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Romero, Amielio y Jair. Uno a Uno.

Juan Raúl Ferreira

25.10.2018

La semana pasada fue de las más intensas emocionalmente de mi vida. El Domingo Mons. Romero, en cuya beatificación había estado en el  Salvador era, en Roma declarado Santo por el Papa. El miércoles el Pastor Emilio Castro en un acto oficial del Estado era declarado patrimonio cultural del barrio de Malvín, su primer responsabilidad pastoral. El viernes Jair Kirschke celebraba en Uruguay sus 80 años.

Para los más jóvenes: Romero fue Santo desde la Guerra Civil en Centro América, solía hablar su temor a la muerte violenta y y sus llantos de tristeza, como luego dijo el poeta solo en el huerto.  Emilio, un líder metodista Uruguayo que fue al exilio y terminó como Srio. Gral. del Consejo Mundial de Iglesias, padrino del exilio Uruguayo y figura referente de la Paz Mundial. Jair, el Premio Nobel emérito de todos los activistas en DDHH de la región. Brasileño que vive el Vía Crucis que todos debemos acompañar. Romero el referente mundial de la Paz verdadera durante la Guerra Civil de Centro America, refugio de los campesinos Salvadoreños.

En la tres celebraciones tuve el privilegio de pode participar activamente. Increíble, de joven creí que me habían robado esos años y hoy me doy ceja ta, que tras el dolor venía la lucha y junto a ello la solidaridad. Tuve una vida, sin darme cuenta una vida privilegiada.

El día que Romero fue Santo, desde las 5 Am de acá, por diferencias horaria con Roma. trasmití junto a un sacerdote Salvadoreño la ceremonia central en vivo comentando con él detalles del rito, y en mi caso anécdotas de vivencia personal. En el acto por  Emilio en la Tecnológica, integre el panel de homenaje de Emilio, padrino del exilio y com en broma le llamamos el Papa Protestante. Fue en los hechos declarado Patrimonio de la cultura de Malvín, su primer misión pastoral, maravilloso, solo los uruguayos, perdón que me salga la camiseta.

Cuando nos vimos con Jair, todo debe de haber durado menos pero se me hizo eterno. Nos miramos, un rato largo. Nos abrazamos en Silencio. Mirtha Guiase integraba el panel.  Pero su picardía, que conozco desde niño, nos pasó a Belela su gran colaboradora, y a mi  el micrófono. Luego habló de cosas que "hicimos juntos" algunas con el nunca reconocido amigo "Cacho Lopez Ballestea" en los años más riesgosos. Jair expresó su preocupación por la falta de formación a los jóvenes de lo que fueron aquellos años.

Por eso me propongo hacer una nota sobre cada uno. Cronológicamente empecemos or San Romero de América. Tras  la transmisión de la ceremonia a las 17, fui a la maravillosa Iglesia de la Cruz en Paso Carrasco que pasó a ser, fuera de El Salvador en la primera del mundo en llevar su nombre. No se lo impusieron él. Lo buscaron, tanto su maravillosa feligresía como su excepcional Cuerpo Pastoral.

Empezada ya la ceremonia un diácono en nombre del párroco me invita a compartir vivencias personales tras la eucaristía. Y además de la emoción que tenía sobre mi mochila de la vida se sumó el miedo.  Traté de hacerlo pero no pude. Ese Santo que en vida me quiso enseñar a llorar, como decía él y parafrasea el poeta " yo  lo hago, solo, en el huerto." No lo logró.

No lloré la muerte por Plan Cóndor de Toba, Zelmar, Rosario, William y Liberoff, en Buenos Aires cono apenas 20 años; ni con Letelier con quien trabajaba hace tres días en Washington, ni con el Gral. Torres de Bolivia, cuando le quisimos convencer de asilarse con nosotros, y declinó, ni con Marcelo Quiroga de Bolivia, en cuya casa me alojaba. No lo logré cuando despedí a mis viejos-Solo humedecí su sotana blanca acostando mi cabeza sobre su hombre.

Pero cuando debí hablar sobre todo esto ante su altar, me quebré. Por primera vez lloro porque extraño a alguien . Me dio vergüenza y pena ante feligreses y pastores. Les fallé. De regreso a casa sentí, que la VIDA tiene, sobrenaturales o no, milagros. Por primera vez lloro en público cuando el sube a los altares. Sentí que su hombro estriña siempre junto al mío por la valores que nos hicieron amigos. Veamos lo que debí decir: Aquel hombre de sesenta y pocos años era Arzobispo de El Salvador.Pero cuando hablaba se araba el mundo. Las grandes cadenas europeas trasmitían sus homilías, que tocaban a todos aquellos que en sus países luchaban por lo mismo que en él en el suyo.

En EEUU a El Salvador se le puso difícil cuando empezaron a matar ciudadanos americanos. Primero unas monjas que vivían allí en un barrio humilde. Luego un grupo de sacerdotes jesuitas muertos a sangre fría en su casa. Y así uno y otro caso. Era curioso, uno piensa ahora, que los americanos que morían en el Salvador eran por mayoría abrumadora religiosos. Y eso era la atracción que el apostolado de Oscar Arnulfo, como le llamaban, les atraía. Les comprometía.

Esa atención a su figura le llevó en aquellos años a que WOLA fuera portadora de una misiva suya al Presidente Carter. Le fue entregada de mano a su recientemente desaparecido y querido amigo Bob Pastor, asesor del Consejo de  Seguridad Nacional. En ella pone: "Sería injusto y deplorable que por la intromisión de potencias extranjeras se frustrara el pueblo salvadoreño, se le reprimiera e impidiera decidir con autonomía sobre la trayectoria económica y política que debe seguir nuestra patria"

 

El año pasado una movilización mundial impidió que se destruyeran sus archivos.

