*

Agencia Uruguaya de Noticias
Loading
con firma
Juan Santini Juan Santini
Hasta aquí llego mi amor
Esteban Valenti Esteban Valenti
La Alternativa ¿Para qué aliarse?
Luis E. Sabini Fernández Luis E. Sabini Fernández
¿Qué Argentina ve El Observador uruguayo?
Fernando Gil Díaz Fernando Gil Díaz
¿Quién no lo conoce a Juan?
José W. Legaspi José W. Legaspi
¿De qué se ríe, excelentísimo expresidente, Dr Julio María Sanguinetti?
Marcelo Marchese Marcelo Marchese
La estrategia para destruir al Sistema
Carlos Pérez Carlos Pérez
La delgada línea separatoria entre un frente y el sectarismo del pensamiento único
Rodolfo Martin Irigoyen Rodolfo Martin Irigoyen
Carta abierta a veganos, animalistas y afines
Pablo Mieres Pablo Mieres
Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos
Carlos Wuhl Carlos Wuhl
Un mundo se tambalea, pero el malon sionista esta presente
Mireia Villar Forner (*) / Birgit Gerstenberg (**) Mireia Villar Forner (*) / Birgit Gerstenberg (**)
A 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos
William Marino William Marino
Reunión de zorros...
Jaime Secco Jaime Secco
¿Crear riqueza o acabar con la riqueza?
Jorge Aniceto Molinari Jorge Aniceto Molinari
Explicar: un desafío. (Abordando eso gris, que parece la teoría).
Juan Manuel Otero Juan Manuel Otero
El Concilio Arim / Miranda y sus ejes temáticos. ¿Academia/sociedad, buenas rela-ciones? ¿Descentralización?
Ana Jerozolimski Ana Jerozolimski
Israel es el único país del mundo libre que tiene terroristas de vecinos
Carlos Vivas; Homero Bagnulo Carlos Vivas; Homero Bagnulo
Preocupación global por el precio de los medicamentos
Juan Raúl Ferreira Juan Raúl Ferreira
Asunción AMLO en México
Luis Fernández Luis Fernández
Malas noticias para Andalucía y toda España
Juan Pedro Ciganda Juan Pedro Ciganda
Árbol sin raíces no aguanta parado ningún temporal
Carolina Cerrano-Fernando López D’Alesandro Carolina Cerrano-Fernando López D’Alesandro
Las Fuerzas Armadas uruguayas y el naciente peronismo
Héctor Musto Héctor Musto
Mis motivos para apoyar a Mario Bergara
Daniel Vidart Daniel Vidart
Caida y redención de la yerba mate
Alvaro Guerrero (*) Alvaro Guerrero (*)
La promesa y la acción en política
Ismael Blanco Ismael Blanco
La belleza
Michael Añasco Michael Añasco
James Jimmy Jones: cobarde hasta el fin
Jorge Jauri Jorge Jauri
La coalición o el optimismo de la razón
Jorge Balseiro Savio Jorge Balseiro Savio
(Ciencia + periodismo) militante = fake news
Jorge Ángel Pérez Jorge Ángel Pérez
Los médicos que hacen suyo el juego del gobierno
Juan Pedro Ribas Juan Pedro Ribas
Que grueso error María Julia
Felipe Michelini Felipe Michelini
El sistema de justicia: una reforma estructural pendiente
Jorge Schneidermann Jorge Schneidermann
Roger Waters, embajador itinerante del B.D.S. La inveterada costumbre de satanizar a israel
Roberto Sansón Mizrahi Roberto Sansón Mizrahi
De la concentración de la riqueza y el poder decisional a democracias plenas
Roberto Cyjon Roberto Cyjon
Preguntas a Roger Waters
Dr Guillermo Chiribao Dr Guillermo Chiribao
Interpretación libre o dirigida de un afiche
Jaime Igorra Jaime Igorra
Sistema Nacional de Inteligencia del Estado (SNIE)
Enrique Gerschuni Enrique Gerschuni
Brasil y nosotros
Ana Rosengurtt Ana Rosengurtt
Expropiación de los derechos humanos en el uruguay del siglo XXI
José Pablo Franzini Batlle José Pablo Franzini Batlle
Brasil. Gracias Artigas
Gerard Cretenze Gerard Cretenze
¿Con qué parte del cuerpo está votando Brasil?
más columnistas



 
banner cablevision 300 x 138
banner argentino hotel 300 x 138
Te encuentras en: Inicio | Columnas | Esteban Valenti
imagen del contenido Esteban Valenti

Brasil ¿Cómo es posible?

