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Paraguay: estado cloacal

José Antonio Vera

30.08.2018

Un Presidente de la República que, sectariamente, se atreve a izar la bandera de su Partido Colorado  junto a la de la nación, en su despacho del Palacio de Gobierno, un Fiscal General que, junto a su esposa, están presos por enriquecimiento ilícito.

En un intestino juego revanchista de cobros de deudas, y un Senador que figura embolsando ocho billones de dólares, son algunas de las aristas destacadas de la inmensa fábrica de estafas que se ha convertido institucionalmente Paraguay.

Mario Abdo Benítez, en los primeros 15 días de asumir el cargo, está incurriendo en un rosario de decisiones que alejan cualquier esperanza de corrección y superación de los males heredados del gobierno del empresario Horacio Cartes, hombre acusado por todos los costados de narcotraficante y contrabandista de cigarrillos y otras mercaderías.

Irrebatible violador de la Constitución Nacional y enviciado en hacer de la política un sistemático negociado, Cartes presiona para ser nombrado Senador con plenos derechos, entre ellos el de la inmunidad que la práctica local ejercita como impunidad, objetivo buscado por el multimillonario para impedir que su gigantesca fortuna sea auditada. La Carta Magna estipula que todo mandatario, una vez finalizado su quinquenio, sólo tiene derecho a ocupar un cargo senatorial vitalicio, con voz pero sin voto.

Uno de sus aliados, el exFiscal General de la Nación, Javier Díaz Verón, está recluido en la tenebrosa cárcel de Tacumbú, claro que separado de los tres mil 500 presos comunes, 73 por ciento sin condena y muchos de los cuales fueron encarcelados por su orden. Después de permanecer 13 días prófugo, apareció y un Juez decretó su prisión inmediata, una medida que aún no es fácil de entender, aunque la versión que más circula, es que se trataría de un ajuste de cuentas por lavado de dinero, delito que ha molestado a Estados Unidos, campeón en esa tarea que no acepta competidores.  La esposa del defenestrado también pasó algunas noches en la Cárcel del Buen Pastor y está presa en su domicilio. 

Luque, una de la decena de ciudades que conforman el anillo que rodea Asunción, desde hace un mes, es el teatro mayor de las numerosas movilizaciones populares que se registran en todo el país, en repudio a los personajes más encumbrados de la politiquería nacional, el Senador colorado Oscar González Daher, entre ellos,  usurero odiado, dueño de decenas de viviendas alquiladas y de una inmobiliaria que viene vendiendo terrenos fiscales fraccionados, en sociedad con las sucesivas autoridades municipales que, incluso, lo exoneran de impuestos.  Usurpa, además, con triquiñuelas de escribanía, 12 mil hectáreas en el Chaco, que una familia explotaba desde hace 53 años.

La ocupación de las calles luqueñas por su población indignada, lleva casi un mes, en la más clara expresión de hartazgo de un pueblo humillado, presa del matonaje de las barras bravas de un club de fútbol de la primera A, también explotado por el senador y su hermano Ramón, vergüenza en vidriera de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL), aliado a los defenestrados Nicolás Leo y Juan Angel Napout, quien sería condenado este miércoles en Estados Unidos a varios años de cárcel por el enriquecimiento ilícito que, durante años, han practicado todos los altos dirigentes del vasto abanico de la FIFA.

Valiéndose de sus fueros parlamentarios y de la complicidad del Ministerio Público, el senador expulsó el lunes a una comitiva fiscal que comenzaba el allanamiento de su empresa Príncipe de Savoia, firma que aumentó sustancialmente su caudal financiero durante la presidencia de González Daher del Tribunal Supremo de Juzgamiento de Magistrados, y que está bajo sospecha de representar un gigantesco lavado de dinero que, en pocos años, habría operado unos ocho billones de dólares, escándalo que ni sus más conspicuos amigos delincuentes, pueden soportar y se ha visto obligado a presentar renuncia a su curul.

Frente a tales abusos, que se efectivizan con la asociación del partido de gobierno y de sectores de la oposición, el grueso de los 45 senadores (senarratas, dicen los movilizados) y los 80 diputados, junto a varios del Parlasur y de la jerarquía del Poder Judicial y del Ejecutivo, la población ha comenzado a reaccionar y, desde hace cuatro meses manifiesta su repudio a la descomposición moral galopante, con la consigna de que no pararán hasta limpiar el Estado de tanta lacra, que integra una larguísima lista de hampones.

El mes pasado, la presión popular hizo renunciar al Diputado colorado José María Ibáñez, a pesar del decretó parlamentario que blinda a todos sus miembros, para que ninguno se vea obligado a abandonar su banca por corrupción, en una decisión de autoprotección que les ha durado poco, dado que la movilización popular la está destrozando, en el hecho social quizás más importante de los últimos tiempos, aunque todavía adolece de la fragilidad que imprime la ausencia de un proyecto político transformador, que garantice profundidad y continuidad. De todos modos, "algo es algo", y muy positivo.

El Presidente Abdo Benítez, fiel a su origen ideológico, que reivindica orgullosamente al  tirano General Alfredo Stroessner, de quien su padre y homónimo fue Secretario Privado durante 25 años de los 35 que duró el régimen, cuyas secuelas tienen plena vigencia en este país, comenzó mal su nobel ejercicio de poder, pues ha incurrido en cuatro omisiones de efecto muy negativo para los intereses del pueblo en general.