 

Mamá lo conoció en Londres donde les hizo el honor de ir a comer unas empanadas a su casa. Poco después murió. Desde entonces mamá le reza. Y aveces recuerda "que visión tenía tu papá, se fue y dijo: lo van a matar." Yo me rió para mis adentros porque para eso no se necesitaba visión alguna. Y el que más lo sabía era el propio  obispo de los oprimidos. Y cuanto mas se convencía menos tiempo quería perder para ser "la Voz de los que no tienen Voz."

El año 80 fue el año en que en Uruguay se empezaron a mover las cosas. El Plebiscito, aunque no sabíamos aún que ganábamos, los partidos empezaban a moverse, los trabajadores a buscar sus espacios legales. Aquel inicio de primavera en Washington, andábamos... un poco más optimistas, más contentos. Y de repente el sacudón  El 24 de marzo para ser mas precisos llegó la noticia: Romero había sido asesinado en su Patria, en la Capilla del Hospital Divina Providencia.

Yo tenía 27 años. Salí corriendo de la WOLA. Aún no habían subtes en Washington. El sistema de taxis era curioso, llevaban varios pasajeros siempre y cuando fueran en la misma dirección, y si había lugar.  Conseguí uno y me fui al barrio Hispano de Mount Pleasent a Tabor House. La casa modesta donde romero se quedaba en ocasionales visitas a EEUU. Peter Hinde, sacerdote obrero capuchino, esperaba que nos juntáramos para celebrar en una pequeña mesa ratona una Misa. Todos estábamos sentados en el piso. Todos, Sister Mary y el cura incluidos, llorando.

La información no fluía hace 30 y pico de años como en estos días. De a poco fuimos sabiendo detalles, cada vez más de cómo por´órdenes del  Mayor D´avuisson, lo había matado desde el mismo templo con un rifle con mira de alta precisión, en plena Misa. Las vueltas de una vida tremenda, la hermana del autor intelectual, terminó siedo la Presidenta de su Fundación.

En su homilía había dicho sus últimas palabras: "Si muero que mi sangre sea semilla de Libertad". El sabía que lo iban a matar y lo consideraba un privilegio. "Ser mártir es un honor que no merezco, pero si el Señor me da ese privilegio me matarán pero no acallarán la voz de los oprimidos." Esta última frase figura en una postal que me firmó y regaló en un encuentro.

Con los años en este mundo minúsculo, llegó a Uruguay un Nuncio apostólico nuevo, Mons. Orestes de Nittis.  Un hombre sencillo del que no fue complicado hacerse amigo. Bautizó a mis hijos, fuimos muy amigos.

Había sido Nuncio del Papa en El Salvador en  los años difíciles. Solía contar de sus infructuosos esfuerzos ante la diplomacia vaticana de entonces para que a Romero lo hicieran cardenal. Creía que ese acto, le daría respaldo y, algo mas de seguridad. Romero murió sin que las gestiones de Mons de Nittis tuvieran el más mínimo efecto. La jerarquía lo había dejado solo. Curioso, si hay algo que nunca se sintió Romero fue solo. Su Gran amigo Paulo VI cuya foto lució en su Mesa de Luz, aún luego de la muerte Papal, fue canonizado el mismo día. ¿Casualidad?

Hace unos años una protesta mundial evitó que sus archivos fueran destruidos. En San Salvador, ya entonces manifestantes gritaban:"Mons. Romero ya es Santo deAmérica."

Así pasó con su beatificación. Durmió décadas en los cajones vaticanos. AL sumir Francisco dice que inciarña el proceso por  mártir "in odium fidei".

Y s el beatificó, ceremonia a donde el Santo Padre me invitó y nunca podré olvidar. La noche antes bajodiluvio miles de campesinos llegaban caminando con sus familias de todos los rincones del país.

En el aeropuerto de El Salvador hay un hermoso mural, donde cada vez que paso me saco una foto a su lado, como un rito. Pero del intento de olvido llegó a los altares.

Lo conocí cuando  la Universidad de Georgetown le dio un Honoris Causa  que aceptó si no tenia que viajar. Y allí fue todo el claustro de una de las más prestigiosas Universidades de WASHINGTON. Ofreció un brindis en la sacristía. Yo trabajaba en la WOLA y hacía mis primeras armas en periodismo televisivo para Mexico. Allá me autorizó la WOLA[1] a hacerle un reportaje. Nunca me había pasado algo igual. Terminó la nota me dijo dos palabras y sentí que me conocía de toda la vida. Así iba mes a mes a verle y alojarme en su modesta casa frente a la Capilla del Hospital, donde vivía. La Noche antes de despidió. Cuando desde Washington, una semana luego de haber quedado en su casa sentí por Honda Corta su homilía: "les ruego les suplico, en el nombre de Dios les orejano: Dejen de Matar." Sabíamos que la suerte estaba echada.

Al otro día, mirando a los ojos d4 sus asesinos dijo : "un obispo puede morir pero la Iglesia de Dios vivirá. Si muero, que mi sangre sea semilla de Libertad." Se fue. pero volvió. ºTodas las noches, aha duermo con mi cabeza sobre su hombro.

 

Dr. Juan Raúl Ferreira


[1] Washington Office on Latin America,organización de DDHH en la que trabajaba para ir.



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