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“Navegantes”, la libertad para otra política

Jorge Jauri

23.10.2018

“Navegantes”, la libertad para otra política

 

Para mi fue más fácil. Desde el principio, fue casi natural mi integración a la convocatoria que un amigo de la vida promovía a partir de su renuncia al Frente Amplio. Empero, aún desde esa facilidad original para mi plena integración a Navegantes, el desafío es enorme; revalorizar la utilidad de la libertad individual y la transparencia en la política.

Necesito singularizar la razón de aquella opción inicial y compartirla desde la individualidad, del ser y el deber ser, primero con mis compañeros de la vida y antes que nada con mi familia. ¿Volver a la política?. ¿hacerse un lugar más en la vida cotidiana. exponerse más con uno mismo y con el otro. tomar más riesgos, aquellos imprevisibles del navegante.remar contra las ríadas del escepticismo y el vencimiento ciudadano que nos rodea? ¿Recrear los sufrimientos y desgarros del abandono de aquel "confort" político en el cual me mecía quince años atrás en aquel otro FA , y desde entonces en el confort del ciudadano "critico".? ¿Por qué hacerlo? ¿Para qué volver?

Necesito ordenar, conmigo mismo en primer término, las respuestas a estas preguntas. De otra manera sé que me va a costar demasiado remar como se debe en esta aventura.

Primera respuesta: Porque me resulta inevitable volver a la política activa, mi primera obligación ciudadana en un momento histórico de la vida de mi paisito. Es tiempo de comprender y asumir el momento casi abismal que vive el país, el cual es también momento de oportunidades inéditas. Momento abismal por lo que la ciudadanía siente en materia de seguridad, por los tristes resultados educativos. Momento abismal por la brecha creciente de desigualdad de oportunidades entre ricos y pobres. Abismal por el aislamiento histórico del mundo que nos provoca la encerrona en un Mercosur ya sin fundamento, pero más abismal aún por los efectos anímicos que nos causa a toda la sociedad la permanencia de Uruguay aliado a regímenes criminales como Venezuela y Nicaragua. Abismal por enfrentarnos al deterioro de los términos de intercambio y el aumento de las barreras al comercio sin contar prácticamente con acuerdos comerciales con otros bloques y mercados de los cuales dependemos comercialmente. Abismal porque estamos al borde de perder el grado inversor justo cuando en la periferia del mundo se reinicia la fuga de capitales atraídos por la mayor seguridad y rentabilidad que han vuelto a recomponer los países desarrollados. Me resulta difícil imaginar las consecuencias que tendría esa pérdida del grado inversor sobre los ya deteriorados niveles de inversión, actividad y empleo.

Pero esa condición de abismal que caracteriza la actual situación del país tiene otro componente bastante más dramático que el de la evolución de los indicadores económicos y la inseguridad creciente; ese otro componente es la acelerada degradación de la principal riqueza que ostentan los países en la modernidad: su capital humano. Hace unos días pasó casi inadvertida entre el farrago informativo diario, la difusión de una tabla de disponibilidad de capital humano por país (1). En ella, Uruguay permanece como hace décadas, oscilando entre las posiciones por tramo etario juvenil entre el sesenta y setenta lugar en un conjunto de ciento cuarenta países. Ese el indicador más potente, la cuenta de resumen de todo el debate. El que nos advierte que hemos perdido las principales batallas, que hemos comprometido y aceptado, casi resignados, una porción enorme de la principal riqueza del país. Hemos aceptado discutir esto en la elegancia y confort de los salones. Han comprado nuestro silencio con dos o tres puntos del PIB. Hemos sido cómplices en robarle el futuro a nuestros jóvenes.

En resumen, no puedo bancarme más criticando todo desde el confort de la lejanía que he mantenido durante quince años de la política activa. Hace tiempo ya que sentía una incomodidad insoportable. Todo lo que decidirá mi vida y la de mi familia en la proximidad de una nueva elección de mis representantes políticos, transcurría lejos de mí, otra vez de nuevo...

¿Cuáles eran mis opciones de reencuentro con la política?