Esteban Valenti

10.10.2018

En la primera vuelta electoral en Brasil, Jair Bolsonaro, candidato con claras posiciones de ultra derecha, golpista y que plantea cambios radicales en todos los frentes económicos, sociales y sobre todo políticos obtuvo 46% de los votos y lo acerca mucho a la presidencia de la República Federativa de Brasil.

Todavía estoy en shock. El resultado superó ampliamente todas las encuestas que lo situaban en el entorno del 31%. Nadie puede decir que alguna de las posiciones de Bolsonaro sea desconocida, al contrario, en todos sus discursos se expresó con toda brutalidad. Está en contra del funcionamiento de la democracia y reivindica la posibilidad de disolver las cámaras y gobernar por la fuerza. Su triunfo sería un golpe de estado electoral. Es decir con el apoyo de la mayoría de los brasileros.

Podemos sacarnos las ganas, sumar adjetivos sobre adjetivos sobre Bolsonaro y quedarnos tranquilos mirando cómo se cumplen nuestras previsiones, o podemos tratar de analizar las causas de este terremoto político latinoamericano, no solo por las dimensiones de Brasil, sino porque es el eslabón extremo de una cadena de cambios que se han producido en América del sur y en el mundo.

El mensaje es muy claro, inocultable, es de rechazo al sistema político en su conjunto, del que se salvó parcialmente el PT, todos los partidos históricos a nivel presidencial fueron barridos, a nivel parlamentario el PT sufrió dos derrotas muy notorias, Dilma Rouseff y Eduardo Suplicy quedaron afuera del senado y son dos de las principales figuras del Partido de los Trabajadores.

Aunque una clave para entender el resultado es el odio, literalmente el odio que Bolsonaro logró sembrar y cosechar contra Lula y el Partido de los Trabajadores. Esa es una clave para entender el resultado.

A Bolsonaro, lo votaron a todos los niveles, incluso algunos sectores como las mujeres, los afrobrasileros y los pobres, aunque también es cierto es que entre los que ganan más de 25 salarios mínimos superó el 58% de los votos. Pero 46% del total de los votos no pueden calificarse de un voto de la élite.

Para alcanzar ese porcentaje se desplazaron votantes que antes se manifestaban por todos los otros partidos, incluso por Lula. Y eso hace más exigente la necesidad de responder seriamente la pregunta inicial. ¿Cómo es posible?

Los simplones que nunca faltan, o peor aún los interesados a que ciertos temas queden lo más ocultos posibles debajo de la alfombra, afirmarán que es una gran contraofensiva de la derecha a través de los grandes medios de comunicación. Como si la derecha y los medios hubieran nacido en esta campaña electoral y cuando el PT ganó tres elecciones una detrás de la otra, hubieran estado invernando. Estaban y sus dueños eran los mismos que ahora, pero el clima social, cultural y naturalmente político era muy diferente.

Lo que Bolsonaro produjo es una revolución cultural regresiva a nivel nacional, con repercusiones que recién estamos viendo. Es parte de la crisis mundial de la política, del que "se vayan todos", pero a la brasilera, encabezada por el más fascista de todos los personajes políticos que puede ocupar una presidencia en todo el mundo.

No hay una sola causa para este resultado. De los esplendores de los primeros gobiernos de Lula, que sin lugar a dudas obtuvieron un fuerte impacto social, con decenas de millones de brasileros que salieron de la pobreza, queda muy poco, y ya quedaba poco durante el gobierno de Rouseff. Temer es además un engendro derivado de una alianza con el PT, para asegurarse las elecciones. Su pensamiento y sus incapacidades las conocimos en todo su esplendor en estos meses. Y su oxidado PMDM, el partido del poder permanente, sufrió un castigo especial. Tampoco se salvó el partido de Fernando Herinque Cardoso el PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasilera) cuyo candidato Gerardo Alckim obtuvo el 4.8% de los votos y por sus alianzas tuvo el mayor acceso a los espacios de televisión gratis que se entregan por la ley electoral a los partidos.

