que aún en nuestra calma sociedad existen nostálgicos golpistas que hoy aplauden de pie que Lula esta preso.

En Brasil Pasaron! Cómo pasaron en Madrid, pero nosotros Venceremos!



Dr. Ismael Blanco



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