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A 50 años del Mayo Francés

Jaime Secco

02.05.2018

El jueves 3 de mayo se cumplen 50 años de la revuelta estudiantil francesa conocida como El Mayo Francés. Puede sostenerse que, a juzgar por sus logros, se trata del acontecimiento histórico más sobrevaluado. Pero quizá su importancia justamente esté sea simbólica.

Fue el historiador Fernando López D’Alessandro quien nos hizo recordar que, además de los 200 años de Marx, el 5 de mayo, este año se cumple medio siglo del Mayo Francés y uno de la Reforma Universitaria de Córdoba. No siendo historiador, me voy a limitar a algo que hacemos los periodistas: resumir una breve cronología de los dos grandes días de enfrentamiento en París, el 6 y 10 de mayo, y algunos hechos que los precedieron y sucedieron.


El golpe de Estado de de Gaulle en 1958 quería pasar la página de las derrotas coloniales de Vietnam y Argelia y modernizar el país para competir con Alemania e Italia en la nueva Comunidad Europea. La variable de ajuste fueron los salarios, que se acordaban entre la patronal y el gobierno. En 1966 le tocó el turno a una reforma del sistema universitario, resistida por enfocarse en la producción de técnicos y administradores. En los últimos meses de 1967 aumentaron las huelgas fabriles y protestas estudiantiles con una huelga general, sobre todo por problemas reglamentarios.


En marzo de 1968 hubo una huelga en la nueva Universidad de Nanterre. Como no había avances, el 20 se produce una manifestación con rotura de vidrieras y termina con el arresto de estudiantes.


Ante la debilidad de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF), habían surgido los llamados “grupúsculos” de ultraizquierda, interesados en experimentar con nuevas formas de lucha. Se inspiraron en el Zengakuren, un grupo de extrema izquierda japonesa. El 18 de febrero de 1968 la Federación de Estudiantes Socialistas Alemanes los aplicó en una manifestación en Berlín en la que participaron estudiantes franceses. Pequeños grupos móviles realizaban provocaciones que combinaban con grandes demostraciones legales.


Esa variante fue la que quisieron probar en Nanterre el miércoles 20, para salir del impasse de una huelga sin avances. El 22 ocupan la administración de la Universidad para exigir la libertad de los detenidos. En una asamblea, esa noche, nace el Movimiento 22 de Marzo, liderado por Daniel Cohn-Bendit, que decide nuevas medidas. Durante casi un mes, las autoridades de la Universidad permitió las actividades estudiantiles. Entretanto, se habían multiplicado las protestas en diversos centros de estudio universitarios y algunos secundarios. El 2 de mayo, el decano cierra la Universidad y sus estudiantes realizan al día siguiente una asamblea en la Sorbona.


Iniciaban en París las conversaciones de paz sobre Vietnam, por lo que la Policía no quería más que paz y desvíó una columna de cien manifestantes de derecha armados de cachiporras que iban a atacar la Sorbona. La asamblea se iba a dispersar 5 y media, pero la Policía cercó la Sorbona a las 5 y detuvo a todos los estudiantes varones que salieron. No se sabe bien cómo se juntaron fuera otros estudiantes que atacaron a la Policía para liberar por lo menos a algunos de los detenidos utilizando ataques breves y retiradas. La UNEF decreta la huelga.


El sábado 4 y domingo 5 hubo asambleas para decidir el rumbo. Los maoístas querían trasladarse a los barrios obreros. Ganó la propuesta de concentrarse el lunes en el Barrio Latino e invitar a él a los trabajadores. El lunes, desde la mañana hubo concentraciones, asambleas callejeras y eventuales escaramuzas con la Policía que los obliga a cruzar a la orilla derecha del Sena. Por la tarde, 10 mil manifestantes (*) vuelven al barrio Latino, donde se producen enfrentamientos en regla en la plaza Maubert-Mutualité, intercambiando adoquines por granadas de gas durante horas. A las 5 y media abandonan la plaza y se dirigen a una asamblea prevista en la plaza Denfert-Rochereau. De allí, de 20 a 30 mil manifestantes vuelven al centro del barrio Latino donde se producen enfrentamientos más violentos. El parte oficial habla de 345 heridos.


El martes 7 una asamblea levanta una plataforma de tres puntos: anulación de los procesos a estudiantes, retiro de las fuerzas policiales y reapertura de las universidades. Por la tarde, 50 mil manifiestan por la avenida de los Campos Elíseos (los maoístas volvieron a reclamar que se fuera a los barrios obreros). De noche hay enfrentamientos aislados.


El miércoles 8, junto con una de las centrales sindicales, la CGT, se concentran 20 mil personas. El jueves hay concentraciones menores.


