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Esteban Valenti se va, yo me quedo

Héctor Musto

12.09.2018

Con Esteban me unen lazos muy profundos. De muchos años. Nos conocimos en el exilio, y aprendí a quererlo como persona y a respetarlo como cuadro político. Siempre me ayudó a pensar. Y precisamente apoyado en esa enseñanza que recibí de él, que resumo en pensar con mi cabeza, escribo estas líneas, que las resume diciendo que en esta decisión de irse del FA, está, en mi opinión, equivocado.

Empecemos por el principio. Tanto aquí, como en otros medios de prensa, expresé mi desilución con el actual FA. Y hasta afirmé (y sigo sintiendo lo mismo) que no soy frenteamplista en el sentido histórico del término: no me pongo escarapelas ni pins, no cuelgo la bandera del FA, no voy a sus actos ni piso más un comité. ¿Motivos? En lo esencial, los algunos que dice Esteban y otros mios. Por ejemplo, el "aparato" dominado por el PCU y el MPP que aplasta toda iniciativa renovadora, los "atornillados" a las sillas del poder (que los hay y muchos, que dependen del que el FA siga ganando hasta por sustento personal y que, por lo tanto, han perdido toda iniciativa cuestionadora), la negativa a discutir a fondo los temas vinculados a Sendic y De León, las negativas a comisiones investigadoras, el fracaso en los temas cruciales de enseñanza y seguridad, la carencia de "ideas fuerza" que movilicen a la gente, la falta de apoyo a la investigación científico-tecnológica, el apoyo acrítico a cualquier inversión extranjera sin tener en cuenta las consecuencias sociales y ambientales a mediano y largo plazo, la falta de avances en los DDHH, la falta de condena a Venezuela... y tantos etcéteras que resumo en que el FA dejó de ser una fuerza de cambios progresista que piensa en el bienestar actual y futuro de los uruguayos, para transformarse en un Partido que gobierna, y que tiene, como único objetivo el de mantenerse en el gobierno por el gobierno en sí mismo, para gozar de los privilegios del poder... y de los cargos.  Y claro, me revientan los que lo defienden diciendo que mejoramos los índices de mortalidad infantil, que bajaron los índices de pobreza e indigencia, que el IRPF está bien, que mejoramos la macroeconomía, que hay más controles en la banca, que el Fonasa. Todo eso está bien. Pero precisamente para eso llegamos al gobierno. Lo hicimos. Bien. Lo prometimos y lo hicimos. Pero eso no borra las enormes carencias que tenemos. Es, y disculpen el ejemplo, como decir "antes era drogadicto y no laburaba. Hoy dejé la droga y laburo... solamente le pego a mi esposa". Y tendríamos que perdonarle que le pega a la esposa porque dejó la droga y tiene trabajo. No. No lo llevo. Los errores y carencias del FA son responsabilidad del FA, y lo que hizo bien está bien, llegó al gobierno para hacerlo, pero no borra nada de lo negativo, que es demasiado.

Entonces, ¿cuál debe ser la respuesta? ¿Irse del FA a fundar una nueva fuerza política llena de virtudes y buenas ideas? No. No lo creo. Y paso a fundamentarlo esquemáticamente.

1) Esteban, con razón, apela al seregnismo, y por lo tanto, al propio Seregni. Yo, obviamente, lo comparto. Admiro a Seregni y soy "seregnista". Pero como marxista que soy, no puedo dejar de olvidar que Seregni, como tantos otros dirigentes que gestaron al "viejo" FA (Arismendi, Cardoso, Juan Pablo Terra, Michelini, Alba Roballo, Héctor Rodríguez y tantos otros) fueron producto de un momento histórico, que los necesitaba y los produjo: la crisis que arranca a mediados de los '50 del siglo pasado y que llega a su cúspide entre 1968 y 1971. Esos grandes hombres y mujeres actuaron y fueron producto de un mundo bipolar con movilizaciones de masas, gente en las calles, asesinatos a estudiantes, crisis económica, desgaste de los Partidos Tradicionales, migración masiva al exterior, guerrillas en prácticamente toda América Latina... y un sueño, un ideal. Podíamos ser puros. Porque el gobierno, en aquellos años, era algo inalcanzable. Entonces, el gobierno "no nos mancillaba" porque estábamos lejos. Eso fue lo que generó, en mi modesta opinión, el Seregnismo. Y eso nos marcó, sin dudas. Eso fue el FA durante muchos años. Atravesando la dictadura, en la que los Partidos de izquierda (con el Comunista a la cabeza en Uruguay y al PVP en Argentina) pagaron un enorme precio para recuperar la democracia. Y eso fue Seregni. Que por quedarse en el país, por talento, por su dignidad, por su valentía, por su época histórica, sintetizó en su figura al FA. Al puro. Eso gestó al FA. Entonces me pregunto, y paso al siguiente punto:

2) ¿Es posible generar un grupo-partido-movimiento fuera del FA, sin líderes que sean producto de ESTE momento histórico? Creo trivial decir que en el Uruguay, no vivimos un momento de crisis política-social-económica comparable a los '60s del siglo pasado. Sin caer en mecanicismos simplistas, creo que de vivir una crisis mínimamente comparable, hubiesen surgido líderes sociales, hombres y mujeres, que sintetizarían ese descontento. No los hay. Excepto, quizás, en lo que tiene que ver con los movimientos de derechos igualitarios de género, matrimonio homosexual, consumo legal de la marihuana, etc. Lo cual, por cierto, es más que positivo y lo hemos plasmado en leyes más que progresistas. Pero en lo estrictamente político, ¿hay alguien capaz de liderar, como lo hizo Seregni en su momento, un movimiento partidario de alternativa? No. No lo hay. Y todo movimiento-partido-organización política, necesita de alguien que sintetice el sentimieto popular. Y no hay nada fuera del FA, que desde una óptica progresista, cumpla esa condición. Y sin esa condición, por más ideas buenas que se tengan, no hay movimiento político que se sustente. Y reto a cualquiera a que me demuestre que eso es viable. No conozco ni en el Uruguay ni fuera del país, un "algo político" que tenga validez histórica sin alguien que por sí mismo, sea la síntesis de un sentimiento popular. Entonces la conclusión me parece obvia: hoy por hoy, cualquier intento fuera del FA, está condenado de antemano al fracaso. Pero además,

3) Siendo realista. Un movimiento que asumo "de izquierda y progresista", ¿tiene espacio? Entre la izquierda que es el FA, con sus aciertos, errores y horrores, y la AP, ¿hay lugar? ¿Qué banderas se van a levantar? Se va a decir, ¿somos como el FA, creemos en lo mismo, pero no vamos a permitir un Sendic o un De León? ¿Alguien puede creer que eso, en sí mismo, puede generar un espacio político creíble? Yo no lo creo. O sea, mantendremos la misma línea económica, pero seremos honestos... ¿alcanza? Me parece que no. Y para seguir, porque es fundamental,

4) ¿Cambiará ese nuevo grupo la política económica? ¿Cambiará las políticas sociales? ¿La política de enseñanza? ¿La de seguridad? Y si la respuesta es positiva, ¿en qué sentido? En otras palabras, ¿es válido decir primero me voy y luego te cuento qué voy a hacer? ¿O lo lógico hubiese sido decir primero lo que quiero hacer, y luego, dado que no tengo espacio, me voy?

5) Por lo que ya dije, es obvio que no comparto la idea de Esteban de formar algo fuera del FA. En lo personal, siendo crítico como soy del FA, pero siendo de izquierda, mi idea siempre fue, y creo recordar que alguna columna escribí en uy.press en este sentido, que la forma de generar un cambio pasa por dos lados. Primero, seguir militando en los espacios políticos y/o sociales que cada uno entienda conveniente, diciendo lo que piensa y colaborando a generar conciencia colectiva. Segundo, si hay que generar algo "político" (en el sentido que implica hasta la presentación de listas en la elección nacional) me parece infinitamente más razonable intentar re-crear el Espacio Progresista. Una alianza de "descontentos" que, al mismo tiempo que reconoce las carencias (que no voy a repetir) del FA, sea aliado. Porque el FA, como tal, sigue siendo la única opción de gobierno posible. Pero que no esté sometido a la "orgánica" que mata toda posibilidad de cambio. O sea, compartir con el FA el candidato/a Presidente y Vice, pero sin estar atado a la orgánica. Porque, aunque a mi amigo Esteban no le guste, la opción en las próximas elecciones será entre quien sea candidato/a por el FA o Lacalle-Pou. En la práctica, más allá de discursos descontentos, que comparto, será esa la disyuntiva y entre esas dos opciones tendremos que elegir.

Pido disculpas por la longitud de esta columna.

Héctor Musto



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