Ninguna de las disponibles hasta ahora. ¿Por qué? Porque los tres partidos tradicionales son corporaciones cerradas, encerradas en sus opacas estructuras, incapaces de afrontar en serio ninguna revisión real de sus fundamentos constitutivos, de sus ideologías, de sus códigos, de sus balances, de su visión de la historia reciente. Todo ese mundo es antiguo y repele a cualquier ciudadano honesto consciente de la necesidad de un cambio real en la política. En adicción a ello, la renuncia tácita a constituir barreras contra la corrupción expone a esos Partidos al flagelo del narcotráfico. En paralelo, los programas de esos partidos son largos rosarios de lugares comunes y voluntarismos de expresión casi infantil. No hay quién pueda creer en ellos,; todos esos inconmensurables documentos están llenos de una manifiesta intención de pescar en un electorado que ellos creen seguirá alineado en el centro para siempre. Están insultado su inteligencia.

La opción de volver a votar al PI como lo hice en alguna de las últimas elecciones ya no era posible tampoco. No era suficiente participar en un espacio como el que hasta ahora no disimulaba su intención de ir a una coalición "socialdemócrata", término vago de definiciones tan inciertas como las que aún alientan los partidarios de "izquierdas" o "derechas". Esa opción eventual por volver a conceder mi voto al PI, ahora, en este momento abismal, me parecía al menos insuficiente. Y eso no dejaba de entristecerme: la opción digna que quedaba también desechada. Y entonces.?

La definición de Valenti, una provocación ejemplar

Si algo he sufrido en estos quince años de ausencia de la política es observar el periplo político de alguno de mis amigos más entrañables; entre ellos los más cercanos a mi trabajo y afectos; casi todo el equipo económico de confianza de los tres partidos tradicionales, entre otros funcionarios incapaces o imposibilitados de alejarse de lugares en los cuales el disciplinamiento partidario les impide siquiera opinar en línea con su convicciones más profesionales y éticas. No cito nombres pero esa cadena de afectos en extinción abarca un amplísimo espectro humano, incluyendo un presidente, ministros y decenas de militantes honestos.

De pronto, Esteban en esa decisión de renunciar al Frente Amplio generó algo más que un hecho político desusado; asumir plenamente un riesgo mayor pero ya inevitable: dejar el relativo confort de la denuncia y la crítica implacable para liderar la construcción de una agrupación política alternativa y con ella ir en la búsqueda de otros para construir una alternativa de gobierno. Gobierno de ideas, de reivindicación de la ética política y la gestión transparente. Eso ya era suficiente para adherir a Navegantes, esa Agrupación que hoy integramos miles de uruguayos.

La libertad como garantía y utilidad

Sin embargo, en estas tres semanas de discusión y gestión inicial comprobé que este lugar es un espacio de Libertad en toda su expresión necesaria. En general, los navegantes se hacen a la mar por primera vez llenos de reflejos condicionados, de miedos, entrenados para remar o mover las velas al compás de un mandato. A veces no entienden el riesgo de perder un valor que de una u otra manera mantenían en tierra: la libertad de opinar y moverse en su dominio de libertad individual cuando deciden sumarse a la aventura de navegar. Ese es un temor, casi inconsciente del navegante, temor mucho mayor por cierto que el del desgarro que supone dejar la tierra del confort y los afectos más queridos aunque no sea más que por un tiempo.

En esta barca es bastante distinto: la libertad individual y responsable, es el patrimonio y el activo original de Navegantes; defenderla sobre todas las cosas es y será, por consenso y convicción, el primer imperativo de la Misión implícita de Navegantes. Ese es el pacto interno que nadie osará en agraviar. Y ese será también el salvoconducto para todas y cada una de las batallas, para los sufrimientos y las alegrías que compartiremos.

Pronto vendrán los primeros documentos: los de la transparencia interna y las garantías contractuales de comunicación con la gente. luego vendrá un programa sencillo, el cual será, además nuestro compromiso con la nueva coalición en formación. Todo eso abrirá los puentes con los partidos y agrupaciones más cercanos, pero también con el resto de quienes dentro de los demás partidos tengan credenciales de honestidad y voluntad democrática.
Ese compromiso es tan novedoso como suficiente para volver a la política con el mismo entusiasmo de mi juventud. Con la diferencia que en aquel momento lo hacía tan sólo desde el corazón y la rebeldía; ahora también lo puedo hacer desde la razón fundada.

(1) Fuente: World Economic Forum, Global Competitiveness Report 2018





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