El viernes 10, a las 18:30, la Policía había cortado entradas al centro del Barrio Latino y se resuelve ocuparlo. Se apuestan piquetes en todas las entradas, que se ponen a acumular adoquines. Tanto, que terminaron siendo barricadas. A las 2:15 de la madrugada, la Policía se lanza al asalto con tal brutalidad, que a las 6 de la mañana se termina con un millar de heridos, quinientos detenidos y más de cien autos incendiados. La brutalidad moviliza a la opinión pública.


El sábado, el primer ministro Pompidou regresa de Afganistán y accede a las reivindicaciones estudiantiles. El lunes 13, junto a la CGT, los estudiantes convocan a una manifestación en la que casi un millón de personas atraviesa París. Las fuerzas represivas desaparecen de París.


El martes 14 los obreros de Sud-Aviation ocupan la fábrica. El conflicto se contagiaba a los centros de trabajo. El 15 se ocupa la Renault en Cleon. Las huelgas con ocupación se extienden por toda Francia. hacia el 22 y 23, la huelga es prácticamente general; los huelguistas suman 9 a 10 millones.


El viernes 24, la CGT y los estudiantes organizan manifestaciones separadas. La de estos últimos ocupa la Bolsa de valores; había ganado la propuesta de “atacar directamente al poder”. De Gaulle pronuncia un discurso llamando a reestablecer el orden y convocando a un plebiscito de la reforma social y la universitaria. El fin de semana del 25 y 26 se llega a acuerdo por 10% de aumento de sueldos, reducción de horas de trabajo, aumento del salario mínimo y otras conquistas.


Del 27 al 29 el gobierno está paralizado. Los estudiantes, ya divididos en grupúsculos, continúan intentando retomar el nivel de movilización. Por otro lado, muchos trabajadores no quieren aceptar los acuerdos firmados y el retorno al trabajo demoraría días y hasta semanas. En las jornadas siguientes hubo manifestaciones convocadas por diferentes combinaciones de actores, pero la izquierda legal se dirigía a las elecciones.


Todavía hay quien afirma que si el Partido Comunista hubiera querido tomar el poder en esos días, hubiera podido. Algo muy difícil de probar, por supuesto, y bastante improbable. De Gaulle ya estaba haciendo movimientos de tropas para enviar señales claras. También convocó a su propia manifestación de un millón de personas el 30 de mayo.


El 30 de junio, en la segunda vuelta de las elecciones, el gaullismo arrasa. El saldo fatal de las movilizaciones fue un comisario asesinado en Lyon el 24 de mayo, un estudiante ahogado el 10 de junio en una escaramuza con la Policía cerca de Flins y dos obreros frente a la fábrica Peugeot el 11 de junio; uno baleado.
Como vimos, antes que en Francia, había manifestaciones en Japón y Alemania. Y las hubo ese año, antes o después, por todo el mundo; el Occidente de Europa, países de Asia y África y en América desde Estados Unidos y México hasta el Cono Sur -es el año de los primeros Mártires Estudiantiles en Uruguay-. ¿Por qué se recuerda el episodio Francés?


Quizá porque París es mejor caja de resonancia que Tlatelolco. Pero además, en Europa fue la gran entrada en escena de la Nueva Izquierda, extraparlamentaria, con ideas más excitantes en sintonía con la época, cuando el polo soviético había entrado en un largo período de estancamiento, solo agitado por episodios como la invasión de su aliada Checoslovaquia, ese mismo año. Una izquierda más pura, que había permitido soñar con alcanzar el poder en la próspera Europa que estaba culminando la edad de oro del capitalismo; los “30 años gloriosos” de crecimiento entre el 45 y el 73.


Hoy, esas esperanzas en la Nueva Izquierda no se sostienen. Pero el Mayo Francés fue también parte de una década que comenzó con las guerras contra el colonialismo, la Revolución cubana y una América Latina en revulsión. Meses antes habían matado al Che Guevara cuyo nombre fue adoptado por los estudiantes de Nanterre para el salón de reuniones. También la década de las luchas civiles en Estados Unidos y la lucha contra la Guerra de Vietnam con sus movimientos estudiantiles, todos con picos en 1967. Y también la década de la liberación sexual, el rock, los hippies, una rebelión contra las metas vitales de la sociedad de bienestar. Y del pensamiento de la Escuela de Frankfort, que mezclaba marxismo con psicoanálisis. Muchos de los dirigentes estudiantiles decían inspirarse en las ideas de Herbert Marcuse.

(*) Todas estas cifras y las que siguen deben ser tomadas con pinzas.



Jaime Secco

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



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