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“Reconocer el fracaso”… No es Deportivamente Correcto

Dr. Guillermo Chiribao

11.07.2018

Que las redes sociales han venido a suplir las antiguas ruedas de los bares, parecería que no existen dudas. En tiempos de mundiales, las mismas suplen aquellas interminables discusiones que, entre copa y copa, se estiraban muchas veces hasta la madrugada.

 

Y allí se exponían las mas peregrinas teorías sobre temas variados y muchas veces insólitos. Y el futbol y la política eran los temas que convocaban mas interés de los parroquianos.

Hoy ese ámbito fue sustituido por Facebook, o los grupos de Whatsapp.

Podríamos decir que el debate desde el punto de vista cuantitativo, se ha globalizado, y por ahí, hasta democratizado. Pero quizá, desde el punto de vista cualitativo, el mismo se ha empobrecido.

A partir de la derrota y eliminación del combinado uruguayo ante Francia, hace unos días, se ha venido dando una multiplicidad de diálogos con algunos temas excluyentes y centrales a saber: "existió fracaso o no del proceso Tabarez", "un jugador de elite, en la alta competencia, ¿puede desatender el juego y ponerse a llorar 10 minutos antes de terminar un partido fundamental?", "¿el error técnico del golero Muslera debe ser criticado?", y varios etcéteras por el estilo.

En cada discusión apareció un elemento llamativo: la agresividad manifiesta, de los y las integrantes de los debates. Sin ir más lejos, en "el muro" de Facebook, un periodista amigo de Tacuarembó, "Cacho" Rodriguez, manifestó, entre otras cosas, que había que "explicarle a los gurisitos de las escuelas, que el fracaso, el perder o ganar, es parte importante del deporte y de la vida".

Para qué, se desató una batalla campal en la red, al mejor estilo de una guerra santa con frases como: "andá, acá el único fracasado sos vos, que laburás en una radio comunitaria que tiene cobertura de 3 cuadras y te mandás la parte", o "siempre los resentidos que no saben disfrutar de los éxitos", o "porque no vas vos a jugar el mundial", etc., etc. Todo una locura, llegado el caso.

Y ahí las primeras diferencias con "el boliche de la esquina" de antaño: 

  1. la participación de todos los géneros 
  2. el aumento de decibeles y 
  3. el desvío del tema de discusión, directamente, hacia la humanidad de los opinadores (un aspecto positivo, el primero, contra dos negativos).

Una simple discusión sobre el desempeño del combinado se transformó en un formidable circo romano, sin ton ni son. 

Por otros muros siguen las discusiones sobre las lágrimas del jugador No. 2 de Uruguay, Jose María Giménez, y la cosa no es diferente a las vividas en Tacuarembó. Lejos de discutir, por ejemplo, sobre si a un jugador profesional, hay que exigirle seriedad y concentración durante todo el partido, sin quebrarse, dada su calidad de "elegido" para la alta competencia o -por otra parte-  si a pesar de ello, se le permite demostrar sus sentimientos. Las discusiones y acusaciones se desarrollaron en medio de innumerables menciones a las condiciones masculinas o no de los opinadores, o, llegando incluso hasta la historia de los antepasados, de quienes opinaban y sus relaciones con los políticos de la época. 

En un caso, un acalorado contendor cibernético, acusó a otro que criticó las lagrimas, de haber ido en el año 72 a la plaza Independencia a apoyar el golpe de estado de Bordaberry. 

Fuerte ¿no?

Entonces, ante toda esa parafernalia, ocurrida en las redes, surgen entre muchos aspectos dos en los que deseo detenerme: 

La desaparición de la capacidad de diálogo fraterno y la dificultad de asumir el fracaso o la derrota.

Los hechos que ocurren a diario en las redes, por temas deportivos, políticos o de cualquier índole, cargados de falta de tolerancia y, más aún, de violencia contenida, demuestran que el Uruguay ha perdido la capacidad de debate. 

Seguramente muchos coincidirán en que esa pérdida de la fraternidad en la discusión, en el intercambio de ideas, es una de las herencias de la dictadura mas penosa. No es posible prácticamente encontrar ámbitos reales de intercambio de ideas. Desaparecieron la charlas grupales en las que, respetando al otro, se debatían ideas o conceptos más o menos elaborados.

¿El proceso Tabarez fracasó en el mundial Rusia 2018? Se perciben dificultades en las charlas ya que difícilmente se centren en el concepto "fracaso", y se opine en función de lo que ello significa en el ámbito deportivo, para luego llegar a conclusiones valederas.

Veamos un ejemplo de la historia del deporte mundial de elite. En 1992, en las olimpíadas de Barcelona, el ucraniano Serguei Bubka, (hasta ese momento poseedor de 30 récords mundiales) falló en sus 3 intentos de salto con garrocha, con el listón a la altura de 5.70 en dos oportunidades, y 5.75 en la última. El mundo deportivo se asombró porque el campeón había quedado 36 centímetros más abajo de su récord de 6.11, conseguido esa misma temporada. 

El público asistente al Estadio Monjui lo despidió con una cerrada silbatina. No vacilaron los medios de prensa en considerar como fracaso aquella participación del campeón.

Si de futbol hablamos, hemos sido testigos de casos similares, con fracasos de selecciones gloriosas, tanto en los últimos mundiales, como en el actual. Poderosos combinados como los Brasil, Argentina, Alemania, España, Italia, Portugal, Mexico, Holanda (por nombrar las mas famosas), se adueñaron de los titulares de la prensa y de las charlas ciudadanas, quienes no dudaron en rotular esas participaciones y algunas ausencias, como rotundos fracasos deportivos.

