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La noche de los 12 años, mi historia

Milton A. Ramírez

30.09.2018

Mis 12 años iban a terminar. La primera señal, grabada a fuego en mi memoria, fue unas semanas antes del 10 de marzo de 1985. Desde la ventana vimos venir una caravana de varios vehículos. La encabezaba una camioneta que llevaba enarbolada, en un caña muy alta, una bandera roja. Ese día quedaba libre Vladimir Turiansky.

12 años antes, cuando ingresé al Penal, "los viejos" ya no estaban. Habían sido llevados como rehenes a cuarteles del interior del país. El MLN se había disuelto dentro de la cárcel.

En 12 años se van grabando muchos recuerdos fuertes. Recuerdo el estallido de locura del "Gallego" Mas Más. Estuvo, al menos, 7 días gritando día y noche. Nunca paró. Lo terminaron encerrando en "La isla" y lo bombardearon con todos los psicofámarcos habidos y por haber y sobretodo con una droga tremenda, Calmancial, a manos del tenebroso psiquiatra de apellido Gori.

Pero la amnistía del 85 no alcanzó para muchos. Hubo compañeros que se suicidaron al salir, habían soportado de todo, lo inenarrable, pero a veces uno es una bomba de tiempo que desconoce cuándo va a explotar.

Leíamos. Cuando no tuvimos libros hicimos hablar las paredes y así nos comunicamos. También tuvimos libros prohibidos de Marx y de Lenin que debimos reducir a hojillas Job. Incluso entraron a ese proceso de reducción a hojillas parte de las conclusiones de la Conferencia de OLAS y parte de los documentos 5 y 6 del MLN. Al día de hoy sigo sin saber como carajo entraron al Penal. Luego, con el tiempo, fue tan riesgoso tenerlos y esconderlos que llegamos a la conclusión que la única manera de conservarlos era memorizarlos.

Recuerdo cuando llegó Jaime Pérez. Recuerdo cuando lo volvieron a sacar del Penal para seguir torturándolo. No puedo olvidar la cara de Jaime a la vuelta de un de esos tenebrosos periplos. Muy delgado, con la mirada perdida pero con una mueca sonriente en su boca.

De esa misma forma recuerdo al "Lechuga" De Vargas. Del Penal lo sacaban casi cada año para volver a torturarlo por haber pertenecido al OPR33.

Entre esos recuerdos duros, los más duros personalmente, fueron cuando un año me avisaron que había muerto mi madre. Tres años después me avisaron que había muerto mi padre.

Luego de haber sido liberado con la amnistía no fui, hasta varios años después, al Cementerio del Norte. Frente a sus tumbas lloré, solo, mucho rato. No los había visto morir. No pude acompañarlos en sus sus último días.

Por 1975 o 1976, empezamos intentar reorganizar el MLN. Con los rehenes en los cuarteles, más las condiciones extremas en el segundo piso del Penal, no obtuvimos ningún apoyo para esta cruzada. Pero se pudo hacer algo. Muy sui generis, pero se pudo hacer. Cuando los milicos se dieron cuenta, marchamos. Nos sacaron del Penal a finales del año 1980. Primero nos llevaron a La Tablada. El Dante podría haber sacado mejores ideas para su descripción del infierno de lo que se convirtió por ese entonces La Tablada.

De allí, como uno de los peores capítulos de mis 12 años, me llevaron a un cuartel del interior. Demoré mucho en saber cual era. Por las condiciones creía que bien me podía morir. En la puerta del calabozo hermético, hecho de bloque y de chapas, donde respirar era una tragedia y donde cada verbo se convertía en una obra titánica, pensar, orinar, dormir, los milicos de la guardia decían que veían difícil que pasara el invierno. Al final un día, muchos meses después, me devolvieron al Penal.

Habían perdido el plebiscito. Uruguay había ganado el "Mundialito". Pero también me vengo a enterar que el "Huguito" Dermit había muerto en la tortura.

Otros recuerdos me traen a la memoria al "Pocho" Cruz, uno de los pocos, sino el único del MLN, que había conocido al Che en Bolivia. El "Pocho" era un veterano según el promedio de edad que había en el Penal. Un compañero pura alegría. Otro recuerdo es el de quien fuera mi amigo del alma, "El Pajarito" Carbajal. Nunca entendí porque al salir, al ser liberado, se hizo bandolero, se metió en aquello de la polibanda y por eso terminó muerto en un enfrentamiento con la policía. Siempre hay un lugar oscuro del alma al que uno llega comprender, por más amigo y horas compartidas que se hayan tenido.

La dictadura se terminaba pero un día nos enteramos que habían matado en la tortura, abril de 1984, a Vladimir Roslik. Médico en San Javier. Su verdugo había sido el entonces capitán "La Pocha" Caubarrere.

Los milicos tuvieron la precaución de separar al MLN de los comunistas. Los comunistas, en su mayoría, su dirección, fueron al tercer piso. Pero las cosas nunca son perfectas, y recuerdo las charlas con Tomás Jónico, trabajador de ANTEL, o con León Lev en algunos de los  viajes, creo que al Supremo Tribunal Militar.

El 10 de marzo de 1985 salimos caminando y nos esperaba una marea de gente. Siempre le agradeceré a mi amigo de la adolescencia, a Rooney, por haberme ido a buscar ese día. Ese día pude exorcizar la peor novela que se me ocurrió leer en 12 años, El Proceso de Kafka, un monumento a la claustrofobia. Pero, había una salida, una puerta, un camino. No es raro que, cada tanto, tenga pesadillas que recrean al mundo de Kafka. Pero siempre me despierto.

Me quedaba la casa de mis padres, ahora solo habitada por mi abuela, ya muy desmejorada. Ahí compartimos por un tiempo con "El Potrillo" y su familia y con mi amigo del alma, Carlín.

El horror y el dolor pasado fue enorme. Pero no me queda ni una gota de rencor ni de odio. Eso si, no puedo olvidarme que son incapaces de decir dónde están los cuerpos de los desaparecidos.

"Los noche de los 12 años", de Brechner es una buena película. Se enfoca en la historia de tres de los rehenes. No es la verdad literal, es un relato, y muy bien contado. Es la historia que recuerda que uno puede llegar al abismo, ir por el filo de la locura, soportar lo que nunca supone que podría soportar, caerse, herirse, sangrar y luego levantarse y seguir y seguir y seguir.





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