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El ejercicio de la autoridad sin complejos y sin sentido de culpa

Milton A. Ramírez

18.08.2018

Costó pero se logró. Casavalle no pudo ser, no es y no será un feudo de bandas criminales. Los Chingas y “La Gorda” Mónica fueron arrasados. El Ministerio del Interior fue la punta de lanza junto a la Fiscalía y la Intendencia. Se unificó todo en un plan, un operativo y un mensaje que podría resumirse en “acá manda el Estado”.

 

Fue un trabajo de años. La Plaza de la Convivencia de Casavalle fue de 2013 y a partir de allí un montón de idas y venidas y debates políticos e ideológicos dentro del Gobierno y del partido de gobierno para poder lograr la reconversión de un barrio estigmatizado.

Había que restablecer la convivencia, y ya en este período de gobierno, había que establecer el poder y dar la clara señal de quién manda.

Cambiar un barrio no es tarea de una sola institución. Cambiar un barrio que estaba en disputa entre bandas criminales menos aún. La banda de Los Chingas, y otras bandas de esas zonas, por la enorme ignorancia que tienen más allá de sus territorios, se creyeron que podían dominar "Los Palomares" primero y Casavalle después.

La narración pormenorizada, tan bien escrita como cruda, la realizó el periodista Gabriel Pereyra en su columna de El Observador, "Romeo y Julieta entre las balas de Casavalle".

Hubo ministerios que fallaron. "No se animan a entrar" había dicho con franqueza inusual el Director Nacional de Policía, Mario Layera. Tanto era así que el día que entraron se encontraron con una expandida tuberculosis, entre otros problemas sociales, urbanos, de limpieza, de orden y de poder.

La gota que desbordó el vaso fue la usurpación de decenas de casas, una usurpación a punta de pistola. Luego hubo un duro trabajo para que se hicieran las denuncias, para que se testificara, para proteger a los testigos, para reubicar a los desplazados. También hubo un pormenorizado trabajo para documentar las evidencias que hallaron policías y fiscales. Estas evidencias debían llegar claras y sólidas a los jueces. Ahora la Justicia podía establecer fallos con los mismos elementos que se conocían policialmente.

Tal vez enojado por el desafío, tal vez en un alto en sus otras actividades, tal vez por que ahora le explicaron bien cual era el camino que se debía seguir y que él debía tomar cartas en el asunto y terminar con las trancaderas internas, el Presidente tomó la resolución de darle poder a una comisión para que resolviera este tema de Casavalle y de los casavalles que fueran.

"Seremos implacables con los grupos criminales que intenten tomar controles territoriales" dijo el sociólogo, director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior.

Y así fue que, uno por uno Los Chingas terminaran en la cárcel y hasta "La Gorda Mónica", la líder del grupo, líder que terminó delatando a los suyos para evitar ir a la cárcel.

Casavalle y sus "Palomares" fue el intento más serio de feudalización de un territorio. Pero se evitó, se revirtió, se iluminó, se limpió se hicieron calles ya ahora solo falta la consolidación de todos esos cambios, mientras los vecinos del barrio festejan y respiran tranquilidad nuevamente.

Pero este final, a punta de pistola y con centenares de efectivos del Ministerio del Interior en acción, fue posible porque se le puso fin a una disputa interna en el Gobierno que tenía paralizado el avance en las soluciones -soluciones crudas y duras pero inevitables- que se debía aplicar en este territorio.

La disputa polítco-ideológica terminó con una conclusión, "se ejercerá  la autoridad sin complejos y sin sentido de culpa".





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