Ahora bien, volviendo al ucraniano, veamos que ocurrió luego de las olimpíadas de Barcelona: En el año 1993 logró el récord del mundo de 6.15 en pista cubierta, y al siguiente, el récord del mundo en pista abierta con 6.14 que continúa en su poder hasta el presente. El "zar de la pértiga", acumuló un campeonato olímpico y 6 mundiales, logrando 35 plusmarcas.

Bien; todo esto viene a cuento, porque seguramente ese puntual fracaso en Barcelona/92, lejos de amilanar al atleta, lo fortaleció. Y es precisamente ese el desafío de los deportistas de élite, de aquellos que por sus condiciones lograron llegar a la alta competencia. 

Y para lograr eso, es fundamental la formación desde la temprana edad, para afrontar y superar ese tipo de fracasos, de derrotas. Todos los deportistas que llegan a esos niveles de competencia, poseen en alguna medida la preparación adecuada para enfrentar esas situaciones, sobreponerse y buscar nuevamente el triunfo. Porque su fin último siempre será, el éxito y la gloria.

Al leer aquellas discusiones, parecería que a los uruguayos nos está costando asumir el fracaso. Y eso nos lleva a ponernos, agresivamente, a la defensiva. 

Pensar en un fracaso transitorio, nos trae a la mente la idea del fracasado vitalicio. Y vaya si hay diferencias. 

Lo dijo el propio seleccionador uruguayo, "el error es parte del juego"; o sea, perder es parte de la competencia.

Cabe entonces preguntarnos, si esa falla en la elaboración de los pensamientos y razonamientos, no nos ha venido impuesta sin que nos diéramos cuenta, desde los centros formadores de opinión y de educación.

Pensando en ello me viene a la memoria una reunión de padres en los años 90. Eran tiempos, en los  que la palabra "excelencia", se aplicaba a todo lo que se moviera, sin ningún rigor definido. Por lo que, aquél colegio no iba a quedar fuera de la "moda". Se llamó a una gran asamblea con los padres, para explicar la gran apuesta a la excelencia. La idea era, que mas o menos como por arte de magia, todos los alumnos, entrarían al mundo adulto con "esa aureola mágica" de excelentes, ganadores, triunfadores e infalibles. Debo reconocer que aquello, se dió en el marco de una euforia, similar al del aliento celeste último. Nada ni nadie los paraba. Me atreví a preguntar en la reunión, si el colegio tenía pensado algún plan B para aquellos gurises que (seguramente como muchos de nosotros) iban a fracasar en muchas cuestiones de la vida común y corriente. Las respuestas fueron del estilo de: "el único fracasado acá sos vos".  Parecido a las discusiones actuales de Facebook.
Mirando las reacciones mundialistas, la defensa fundamentalista, al proceso de Tabarez, a los casi que intocables 23 orientales (de la cerveza) y varias por el estilo, vemos que está apareciendo un nuevo personaje en el horizonte: "El Deportivamente Correcto".

¿Quién es? Y bueno, sería aquél que jamás plantearía un tema que confronte o que genere controversia. El personaje, se coloca ahí, en la montonera, y hace y dice, lo que alguna fuerza desde el mas allá (y superior) le ordena. 

No se le ocurrirá jamás, sostener que a un Mundial de Futbol de selecciones profesionales, con deportistas de elite, experimentados en la alta competencia, se va con el solo objetivo de ganar, de salir campeones del mundo, porque para eso se invierte y se forman los procesos. 

No criticará jamás a Tabárez ni al proceso. Menos a Muslera que tantas alegrías nos ha dado. Mucho menos, a Josema que es un "chiquilín de sentimientos", y tampoco criticará a los que repartirán los 16 millones en la AUF, sin que llegue un solo centavo a esos miles de gurises de las divisiones inferiores de todo el país, que patean la pelota en canchas, sin agua caliente y sin pasto, o para el pago de aportes al BPS de los jugadores, muchos de ellos, de la B.

El lema será: "Sin que importe el rumbo, no movamos el barco".

Entonces, desgraciadamente, El Deportivamente Correcto, inmovilizará todo, y ahuyentará, para siempre, el ansia de superación, eliminará la búsqueda de mejores armas para la competencia, destruirá cualquiera capacidad de autocrítica, del o de los procesos, so pena de ser considerado "un amargo traidor a la causa".

Si prospera el ascenso de este "emergente" personaje, pronto estaremos, no reconociendo un fracaso transitorio en una justa mundial, estaremos reconociendo el fracaso total, absoluto y definitivo.

Si el lector que llegó hasta acá, le ve alguna similitud entre Deportivamente Correcto, y el Políticamente Correcto, será únicamente su responsabilidad. Juro que no fue mi intención.

En conclusión, deberíamos retomar las viejas discusiones, acaloradas algunas, que nos hacían razonar para defender argumentos con fundamentos, siempre, dentro de un estricto margen del respeto y consideración por la idea del otro.

Y aprovechar, precisamente, la democratización de las redes sociales que permite que esas discusiones nos involucren a todos por igual, intentando agregarle calidad a la cantidad. 

Seguramente solo así estaremos en forma, de salir a buscar "el próximo sueño", al decir del Maestro.





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