Paraguay, país desindustrializado, vive de la actividad rural, aunque el 85 por ciento de la tierra está ocupada por el 3 por ciento de los siete millones y medio de habitantes, y que la agro-exportación, potenciada por la soja transgénica de las transnacionales, entre ellas Monsanto,  esté exenta de impuestos.

Abdo Benítez no ha hecho ninguna mención a la grave problemática de la tierra, de la que están siendo expulsados 100 mil labriegos por año, víctimas de la represión estatal y de la presión del narco-latifundio y su ejército paralelo. Los primeros pasos del nuevo presidente, poseedor de algunos miles de hectáreas, insinúan que carece de interés por corregir esa anomalía y, lo peor, es que aparenta responder con planes agresivos contra las víctimas, como lo han manifestado algunos de sus colaboradores, entre los cuales destacan varios personajes escombros, de oscuros antecedentes.

Este miércoles, la Comunidad Toryvete, del Distrito de Hernandarias, en el Departamento del Alto Paraná, frontera con Brasil, fue víctima de un desalojo violento por parte de capangas brasileños, con acompañamiento fiscal y policial, con un saldo de heridos y presos, entre las mujeres, hombres y niños que se opusieron al atropello, empeñados en defender su derecho a trabajar para producir alimentos orgánicos, para ellos y el país.

En ese mismo momento, el Presidente visitaba en avión unidades policiales para celebrar las bondades de ese cuerpo. Dos días antes, efectuó un recorrido similar entre las Fuerzas de Tareas Conjuntas (FTC), ejército y policía, apostadas en los departamentos nororientales, con el pretexto de combatir el narcotráfico, intensificado desde el golpe de estado contra Fernando Lugo en junio del 2012, que aumentó con la llegada de Cartes, hace seis años.

Terminar con el "terrorismo" del invisible Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), ha sido otro de los objetivos de los sucesores del exObispo, con la  Asesoría de Estados Unidos, de "expertos" de Colombia y agentes de Israel, Brasil y Argentina, apostados en la Triple Frontera que conforma Paraguay con esos dos últimos países, encima del codiciado Acuífero Guaraní. La sigla EPP es una chequera que la derecha utiliza cada vez que la necesita.

La segunda omisión del mandatario, que se verificó netamente en su discurso de posesión, hace 15 días, es el tema cultural, ausente en sus planteos, incluyendo todo el tiempo de su campaña electoral. El país continúa careciendo de una política propia, capacitadora, enaltecedora, que se ocupe un poco de la educación, de construir escenarios para el canto, la danza y el teatro, en lugar de cárceles, como se viene haciendo. El analfabetismo funcional abraza a más de la mitad de los paraguayos, una población desbordada por jóvenes menores de 30 años.

Su tercera y torpe desatención es la normalización del Estado, preso hoy de 300 mil funcionarios, fruto del clientelismo electoral. Tampoco dice nada nuevo de la administración y transparencia financiera, en cada ministerio y los otros organismos dependientes, como los municipales y departamentales,  donde se constata una inmensa fuga de capitales que enriquecen el anillo familiar fiel al poder central.

El sistema tributario vigente es uno de los más inapropiados para que el Estado pueda disponer de recursos y es una expresión más de la injusticia institucionalizada en el país, donde los pobres están más gravados que los ricos. Basta comparar los impuestos municipales que paga una simple vivienda urbana con lo que aporta el propietario de diez mil hectáreas, vergüenza que se agiganta con las tarifas de los servicios de electricidad.

La cuarta omisión (?) tiene que ver con la soberanía nacional. Todo indica hasta ahora que ese punto no le quita el sueño a este admirador confeso de Stroessner, pues todos sus pasos expresan entreguismo, desde sus continuas visitas a altos jerarcas civiles y militares de Estados Unidos, hasta su indefensa postura para reclamar los derechos paraguayos, en tanto socio pleno, en la explotación de las binacionales energéticas de Itaipú, con Brasil, y Yaciretá, con Argentina, de las que Paraguay utiliza no más del cinco por ciento, y cobra por el 45 que no usa, unas migajas, al precio de cáscara de bananas.

Tampoco Abdo Benítez habla de su postura respecto a la deuda externa, que Cartes triplicó y la llevó a cerca de los diez mil millones de dólares, con vencimientos semestrales, que el país carece de capacidad para honrarla, al punto que el mandatario acaba de declarar que tiene dificultades para pagar los salarios de los funcionarios públicos en los cuatro meses que restan de este 2018. "Se han llevado todo", dijo uno de sus allegados.        

La palabra cloaca, conducto por donde van las aguas sucias de las poblaciones, según los doctos diccionarios, es a lo que más se parece el Estado paraguayo y la única posibilidad de higienizarlo, para recuperarlo como República, está en manos del pueblo movilizado que sea capaz de unir lo mejor de las piezas dispersas de sus movimientos y organizaciones, que confluyan armando una herramienta política capaz de dotarse de un funcionamiento orgánico con habilidad para diseñar un proyecto de país nuevo.

 

José Antonio Vera



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