La única remota posibilidad de que Bolsonaro no gane las elecciones en el balotaje es una profunda reacción democrática, y eue en esa reacción intervengan los 20 millones de brasileros que no fueron a votar el domingo pasado. Es muy difícil, casi imposible.

Porque además al sistema en su conjunto y al PT en particular lo ha golpeado en pleno la corrupción, los mayores niveles conocidos de corrupción de la historia de Brasil, un país que siempre estuvo sumergido en la corrupción endémica y estructural, pero paradójicamente por leyes aprobadas por el propio PT y las medidas ejecutadas por la propia Dilma Rouseffse mostró ante la opinión pública un tejido monstruoso de políticos y empresarios corruptos, que se vieron elevados a la máxima potencia por las obras públicas gigantescas de los juegos olímpicos y del mundial de fútbol.

La combinación con una situación social y económica nacional en caída y con heridas profundas, con la desnudez de la corrupción que mantiene por diversas causas más de 300 presos entre empresarios, intermediarios y políticos, son la causa de esta explosión antidemocrática. La gente no quiere más a los corruptos ya nos los justifica.

Donde golpeó terriblemente este proceso, como lo hizo en otros países de la región, fue en la izquierda o en los sectores progresistas, que durante décadas concentraron buena parte de su artillería de denuncias e incluso programáticas en el combate a la corrupción. Pues la corrupción los derrotó.

Los derrotó no solo políticamente, sino en algo mucho más profundo y peligroso, los derrotó, nos derrotó en lo moral, en lo cultural. Nadie en Brasil y en varios países de la región se atreve en la izquierda a hablar claro y fuerte de la lucha contra la corrupción. Nos tragó el poder, el peor poder.

Revisen y comparen los discursos de Lula en sus campañas electorales, las que perdió y las que ganó y los discursos actuales del PT y verán una diferencia substancial, la corrupción brilla por su ausencia porque tenemos una enorme cola de paja y además prendida fuego y fogoneada por la gran prensa. La misma que existía viva y coleando en las anteriores campañas electorales ¿O la habíamos comprando?

La crisis de la política, el descredito profundo en el sistema de partidos, la falta de un análisis autocrítico serio y profundo, para analizar las causas y sobre todo los remedios para que estas cosas, demasiadas cosas sucias, inmorales e ilegales no vuelvan a suceder, es un retroceso civilizatorio. Nadie puede jurar ni arriesgarse a que la derecha y el fascismo que se viene, tengan un comportamiento más recto y decente, como lo está demostrando Donald Trump en los Estados Unidos.

En solo 5 años Brasil cambió políticamente de forma radical y eso solo puede suceder si hay causas de un enorme impacto, y la corrupción masiva y sistemática jugó ese papel. NO fue solo eso, también los fracasos y de la situación económica y social atribuidos a los partidos del sistema, de los que se salvó Lula por sus dos primeros gobiernos, y por ello figuraba tan alto en las encuestas.

El otro factor, que también tiene directa relación con la corrupción, es la inseguridad, el miedo. Fue en los grandes estados donde impera lo peor del delito donde Bolsonaro obtuvo grandes victorias, con la consigna simplista y directa del uso de toda la fuerza del Estado, pero también de la cobertura legal para que los ciudadanos se armen y se defiendan de los delincuentes. También la inseguridad hace explotar el pequeño enano fascista que todos llevamos dentro, a veces en forma de un aluvión de votos.

Quedan tres interminables semanas de incertidumbre, de encuestas a troche y moche y sobre todo de analizar a fondo que cambios se producirán en Brasil si triunfa Bolsonaro, no con la estrecha mirada de nuestros intereses solamente, sino para la gran mayoría de los brasileros y los latinoamericanos.

Los cambios no quedarán reducidos a Brasil y su entorno, su impacto será a nivel internacional.



Esteban Valenti - Periodista, escritor, coordinador de Bitácora, director de Agencia de Noticias Uypress

UyPress - Agencia Uruguaya de Noticias



MVDCMS  Volver arriba    |    Contacto: uypress@uypress.net